Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas

martes, noviembre 13, 2012

Segunda semana

Puh conejoComo no estoy en mi casa y olvide escanear el dibujo le he hecho una foto, no ha quedado precisamente bien, pero así Fj no se puede quejar, un dibujo por semana (este tenía que subirlo el domingo).

 El regreso de la serpiente 


Estaba delante de la casa jugando al escondite con la pequeña cuando lo vio. Se acercaba con una sonrisa, podría engañar a otros con esa pinta de no haber roto un plato en su vida, pero no a él, él sabía demasiado y su cuerpo lo recordaba bien, podía sentir su ojo palpitando y sus músculos tensarse, pero a pesar del miedo recorriéndole el cuerpo, le mantuvo la mirada, deseando con todo su corazón que se aburriese antes de seguir avanzado y se marchara sin ver a la pequeña. Maldijo al destino, a las circunstancias y a todo la familia Rose a la que por desgracia pertenecía en cuanto se dio cuenta de que Irvin miraba a otro lado, siguió la mirada y vio lo que veía, la niña lo miraba fijamente sin saber que se trataba de su abuelo.
Irvin se acercó lentamente a ella para cogerla en brazos, pero en cuanto acercó la mano, ella le pego en la mano y se apartó, pero él insistió en su intento, la levanto del suelo dejando caer el conejo de peluche y recibiendo un mordisco, podía sentir los dientecitos de ella clavándose en su carne a la vez que intentaba clavarle las uñas a través de la ropa. Cuando Connor vio la situación corrió la distancia que los separaba preocupado por lo que pudiese hacer su primo o la serpiente que escondía bajo sus ropas, pero cuando se la quito de los brazos y vio como la miraba dejandole herirle, supo que ese hombre no le haría daño a la pequeña. 
"No se hace.Mira que triste se pone Ma cuando no esta contigo.- la regañó antes de coger el conejo y colocarlo a su lado, con el conejo a su lado la niña se calmo, y él la abrazo con más fuerza sintiendo el calor que desprendía su pequeño cuerpo. -No eres bienvenido." le dijo firmemente a su primo.
El moreno miraba la sangre goteando de su mano, y pudo sentir un picor molesto bajo la ropa, seguramente la pequeña había logrado arañarle, levantó esa misma mano para golpear al rubio molesto porque se la hubiese quitado de los brazos, pero se detuvo en seco al quedarse mirando a la niña, era igual a ella, el pelo, los ojos, la forma en que inflaba los mofletes enfadada, de verdad quería cogerla, no le importaba que volviese a morderle.
"Me mentiste." Dijo a Connor mirándolo con emoción, algo que sólo Kitsuneko lograba provocar  aún así sus palabras no mostraron rastro de emoción, no dijo una más alta que la otra.
"No delante delante de ella.- Contesta sin amedrentarse, aunque fue el primero en girarse e ir hacía la casa.-Vamos a merendar." Dijo en un tonó alegre para la niña en sus brazos.
Directos a la cocina, los dos conocían bien el camino, lo habían hecho juntos en su infancia  y la ultima vez que se habían visto, Irvin lo asalto en ese mismo lugar, hiriéndolo gravemente y dejando que la sangre manchase los pocos buenos recuerdos que quedaban entre ellos. Connor colocó a la pequeña en una silla para niños junto al conejo, le da con un dedo en la nariz y le roba una sonrisa desdentada de dientes de leche por salir.
"Dulces para lo dulce." le dice jugando con ella y sabiéndose vigilado por la persona que más miedo y dolor le provoca.
Evitando demostrar sus emociones para no asustar a su ahijada, puso a calentar agua para hacer y te, y en lo que espera empieza a cortar una manzana en forma de conejitos que coloca delante de la pequeña, los come enseguida sin perder la sonrisa que le hace tener el rubio.
"Creí que habías dicho que nunca volverías aquí." Le recuerda al moreno mientras prepara un gran vaso de leche con chocolate, al que pone una pajita antes de servirlo.
El hombre deja de mirar a la niña para mirarlo a él, espera una respuesta a lo que le dijo antes, y que sea convincente.
"Ella sólo se parece, no tiene nada que ver con Kitsuneko,- Dice Connor entendiéndolo  - ni contigo." asegura sin pestañear, aunque sabe que eso no sera suficiente.
Irvin le acaricia la cabeza a la pequeña, no puede ser que no sea suya, son tan parecidas, es como tener el pasado ante sus ojos, salvo porque la pequeña le mira enfada y le pega en la mano.
"Noo." Le dice la niña haciendo un mohín.
Irvin se aleja de la niña, mirándola con cariño, por un momento piensa en que ella pudo haberlo engañado y seguir viva, así que se acerca a Connor mientras sirve el agua caliente para el te y lo empuja para que esta le queme la mano, el hombre aguanta el grito de dolor y se resiste a dejar caer la tetera, parece haber olvidado lo que puede hacerle, así que le ayuda rompiéndole la muñeca de la misma mano antes de que pueda ponerla bajo el chorro de agua fría.
"Eso te sirve para recordar, ¿quieres que termine lo que empece con tu ojo?"
Connor traga saliva, quisiera gritar de dolor, pero no quiere asustar a la pequeña, ni traicionarla, ni a ella ni a su abuela.
"Te repito lo mismo que aquel día, - tiene que morderse el labio aguantando el dolor -Kitsuneko murió sin dejar descendencia, - Irvin le mueve la muñeca para que le duela más - es cierto que paso un tiempo conmigo cuando desapareció, pero no para traer a luz a tu bastardo, si no para que la curase de las heridas que le causaste. - Connor vuelve a intentar abrir el grifo con su mano sana, pero Irvin le retuerce la otra y tiene que seguir hablando y no pensar en el dolor. - Esa pequeña es sólo la hija de un paciente que me ha pedido el favor de que la cuide mientras esta de viaje. Irvin no puedo mentirte, ni enfrentarme a ti..."
La pequeña se da cuenta de que algo raro pasa, y sin dudar se baja de la silla y arrastra tras ella al enorme conejo de peluche, va directa a donde están los adultos y con sus mofletes inflados le da de patadas a Irvin.
."No malo tito." Dice sin dejar de patearle, la serpiente de Irvin asoma de entre sus ropas siseandole para asustarla, pero para sorpresa de Irvin, no se asusta trata de golpearla con Ma y termina haciéndolo con su manita libre cuando está lo esquiva.
Connor se recompone como puede, la mano le arde, la muñeca le duele y quisiera llorar su dolor, pero en su lugar se ocupa de la situación.
"No se hace, no esta bien." Aunque casi le da la risa, porque de alguna forma esa niña puede con Irvin y su serpiente, y eso de alguna forma le hace olvidarse de su dolor.
Quizás por esa situación tan surrealista, el hombre termina su tortura y hace ver a la niña que ella ha ganado, aunque por la mirada que le dirige al otro esta claro que las cosas no van a terminar ahí. Seguramente busque información, averiguara si su primo el "valiente" se ha atrevido a mentirle y si es así le sacara los ojos y romperá las manos, pero no ha ni una sola persona, ni un sólo papel que le digan y confirmen lo que su corazón le dice, que esa niña es sangre de su sangre y que Kitsuneko se fue del mundo sin decirle que le había dado un hijo, únicamente Connor puede decirlo, pero aunque se deje torturar por él, no se lo dirá aunque le cueste le vida, desde el día en que hizo ese juramento a su prima sabía que no podría respirar tranquilo.

Connor, Siete, Mam e Irvin.

domingo, noviembre 04, 2012

Primera semana

Puh conejoVeamos, en unos días, unos cuantos, como podéis leer en el garabato de un poco más abajo es el cumple de FJ, entonces como de mis amigos es de los pocos con los que sigo en contacto, dado que me estoy haciendo más asocial cada día, decidí hacerle un dibujo a la semana hasta que llegue su cumple, pero siempre termino montando una película en mi cabeza cuando dibujo, me imagino lo que paso entre los personajes y si no garabateo a ningún personaje existente termino con un personaje nuevo y una historia nueva, así que aquí va la historia corta, muy corta que acompaña al dibujo de un poco más abajo.

Sueños


        No había retratos, no había recuerdos de ella a su alrededor, él mismo lo destruyó todo, pero a veces su imagen le visitaba en sueños, recuerdos de su infancia algunos le hacían sentir una calidez que no podía explicar, y otros le hacían sentir punzadas en el pecho, un dolor que echaba a un lado incapaz de comprender porque le dolía cuando ella lloraba, pero todos los sueños acaban siempre igual, con la ultima vez que la vio, cuando tuvo la oportunidad de decidir que camino escoger y eligió el camino de la sangre y la oscuridad para alimentarse.
Estaba frente a ella, sólo tenía que levantar el brazo para acariciar su pelo y no tenía que dar ni un paso para besarla como en el pasado, pero cada vez que sus labios iban a tocarse, ella desaparecía como arena llevada por el viento que a la vez le traía la voz de ese odioso primo lleno de buenas intenciones diciéndole "Aunque mojes tus manos para atrapar la arena, tarde o temprano se secara y el viento se la llevara con él, dejándote pequeños granos molestos de recuerdo."
Al despertar quisiera maldecirla, buscarla y decirle que ella no era nadie, no tenía ningún poder sobre él quien hacía sus propias reglas, pero era imposible, porque esas mismas manos que ansiaban tocarla, acariciarla una vez más eran las responsables de su muerte, así que si a lo largo del día su humor no mejoraba, terminaba haciendo el largo camino para ver a su primo y descargar su rabia en él.
Irvin & Kitsuneko

lunes, septiembre 29, 2008

Nuevo Espíritu

En el cementerio hay un jardín lleno de rosas azules y cada noche hay un niño pequeño que recoge una para cada una de las tumbas, no importa si esta hace tiempo que no recibe visitas o alguien va a cuidarla, él dejara la rosa y limpiara la tumba respetuosamente, ese niño me esta esperando, no puedo dejarlo solo, si tengo que enfrentarme a Muerte o a cualquier otro ser que quiera separarme de él, lo haré.

Estábamos en una habitación grande, llena de niños de distintas edades y una voz monótona hablaba sobre almas y ángeles guardianes, no le hice mucho caso ocupado como estaba en comer una zanahoria, pero entendí que yo no tenía alma ni ángel guardián, no creí que fuese importante hasta que él colgó en mi cuello un amuleto, tenia un sonido muy bonito cuando lo agitabas y sus palabras me llegaron.

– Era de mamá, papá se lo regalo y yo te lo doy a ti, porque diga lo que diga el profe, tú tienes alma, y puedes quedarte mi ángel, porque yo te tengo a ti, así que cada vez que hagas sonar esto estarás llamando a tu ángel.

Era feliz, cuando jugábamos al escondite, o simplemente acompañándole en las noches sin fin, pero un día no pude volver a su lado, me atraparon y simplemente morí, supe que estaba muerto porque Muerte vino por mí, me miró con curiosidad, y aunque me negué a ir con él, me obligo sin hacer nada, lo único que dijo fue:

– Curioso.

Me encontré en un lugar frió… no, no era frío, pero tampoco caliente, era algo que adormecía, simplemente seguías dejándote llevar, siguiendo el rió de almas que se dirigían a la balanza para ser juzgados, algo dentro de mi me gritaba que no fuese, si lo hacía no volvería a verle. Intente pararme y las demás almas me empujaron hacía delante, quise dar la vuelta y fue como si nunca lo hubiese hecho, sentí unos ojos vigilándome desde arriba, pero no podía ver nada.

Llegue volando, justo cuando llego su turno para la balanza, Muerte estaba ahí, observándolo todo con su rostro vació de toda emoción, me habría gustado ver sus ojos al verme, pero los mantenía tapados, creo que ni me miró cuando me habló.

– No deberías estar aquí.
– He venido a devolver un alma a su sitio.
– Regresa con tu protegido.
– No sin ella.
– Su hora ha llegado.
– Te llevaste a sus padres. ¿Es realmente necesario que te lleves a su mascota?, es un alma pequeña y sin importancia. – Alegue intentando convencerle.
– Si tan insignificante es, por qué un ángel custodio ha abandonado a su protegido por ella.

Estaba sin palabras, además sabía que Muerte sólo hacía su trabajo, pero estaba seguro de que él estaría esperándolo, como espero a sus padres.

– ¿Y si me quedo en su lugar? – Fue lo único que se me ocurrió, darle algo a cambio de lo que quería.
– Y si me ofreces algo que quiera. – Había sarcasmo en sus palabras.
– ¿Qué quieres?
– Tu protegido.
– NO, aún no es su momento. – Me enfurecí.

Fue la primera vez que veía un ángel tan claramente, hablaba con Muerte, mientras escuchaba, al fin había logrado pararme, mas seguía sin fuerzas para hacer lo que quería, sin embargo me di cuenta de que no era un ángel cualquiera, era el ángel del niño, de mi niño dulce y pude entender claramente lo que decían, intente atacar a Muerte al escucharle, pero sólo lo traspase inútilmente.

– Eres un alma fuerte. – Sentía su mirada escrutadora.
– No tocaras al niño dulce. – Dije sin notar que nunca antes había hablado tan claramente.

Los dos estábamos de acuerdo en algo, más que en algo, sabíamos que era necesario el regreso, él estaría esperando, aunque el frió helase su cuerpo hasta perder el color y las manos dejasen de responderle, permanecería en el lugar de los reencuentros.

– Eres un custodio novato, apenas has salido del mundo celestial, por lo tanto el alma que proteges es nueva, no te preocupes pasara muchas veces por mis manos. – Muerte me miró al decirlo, ignorando a mi parecer al conejo.

No sé que hizo, pero fue como si mirase dentro de mi, de todo cuanto había sido desde mi creación y aunque un ángel no conoce realmente lo que es el dolor, esa es la única palabra que se me ocurre para describir como me sentí en el proceso, y aún así no llega a acercarse al sufrimiento de ser un espíritu al que arrancan partes para luego devolverlas.

El ángel gritaba y yo no pude ayudarle, no podía tocarles, era realmente un alma pequeña en comparación a muchas de las que había visto, pero eso no importaba si podía volver, pensé en huir mientras Muerte se ocupaba del ángel, pero no lo hice y por ello, me hizo sentir lo mismo que al ángel, mi estancia en la tienda de animales me fue arrebatada y después de vuelta, hizo lo mismo con otros recuerdos, simplemente me arrancó los únicos que importaban, todo el tiempo con el niño dulce, quise recuperarlos, y note que esta vez si lograba arañarle sin mucho éxito.

De rodillas ante Muerte, sujetaba dos esferas que contenían todo lo que nos unía, no sé como sacamos fuerzas para levantarnos, pero si me falto, el ángel me la prestó.

– Habéis despertado mi interés, vosotros y él. No muchos mortales me ven y él es uno de ellos. Pero no puedo dejarte volver. A no ser…
– A no ser… – Dijimos los dos a coro sin perder de vista las esferas, no sabíamos de que nos hablaba realmente, pero una parte de nosotros se negaba a olvidar.
– Que saque algo de todo esto.
– Sé lo que estas pensando y puedes contar conmigo. – Era una voz distinta a la de Muerte, era argentina y logro atraer nuestra atención.
– Estás seguro de donde te metes.
– Sí. – En cuanto respondió le lanzó una de la esferas.


Muerte tenía razón, era un alma fuerte, podía apreciarlo. Era poco usual hallarlas y más en un animal, parecía el alma de un humano.
Sentí miedo, demasiadas emociones humanas para un ángel, pero no todos lo ángeles se encuentran con Muerte y su hermano Tiempo, además ellos planeaban algo con nosotros, y estaba seguro, ya no había vuelta atrás.

– ¿Qué estas dispuesto a perder por ella? – Me preguntó la voz argentosa.

Mire el alma, que tenia yo que pudiese perder salvo mi fe, acaso debía entregarla a cambio de la felicidad de mi protegido, era eso lo que mi señor quería, seria mi destino caer. Tenia que serlo, porque si Muerte me había privado de mis recuerdos y yo aún me aferraba a regresar el alma de un conejo, no había otra razón para mí.

– Mi fe.

Los hermanos se rieron, una risa jamás emitida por hombre alguno que hizo temblar a cada una de las almas que ahí había.

– Entendemos con eso que nos entregas cuanto eres. ¿Y tú?

El ángel había entregado todo cuanto era, pero yo sólo era un alma, poco o más bien nada tenia para dar, pero asentí afirmativamente, y supe que habría sido mejor venderme a Mefistófeles que a esos dos.

No dijeron nada, ni hablaron entre ellos únicamente se miraron y cada uno terminó de despojarnos de lo que éramos, extirparon las alas del ángel, lo despojaron de toda divinidad y aún así seguía siendo un ser celestial, en cuanto a mi, fue como si me desmenuzaran, cada parte, por pequeña que fuese. Sin decirnos que seria de nosotros continuaron, mientras otras almas pasaban por la balanza y con suerte veían las puertas del cielo, nosotros fuimos reconstruidos, cosieron cada trozo, uniendo nuestra existencia y recuerdos, ya no éramos un ángel de la guarda, ni el alma de un conejito, todo cuanto fuimos, y todo cuanto fuéramos era nuestro, por separado no volveremos a existir, pero juntos no deberíamos existir.

– Si vuelves con tu protegido, no serás ángel, ni conejo, mientras te reconstruíamos en la Tierra los mortales han hecho lo mismo con tu cuerpo, nada será como era. ¿Volverás? – Las palabras de Muerte iban más allá de lo que yo creía, pero asentí. – Así será, deberás pagar el precio.
– ¿Cuánto? – Mi voz, la voz de mi alma era clara y bien timbrada, casi tanto como la de Tiempo.
– Sabrás lo que tienes que hacer cuando queramos que lo sepas, tú y tu arma nos pertenecéis. – Al decirlo fui conciente de que sostenía una guadaña entre mis manos.
– Como desees. – Respondí sin dudar, observaba el arma imponente, su nombre, no era otra cosa que el nombre de lo que yo era, porque éramos lo mismo, era una parte de mí, que haría lo que yo deseara.
– Tendrás una vida, casi humana, cuánto deseas vivir. – Pensé que esa pregunta habría sido más adecuada en boca de Muerte, pero fue su hermano quien la hizo.
– Sólo un día más que el niño dulce.


viernes, julio 25, 2008

PIAMHS

– Éramos dioses, conseguimos lo que ningún otro científico había logrado, creamos animales capaces de transformarse en humanos, y todo gracias a sus investigaciones, a la sangre que consiguió para el proyecto, sólo teníamos una pequeña muestra, pero la atesorábamos para el momento crucial.
Fallamos tantas veces, pero eso sólo nos alentaba a seguir con más fuerza, porque nos acercaba al resultado, y superaríamos a los anteriores miembros del proyecto, rompiendo la supuesta maldición que hacia desaparecer todo lo que tenia que ver con el.
Cuando al fin lo conseguimos sólo teníamos ojos para él, lo observábamos tomar forma dentro del tanque y tomábamos todos los datos posibles, era perfecto, velocidad, reflejos, fuerza, poder, todo lo que se podía esperar de un humano entrenado para ello y de un animal salvaje como el leopardo en uno, para asegurarnos que nos obedecería siempre le instalamos un chip en el cerebro, si se negaba el dolor que le provocaba era tal que caía de rodillas retorciéndose, pronto entendió que tenia que hacer para que no pasase.
Comprobamos el resto de sujetos, y todos fueron desechados por no ser perfectos, si antes lo hacíamos metiéndoles una bala entre ceja y ceja para después diseccionarles, ahora simplemente se los entregábamos a él para verlo luchar.
Uno de los sujetos era un lindo y pequeño conejito que habíamos encontrado en la calle, no fue hasta después de utilizarlo que descubrimos que un niño lo buscaba, pero qué importaba un niño ante lo que nosotros hacíamos. Dentro del tanque, esperando dormido el momento de despertar, comprobamos que tenia una anomalía sólo con verle, en su forma humana conservaba atributos del animal que era, qué clase de soldado seria con las orejas y el rabo de conejo, sería comida de nuestro leopardo sin dudar, recuerdo que cuando lo pensé abrió los ojos y me miró, me sorprendió tanto que retrocedí nervioso y cogí a uno de los ayudantes de la bata y le hice mirarlo para que me asegurase que tenia los ojos abiertos, unos ojos claros y acusadores, pero cuando miró, estaban cerrados, no sólo eso si no que me recordó que no podía haberme mirado, nosotros como los dioses en que nos habíamos erigido, decidíamos cuando despertaban.
No he vuelto a dormir tranquilo desde entonces, sé que el dueño de esos ojos vendrá por mi vida, no importa donde me esconda, me obsesione tanto con ello que comprobé todos los datos del sujeto, observé las grabaciones de su crecimiento, e incluso eso resulto anómalo, si todos habían tomado directamente la forma de un hombre, él había ido creciendo por fases, había sido bebe y niño, y ahí, en la grabación, me vi y le vi mirándome, no estaba loco, cuando volví a verle, ya era un hombre y le estaban sacando del tanque, intente impedirlo, pero no me hicieron caso, lo mandaron a luchar y rece por que nuestro campeón ganase.
El campeón apenas podía hacer nada, se le escurría de las manos con tanta facilidad que no nos extraño que cambiase de forma, eligió su forma más poderosa ni humano ni leopardo, cuando lo vi así, suspire aliviado, creí que estaba salvado, pero entonces ocurrió algo extraño, el conejo nos señalo a todos y habló, ningún otro había hablado y menos en latín, aún ahora, después de tanto tiempo sus palabras resuenan en mi cabeza, pero no se las diré, porque las temo.
Lo mato, lo mato con tanta facilidad, atrapándolo y abriéndole el cráneo con sus propias manos que todos quedamos en shock por un momento, intentamos pararle, pero él era un deshecho, no tenía chip, ni nada para esas ocasiones, habíamos dado por sentada su muerte, y nos encontrábamos poniendo las puertas de máxima seguridad y viendo por las cámaras como no eran nada para él, era La Muerte, llevaba una guadaña en sus manos que brillaba reclamando beberse nuestra sangre y aunque corrimos intentando huir dispuestos a volar todo aquel edificio con él dentro, todos caímos ante él, sólo quedo yo, y sé que es porque él lo quiere así. – Contó un hombre avejentado con pinta de animal asustado en el salón de su casa a un visitante que decía ser miembro del primer intento maldito.
– ¿Qué fue de los datos?
El hombre se acercó a él, y se lo susurro mirando a los lados con miedo, estaba convencido de que alguien lo espiaba en su propia casa.
– Nadie lo sabe, pero todos, todos están a salvo debajo del suelo de mi casa.
– ¿Y el proyecto?
– Cerrado y en el olvido, no quedaba nada que pudiese ser usado, ningún dato, ni la sangre. – Lo dijo en alto y completamente convencido
– ¿Se perdió?
– Se uso, toda ella, toda se uso por error.
– ¿En quien?
El hombre rió con vehemencia, pero esta estaba en cada una de sus palabras, en sus movimientos furtivos y en su mirada de animal acorralado.
– En el conejito.
Tras escucharlo el visitante se levantó para irse, pero el hombre se sujeto a sus ropas.
– Dígame de quien era la sangre, por favor, dígamelo. – Rogaba sin soltarlo.
Se acercó a él, lo miró y le susurró directamente al oído, las mismas palabras que le había dedicado el conejito, al escucharlas el hombrecillo soltó las ropas intentó apartarse pero no pudo, ahora era a él a quien apresaban, sintió los labios del hombre en su cuello y como clavaba sus colmillos en él, todo el miedo y el terror que tenia se esfumo ante el placer más grande que había sentido y mientras su sangre, su vida y sus recuerdos eran absorbidos por aquel hombre él se sentía en paz por primera vez en mucho tiempo.
Al día siguiente fue encontrado muerto por su asistenta, fue considerada una muerte natural, no se hablo más del tema, ni nadie supo que entraron en la casa y registraron hasta en los cimientos sin encontrar lo que buscaban, de igual forma no se supo nada del extraño visitante, en las grabaciones que se escucharon de ese día, sólo había unas palabras en latín: “Et in Arcadia ego.” Se investigaron creyéndolas la clave para hallar los documentos perdidos, no fue así, sólo les llevo a un cuadro.
"Yo, la muerte, reino incluso en la Arcadia.”



martes, junio 10, 2008

Cartas de amor

Cuando la gente me pregunta como me enamore de Inara, sólo puedo sonreír, todos saben que ella trabajaba en mi librería favorita, bueno aún lo hace, pero nunca me he atrevido a contarle a nadie como pasamos de ser vendedor y cliente, a tomar café como amigos y luego llego el amor.

Después de mucho tiempo buscando un libro de fotografía, fui a mi librería favorita, el único lugar en el que no había mirado. Entre los libros nuevos no había ni rastro, normal llevaba años descatalogado, la dependienta me recomendó que mirase en una estantería donde sólo había libros de segunda mano, no me hacia mucha gracia, porque soy muy mío a la hora de cuidar un libro, pero me convenció diciéndome “No pienses en que han sido de otro, si no que han viajado para encontrar a la persona adecuada.” Lo encontré, estaba en buen estado, salvo por un sello que indicaban las iniciales ya borrosas del anterior dueño. Estaba mirándolo en el ascensor cuando se cayó de entre sus hojas una nota la recogí con curiosidad y me encontré ante una carta de amor, dude si leerla, pero la curiosidad ganó.

“Hola amor:

Sé que tu tienes a otra persona, alguien especial para ti, que lo que pasa entre nosotros es sólo un juego, por llamarlo de algún modo, algo que no pasa de compartir unos instantes, todo acaba en la cama, la misma en la que yo duermo cada noche y termino buscando el calor de tu cuerpo que ya no esta.

Conservo tu camisa, gracias por dejármela aquel día, prometo devolvértela, pero quiero quedármela un poco, sólo un poco más, hasta que deje de oler a ti.

Lo siento, no puedo cambiar lo que siento, sé que dijimos que no debíamos enamorarnos el uno del otro, que era la primera regla y después la de guardarlo en secreto, nada de mandarte cartas, pero hoy tengo que hacerlo, necesito decirte que te quiero, necesito decirte que no puedo evitar pensar en ti, en lo amable que eres, para mi te has convertido en mi caballero de brillante armadura, deja que este sueño dure un poco más, porque sé que pronto te iras con ella y yo quedare en el olvido, aún así, no puedo evitar amarte.

Siempre tuya.
Inara”



Estaba anonadado, acaso no era ese el mismo nombre que tenía la chica de la librería, podría ser cualquier otra, no la imaginaba con un hombre casado, y menos vendiendo un libro con su carta, no supe que hacer con ella, así que la volví a guardar dentro del libro, seguí ojeándolo, al llegar al final, di con otra carta, esta vez algo más larga.

“Me creí tus mentiras, tus bellas palabras, tus falsos besos, las frías caricias que sentí calidas y llenas de amor, habría dado lo mismo si hubiese sido yo u otra, no quise darme cuenta, no quise dejarte marchar, en mi armario la camisa que me dejaste aquel día y te pedí conservar, aunque ya no queda en ella ni rastro de tu olor sigue trayendo tu recuerdo, pero ahora veo lo que no fui capaz de ver, y he decidido dejarte en el olvido, lo que fue y no volverá, la venda se cayó y se llevo el sabor de tus besos, el recuerdo de tu piel contra mi piel, adiós a las mentiras que salieron de tus labios. Veo a través de tu traje de príncipe alquilado, quédate con tu falsa princesa, yo no necesito a un sapo a mi lado.

Aún recuerdo aquella nota que te mande declarándote mi amor, que ciega estaba, y es que así es el falso amor, ya sé que dicen que el amor es ciego, pero cuando veo a esos abuelitos que siguen juntos a pesar del tiempo pasado, descubro que no es así, el amor es aceptación, el acerté el ciego con los defectos del otro. Aunque ¿qué sé yo del amor?

Te deseo lo mejor, no te guardo rencor, pero no me llames más para pasar una noche en mi cama, eso se acabo, el chollo se te termino, deja de robarme mi brillo de princesa, deja de herir a mi corazón con tus mentiras, ya no quiero escucharlas, eso no es amor, y no quiero ser esclava de tus falsas palabras, así que acepta esta carta y tu camisa de regreso, no me busques, no me hables de amistad cuando te metes en mi cama, si me ves en la calle limítate a saludar en la distancia, no pongas excusas tontas para volver a probar mis labios, no sujetes mi mano como si te perteneciera, porque tu eres de otra y yo no quiero ser la otra, si antes tus palabras me impidieron verlo, ahora sé que yo valgo más que eso, no dejo de ser una autentica princesa. Puede que no lleve trajes de ricas telas, ni joyas que ciegan por su brillo, pero eso es porque busco a aquel que me quiera como soy y no pretenda aprovecharse de mí.
Adiós
Inara”


La guarde con la otra, dispuesto a olvidarlas ahí dentro, pero al volver a la librería y verla, recordé cada palabra escrita, incluso los lugares por los que los dobleces partían sus palabras, sacude la cabeza alejándolas de mi mente, pero cuando fui a pagar el libro nuevo, vi un cuaderno sobre el mostrador, la misma letra redondeada, deje el libro ahí mismo y corrí a casa para regresar con el libro de fotos, dispuesto a devolverle algo que era demasiado intimo para que lo tuviese yo, no supe que decirle, y simplemente se las entregue en silencio y me fui. No fue hasta que compre otro libro que volví a ver su letra, y es que dentro me puso un marca paginas en el que había escrito: “Te invito a un café.”, y su número de teléfono.

Así empezó todo, y tras un café y luego otro y muchas otras cosas llego el amor. No soy ningún príncipe, pero me gusta incluso cuando la veo recién levantada, y espero que eso pase hasta que seamos dos abuelitos arrugados y más.

sábado, abril 19, 2008

Marte

La vida como la conocí termina hoy, a medida que hago más profundo el agujeró se que se aleja más de mi, pero no puedo dejar de cavar la tumba de esa vida, a cada palada que doy la veo más lejana.
Mi madre me llamó Ares, pero me llamaban Marte, las pocas personas que me conocen realmente creen que es por el planeta, ninguno se ha parado a pensar en el soldado, el dios griego de la guerra, y es que mi aspecto no hace pensar a nadie en un guerrero, pero la gente es así, se dejan llevar por la cubierta y no ven lo de dentro.
He leído en muchos libros que es importante conocer los orígenes, no puedo decir mucho de los míos, sólo sé lo que consideraron que debía saber. Mi madre era una científica del gobierno o de algo igual o más importante que este, y lo dejo todo al saber que yo iba a nacer; me crio con mucho amor pero sin malcriarme, no dudo en castigarme cuando fue necesario. Mi padre era un soldado, de los que no dan la espalda a los enemigos y luchan por su país e ideales, cuando vio que su país daba la espalda a los soldados, y a todo en cuanto creía, les abandono, pero no les mostro su espalda descubierta, permaneció atentó por lo que pudiese pasar, me enseño la diferencia entre vivir y sobrevivir.
Me crie en un barrio conocido como “Las puertas del infierno”, aunque por el nombre pueda parecer un mal sitio, no lo era, al menos a mi no me lo parece, no había putas y yonkis en todas las esquinas, simplemente había demasiada gente perdida o que quería estarlo, mis padres eran de estos últimos, y mientras ellos fingían ser lo que no eran, yo iba al colegio con los otros niños del barrio, compartíamos nuestras fantasías, imaginándonos superhéroes con grandes poderes que salvarían al mundo de todos sus males, tendríamos camisetas con nuestro símbolo, y no permitiríamos que nuestra madres llorasen más a escondidas. Entonces yo no sabía, que yo provocaba ese llanto, el día que me di cuenta, una parte de mi mismo murió.
Recuerdo que la ayudaba a poner la mesa, y un plato se rompió contra el suelo en pedazos de distintos tamaños y me apresure a recogerlo, sin preocuparme de que podía cortarme, cuando mi madre apareció con la escoba, por mis dedos goteaba sangre, soltó lo que tenia en las manos, y me hizo soltar los trozos de porcelana que había recogido, en el baño me limpio las manos y vi su cara de miedo cuando no hayo heridas en ellas, no me dijo nada sobre ello, únicamente me revisó las manos una y otra vez, usando incluso una lupa, me mando a dormir después de una cena que no fui capaz de terminar, y cuando mi padre llego y ambos me creían dormido, la escuche contárselo entre sollozos, me sentí como el peor de los villanos.
También fue mi causa el que nos mudásemos lejos de todo, mi amigo Flavio y yo nos adentramos al infierno, con sus calles laberínticas nos perdimos en él, preguntamos como salir de ahí, pero sólo se rieron de nosotros o nos ignoraron, una abuela en silla de ruedas nos dijo que no había salida, que estábamos en la ciudad dorada, teníamos miedo y no hacíamos más que correr en círculos buscando el camino para volver a casa, para cuando anocheció estábamos tan cansados que nos arrastramos en un ultimo intento de salir de ahí, probablemente si nos hubiésemos quedado quietos habría sido más fácil para mi padre encontrarnos y no nos habríamos visto en medio de un tiroteo, una bala me atravesó a mi, y otra al pobre Flavio, le oí gritar y vi toda esa sangre saliendo de él que no pude más que asustarme, no dejaba de ser un niño, pero recordaba que en muchas películas tapaban la herida con las manos para que dejase de salir sangre y yo hice lo mismo, apreté con mi peso sobre ella repitiendo una y otra vez “No te mueras” y sentí que perdía la fuerza, que toda era absorbida por la, eso es lo ultimo que recuerdo de ese día, para cuando desperté estaba en el asiento trasero de una furgoneta cargada con todas las cosas de mi casa, y mis padres estaban delante en un silencio que hizo que un escalofrió me recorriera el cuerpo, tuve miedo de hablar, pero lo hice, por eso descubrí que Flavio estaba bien, y que íbamos a ir a una casita en el campo, no me dijeron nada más.
El campo más parecía un bosque, no había nada más que arboles y vegetación mirase donde mirase, la casita estaba a casi dos metros de un precipicio, pero no comente nada sobre ello, ya había metido demasiado la pata.
Mi madre se convirtió en mi profesora el tiempo que no ocupaba mi padre en enseñarme supervivencia, en un entrenamiento completamente militar; siempre que intentaba hablar sobre lo ocurrido se hacia un silencio tal, que creía que se había helado el mundo.
Tener fiebre, un resfriado, las rodillas raspadas, son cosas que todo el mundo debería conocer, yo lo he olvidado, si me cortaba en un dedo antes de poder chupar la herida, se había curado por si misma, si me subía a un árbol y las ramas se rompían incapaces de aguantar mi peso, sentía mis huesos romperse contra el suelo, me encantaría decir lo doloroso y horrible que es, pero no puedo recordarlo con exactitud, porque no es algo que durase más que lo que mi padre tardase en colocarlos en su sitio, como si simplemente me hubiese dislocado un hombro. Con el tiempo y sus enseñanzas he aprendido a hacerlo solo.
Las cosas raras seguían pasando, el huerto que había plantado mi madre no crecía, y yo quería tanto que ella me perdonase que una noche lo recorrí entero regándolo con cuidado creyendo que por ello crecería antes, otra vez lo desee con tanta fuerza que me desmaye ahí mismo, para cuando desperté el huerto de mi madre parecía tener meses, me castigaron por ello, pero también me hablaron de lo que me pasaba, mi padre me inmovilizó contra el suelo y sin dudar me corto con su machete, grite más por la impresión que porque me doliese, y cuando apenas unas gotas de mi sangre salpicaron el suelo la herida ya había desaparecido, después mi madre me enseño una salamandra, le corto el rabo y este volvió a salirle, podía regenerarme, y no sólo eso, podía dar vida a otros seres vivos, me sentí un superhéroe, y no me importo no poder volar, pero aprendí que las cosas siguen un ciclo y yo no he de interponerme en él, porque si no, no habría cavado con mi padre la tumba de mi madre cuando ella murió por una enfermedad que arrastraba desde antes de que yo naciese. Y ahora no cavaria a su lado la de mi padre, con ellos se va mi vida conocida.
Por lo que sé hay por el mundo más personas con dones especiales, pienso encontrarlos, y escuchar sus historias, pero pase lo que pase, una vez al año volveré a esta casa, en el aniversario de la boda de mis padres.

Escribí esto de madrugada, no podía dormir, y simplemente salió, siento que es más como la presentación de un personaje, y espero poder usarlo algún día más allá de un foro, porque por lo pronto no estoy en ninguno, claro que da lo mismo, porque apenas me conecto, motivo por el que apenas actualizo mi blog.

viernes, enero 25, 2008

Kien es...

Querida abuela:

No sabía como empezar la carta, si poner un hola o un buenas o simplemente escribir sin más, al final ya ves que he puesto el típico encabezamiento, pero es sólo porque realmente tu eres mi querida abuela.
En navidades me preguntaste porque admiraba tanto al maestro Asura, y no pude contestarte porque me fui a entrenar con el abuelo y luego no hubo un momento para nosotras, por eso he decidido intentar explicártelo en esta carta, escrita en pergamino como a ti te gusta.

El primer día de clase de duelos fue increíble, había visto duelos en Drumstrang, pero no ha nadie como él, el profesor que tuve ahí, no dudaba en herir golpear y ridiculizar a su adversario aprovechándose de su superioridad, por eso no me gustaba esa asignatura, para mi las ilusiones eran algo que debían hacer felices a la gente, y no herirlas, yo que era la que más tiempo pasaba en la enfermería, veía entrar a chicos mucho mayores que yo en estados lamentables tras acabar una clase de duelos, y sé que probablemente yo habría acabado mucho peor que ellos si no me hubiesen salvado tras atreverme a retar a aquel hombre, odie mi debilidad en aquel momento, como habría querido ser fuerte, siempre pensé que me mantendría de pie ante cualquier golpe, pero no fui capaz de ello y supe lo que era tocar el suelo. Bien, el profesor Asura no es así, dio a todos la oportunidad de elegir si querían retarlo, y un limite de tres trucos para vencerlo, los trato como iguales y se comporto como un guerrero, como un héroe, él es el hombre a quien pienso retar cuando sea una guerrera de verdad, porque no quiero que me vea como una niña, yo quiero ser su igual, quiero ser un digno adversario que vea que el combate merece la pena y se lo tome en serio, más allá de tres simples trucos.

Se que tu crees que busco un sustituto de Tristán, pero no es así, y si lo fuese, él no habría sido elegido. Tristán era magia, a su lado todo era posible, estar a su lado era como vivir en un cuento, pero no fue un cuento de final feliz y yo no quiero seguir el camino de la magia, quiero ser una guerrera.

Kien Asura es un guerrero de verdad, no veo en el a un caballero de brillante armadura que va luchando para salvar a doncellas en apuros o cautivas de dragones, más bien veo en él a un dragón, porque es más fuerte y poderoso que ningún otro, incontrolable e impredecible como el fuego, si definitivamente es un poderoso dragón, orgulloso y valeroso, pero con un corazón generoso en el fondo, un dragón de esos que salvan doncellas de una vida aburrida y condenada a vivir en enormes castillos hilando ropa, obligadas a compartir sus vidas con caballeros de armaduras brillantes, que no son otra cosa que príncipes azules que no saben hacer nada por si mismos, y terminan esclavizando a las pobres princesas a encargarse de todo mientras ellos se llevan la gloria.

Sé que tú me entiendes abuelita, por favor no dejes que mis padres se enteren de que entreno con centauros, ellos son realmente los mejores maestros que hubiese podido encontrar. Guerreros auténticos como él hombre al que un día venceré.

Te quiere
Zehel

miércoles, noviembre 28, 2007

Magia

Hasta ese día mi mundo había sido un cuento de hadas que yo mismo cree, un castillo formado por sueños, que desapareció como todo lo que he amado.

Crecí sólo con mi madre, un padre no me hizo falta, lo que él pudo enseñarme lo aprendí por mi mismo, pero aprender a querer y ser querido, eso lo enseña una madre, también me enseñó a creer en la magia, en hadas y, en que lo sueños podían hacerse realidad. Por ella aprendí a hacer hermosas ilusiones, para robarle sonrisas más allá de los problemas de una enfermedad que le robaba la vida mientras pensaba en que no podía dejarme solo, pero así fue. Un día se marchó y mí niñez se llevó. Empecé a ser más hombre de lo que había sido cuidándola, debía ser un buen hombre para que estuviese orgullosa de mí, desde los Campos Elíseos.

En mí perduro el creer en todo lo que me dejo, puede que yo fuese un simple plebeyo, pero por mis propios medios en un mago me convertí y el corazón de una princesa robe a cambio del mío propio.

Junto a mi princesa seguí haciendo magia, disfrutaba de las sonrisas de los niños, del asombro de los adultos que volvían a ser niños, soñábamos con tener uno propio, pero por más que lo intentamos, no lo logramos, parecía un imposible y no quisimos saber cual de los dos había sido maldecido, sin importar cual fuera, no nos separaríamos por ello.

Pasó el tiempo, éramos felices aunque a veces nos sorprendíamos el uno al otro añorando algo que no habíamos tenido, nos consolábamos mutuamente.
Sin más, un día llego, como un sueño, pequeña niña inocente, llena de amor por la magia. Cada día venia a ver el espectáculo, nunca llegaba tarde, siempre disfrutaba. Sus padres aceptaron cuando les pedí que me dejasen enseñarle magia y ella aprendía todo con una naturalidad que me hechizaba, era como tener una hija. Todos mis secretos compartí, se convirtió en una más del espectáculo. Mi princesa diseñaba las ropas y a veces nos ayudaba, disfrutábamos esa vida llena de magia y fantasía, vivíamos en nuestro propio cuento de hadas, el teatro era nuestro castillo, todos los días estaban llenos de luz.

Todo termino, como en los cuentos de hadas, un enorme dragón todo nos arrebato, un dragón de metal se llevó por delante la vida de la princesa, aunque estaba a su lado y quise protegerla, nada pude hacer, en mi cuerpo quedo la marca de su garra, en mi corazón el vacio y el dolor, la vi irse, mi magia no sirvió, no era poder lo que tenía, no tenía nada. ¿De qué me sirvió? Si cuando de verdad lo necesite fue inútil.

El castillo siguió brillando bajo la luz de la pequeña hechicera que esperaba para hacer magia conmigo, ya no había magia en mí, ni cuentos de hadas, ni sueños ni nada, destroce todo lo que había en el lugar ante sus ojos asustados, intentó detenerme, hacerme volver a ser el que fui y no sería más, me habló de promesas, de mi dulce princesa que se fue y no volvería, la cogí por los hombros, le hable de verdades crueles que hacen daño y arrebatan sueños.

– Isolda ha muerto. No volverá. – Me miró con sus ojos casi llorosos, no quiso
creerme, pero sabía que no mentiría con algo así.
– Pero… ella me prometió
que me enseñaría a coser, ella siempre cumple sus promesas. – Dijo mirando a la
puerta esperando que entrase.
– Las promesas pueden romperse, sobretodo
porque ella ya no esta Zehel, ha muerto. – Al final fui yo él que lloro.
Me acarició el rostro con sus pequeñas manos, me sonrío mientras lloraba, paso los dedos por la venda que cubría la herida del dragón, y la abrace desconsolado, dejando salir en lágrimas todo el dolor que me hizo destrozar el cuarto.

– La magia no existe. – Sentencie rompiendo el abrazo y sujetándola suavemente
mientras la miraba a los ojos, vi como algo se rompía dentro de ella. – Son sólo
ilusiones, nada es lo que parece. Prométeme que nunca creerás en ella. – Pedí
deseando que no acabase como yo.

Observó lo que quedaba de todo cuanto fue, el cartel destrozado que anunciaba la función con un dibujo de los tres, y después dijo sus palabras con firmeza, como si fuese el más noble de los juramentos.

– Lo prometo.
El funeral estaba lleno de personas rindiendo honores a la princesa, los reyes lloraban juntos. Mientras yo permanecía de pie, observando la tumba, a mi lado la antigua hechicera sostenía mi mano, ninguno de nosotros lloro, aunque nuestra imagen era la del dolor, no quedaban más lágrimas o más bien no quisimos llorar más, a ella no le habría gustado.

El rey leyó los deseos de su hija, explicó que ella habría querido irse con una actuación mía, le mire sin decir nada, lleno de rabia por pedirme en un lugar sagrado una actuación de mentiras, las personas insistieron, no quise hacerlo, pero la mano que sujetaba la mía apretó con fuerza y sus voz de niña me habló como adulta:

– No es por ellos, ni por nosotros, es por Isolda.
No había nada preparado, nada en absoluto, él que ha muerto no puede volver, y al mirar el ataúd recordé los viejos trucos sin tanto efecto, me vi a mi mismo frente a otra tumba, haciendo magia en memoria de otra persona, ese yo había muerto.

– Podemos hacerlo. – Repitió la pequeña apretando mi mano con fuerza.
Cogí su otra mano, juntándolas, desee volver a creer en las hadas, aunque sólo fuese unos segundos, desee poder ser ese niño otra vez, recordar aquella sensación que recorría mi ser al ver las hadas volando, sabia que las manos que sostenía creerían conmigo, que caerían conmigo, y entonces los dos cerramos los ojos. Volvimos mentalmente a unos días atrás, las hadas aparecieron ante la tumba, dejando flores para la princesa, como en el pasado hicieron para mi madre, aquella reina que no necesitaba corona ni trono.

La magia no existe, eso le hice prometer, y ahora que en mi encierro de más de dos años descubro mi error, no puedo correr a enmendarlo, a devolver el poder a mi pequeña hechicera, porque estoy preso de un maleficio. Encerrado en la torre de los reyes, me esconden y tienen oculto, para que nada me pase y nunca les deje. Doy gracias a las pequeñas hadas que a veces me visitan para calmar las pesadillas que las animas perdidas me crean en su dolor, y las causadas por los propios reyes que creen estar protegiéndome del mundo de la locura.


Un Enorme Dragón

jueves, noviembre 15, 2007

Taki

Es para la historia esa de FJ, tenia uqe haberme currado más la historia, pero no hubo ganas.

Juego/Historia: Las katanas gemelas.

Nombre: Taki Jersey.
Apellido: Gouhou.
Apodo: Sombra.
Cumpleaños: 1 de noviembre.
Signo del zodiaco: Escorpio.
Edad: 19 años
Estatura: 1,68 m.
Lugar de nacimiento: Japón.

Cabello: Rubio en melena, normalmente sujeto en una coleta para que no le moleste.
Ojos: Almendrados y marrones.
Piel: Clara.
Rasgos: Finos.
Constitución: Delgada.

Ropa que lleva normalmente: Ajustada y negra o de cualquier color oscuro.
Ropa con que duerme: Interior o desnuda.

Bebida favorita: Agua.
Comida favorita: La tradicional.
Día favorito: El que se cumpla su venganza.
Color favorito: Carmesí.
Hobbies: Entrenar.
Serie TV favorito: No la ve mucho, sólo noticias.
Favoritos: Las armas, el entrenamiento, un trabajo bien hecho.
Cosas que odia: Al yonki, a Kirei Katsura, a los que mataron a sus padres.
Vicios: Entrenar.
Habilidades: La lucha y algunos conocimientos de medicina.
Defectos: No sabe ni freír un huevo frito.
Metas: Vengarse por el asesinato de sus padres.
Fobias: Fallar, morir antes de cumplir su venganza.
Otro: Su madre era extranjera, de hay su color de pelo.

Personalidad: Es una mujer atractiva, que atrae la mirada de los demás siendo conciente de ello, con sus ropas ajustadas y su mirada firme y agresiva hará lo que considere necesario para conseguir lo quiere, sin importar los daños que pueda causar al resto del mundo. Le cuesta mucho ver más allá de sus planes, y darse cuenta de que hay todo un mundo fuera de su venganza.
Frases: El fin justifica los medios. Los fuertes siempre ganan, los débiles son los que lloran.
Motivación: La venganza.

Historia:
Elegiste el camino de la venganza, en cada una de tus manos sujetas un arma, por las vidas que alejaron de tu lado, mientras te observo entrenarte con ahínco, aprendes a jugar como ellos, me pregunto si conoces todo aquello que te llevo a ello, quisiera decirte muchas cosas, pero si me acerco a ti, pondré una vida en peligro, e igual que tu eliges la venganza por los que ya no están, yo elijo proteger a los que todavía siguen con nosotros.
Recuerdos a medias confunden tu mente, tu verdad no es la verdad, no puedes ver con lo que cargas sin saberlo, lo que representa tu existencia, tu apellido, Gouhou, “Tesoro honorable”, es el nombre que reciben todos los miembros de la familia menor de los Katsura, es aquello que les recuerda que sus vidas no les pertenecen, su deber es ser la sombra de la casa principal y si es necesario morir por ella. Pero todo eso no lo sabes, porque tu familia fue el ultimo vestigio que quedo de ello, ni la sombra de lo que fue, apenas un recuerdo y el resto de unas cenizas que se llevo el viento.
Todos nosotros fuimos traicionados por la persona que debíamos proteger, nos hicieron matarnos entre nosotros por la promesa de una vida mejor, pero sólo eran mentiras que nos llevaron a la locura, pocos eran los niños que había entre nosotros, y ellos también fueron sacrificados a una causa que no era la nuestra.
Y tu la ultima ficha, puedo describir claramente como te convertiste en el peón que faltaba para darle la victoria, a un ser sin corazón.
Tu padre juro fidelidad eterna a Kirei, haría cualquier cosa por el, su rey que le permitió unirse a una extranjera y tener a su preciosa hija, un rey malvado que tenia planes para cada uno de sus súbditos, y el de tu padre, era morir como cabeza de turco para forjar una alianza que le daría más poder en el futuro, hizo creer a todos que éramos traicionados por uno de los nuestros, sin permitirnos ver que era el Rey quien nos daba la espalda, y tu lo creíste, creíste que la muerte de tu padre era culpa de otro hombre, con lagrimas por tu rostro, y ante sus ojos y por la sangre perdida y por tus ultimas lagrimas de niña, juraste venganza.

lunes, octubre 08, 2007

Juego de dioses X

10.- Regalo

Estaba comiendo algo en lo que esperaba que Nithael terminase de trabajar, cuando un hombre vestido de negro se sentó en la misma mesa que él sin permiso, no se molesto ni en mirarle, supo quien era sólo por el olor.

- Márchate o te mato.
- Te recuerdo que no puedes hacer eso, yo soy el fin de todo.

Resopló al escucharle con cierto hastió, y acercándose a él le susurro con voz muy suave al oído.

- Eso sólo quiere decir que puedes sufrir eternamente.

Al escucharle se echo a reír, le gustaba ese demonio.

- ¿Te gustaría jugar a las cartas? – Propuso sacando una baraja de la nada.
- No quiero morirme todavía.
- Ya vendrás. – Sonrió he hizo desaparecer las cartas – Tengo un regalo para ti.
- Adiós. – Dejo de prestarle atención.
- No me voy.
- Por qué me mientes diciendo que me vas a regalar algo. – Fingió un puchero.
- Sí, algo que te gustara más. – Se le acercó como si fuese a decirle una confidencia – Te apetece jugar con el tipo que molesto a tus niños.

Fue escuchar esas palabras y un brillo apareció en los ojos de Belial, un movimiento rápido por su parte y los reflejos de Garic a prueba, cuando el camarero fue a preguntar si quería algo, se sobresalto al ver un tenedor clavado en la mesa, pero no se atrevió a decirles nada.

- Un café solo. – Pidió – El otro tipo. – Añadió para el demonio.
- Lo sé, era un sí. – Sonrío al decirlo, dejando ver los colmillos.

Tatuaje

Entró en los calabozos, su sitió, no le sorprendió ver la capa tirada de mala manera en el suelo la recogió y fue hasta la sala que usaba para descasar, no había luces ni nada que le permitiese ver, pero distinguió una figura sentada en el suelo, de espaldas, se le acercó con cuidado y miró lo que hacía, en un cuenco preparaba una mezcla de color negruzco.

Con un movimiento de su mano se hizo la luz en la sala, quedando alumbrada por velas. Le miró a la cara manchada por tierra, sangre y el rastro casi invisible de las lágrimas derramadas.

- ¿Qué es?- preguntó refiriéndose al cuenco.
- Es hena, te haré otro dibujo, este te durara más tiempo, porque esta mezclada con sangre...- decía con la voz rota.
- No es sólo hena y sangre lo que allí ahí mezclado, tan bien son tus lágrimas.
- No valen nada.- respondió bajando el rostro, para que sus cabellos lo cubrieran impidiendo que se vieran.

Paso una mano por su rostro recorriendo el mismo camino que las lágrimas.

- Para mi mucho, te recuerdo que eres lo único importante que me queda.
- Déjame que te haga el tatuaje ahora, así no pensare en ello.

Asintió al pequeño y se tumbo sobre la cama despojándose de la ropa, sintió como se subía sobre él y comenzaba a recorrer su gran espalda con sus manitas, como dibuja en su piel con sus dedos dejando un rastro de tinta y tan bien como caían lágrimas sobre su piel, la respiración entre cortada.

- Puedes hacerlo otro día si quieres.- le dijo apenado pues sabía que siempre que mataba a alguien aunque fuera por sobrevivir se culpaba por ello.
- No, te lo terminare ahora, será el mejor que te haya hecho. – decía intentando que su voz sonase alegre.

Mechones de pelo se le iban soltando cayendo sobre su rostro y acariciando el cuerpo del diablo, provocándole cosquillas, sumado a la sensación de sentir aquellas manos sobre él, acariciándole con suavidad, como se acercaba para ver mejor dejando que su aliento le tocase, y luchaba por controlarse por no tomarlo a la fuerza, se recordaba a si mismo que amaba a un ángel, que su relación con aquel niño era de padre e hijo, pero era tan tentador, tener a alguien puro alguien que le perdonaba todo, que lo amaba y no tenía problemas en decírselo, que sentía culpa, pena y sufría por los demás.

Al cabo de unas horas el dibujo fue terminado un dragón de grandes alas negras como si fuesen de fuego ocupaba su espalda el rabo del dragón recorría su trasero hasta terminar en una de sus piernas y su pequeño hijo lo miraba de pie, con los ojos rojos por las lágrimas derramadas, sonriéndole dulcemente.

- Lo termine, espero que te guste.

Sin pensar se levantó de la cama, lo abrazo y levantó como si aun fuese un bebe, y lo acuno en sus brazos.

- Deja de hacerte esto, cada vez que matas o vienes herido, derramas lágrimas por lo que has hecho, son ellos o tu, ya te lo enseñe y primero vas tu, no lo olvides, ahora duerme, deja que sea yo el que vele esta noche tu sueño, en compensación por este regalo que me has hecho.- le dijo al oído antes de robarle un beso y sellarle los labios con un dedo, recordándole que debía dormir, dormir y olvidarlo que tanto daño le hacía, le canto una nana, que nada tenía de dulce a pesar del detalle. - Heridas sangrantes, mentiras en mi vida, dolor en mi alma, todo será devuelto, la venganza será justa el hechizo comenzara en la hora bruja, y allí mi fiel amigo, mi hermano, mi hijo, tomarás tu sitio en el lugar que te corresponde.

Aprendizaje

Regresó a su mazmorra, haciéndose mil preguntas sobre cómo se suponía que debía cuidarlo, entró en sus calabozos lo dejó sobre una mesa y se puso a atar bien a un ángel que se estaba soltando.

- Tenia que haberlo dejado con la bruja loca, no se como se cuida un bebe, que comen, y que he de hacer cuando llore...- decía en alto apretando las cadenas.
- Leche... los bebes humanos se alimentan de leche.- contestó el ángel

Belial le miró sorprendido y le dijo:

- Espera aquí.- algo irónico, teniendo en cuenta que estaba atado, le había roto las piernas y las alas.

Volvió con un cuaderno y le avasallo a preguntas.

- Entonces come leche, y cuando se caga, ¿qué hago?

El ángel tan puro e inocente le explicó todo cuanto necesitaba sin importar que luego Belial fuese a seguir torturándole, quizás porque había visto como uno de sus hermanos se lo entregaba y había callado, o por que el bebe tenía derecho a estar bien cuidado.

Liam fue creciendo y aprendió que no debía llorar, porque eso molestaba a su padre, aun así, sus lágrimas se escapaban cuando veía sufrir a los torturados, por lo que Belial creó una habitación para que estuviese él, la insonoro y puso mil comodidades, lo dejaba hay, y se marchaba a seguir con su oficio, cuando no, lo entrenaba para lo que pudiese pasar, criado entre los calabozos y el bosque podía haber sido un gran demonio, pero tenía demasiado buenos sentimientos y la primera vez que mato a alguien, su padre supo que no estaba hecho para ello.

Tendría unos 5 ó 6 añitos, lo había dejado en el bosque recogiendo plantas, cuando un s hombre le ataco, automáticamente las plantas reaccionaron como cuando era un bebe y lo estrangularon ante él, lloro por su muerte, y tuvo pesadillas con ello varias noches, Belial se metía con él en la cama y lo acunaba, le susurraba al oído que no era su culpa era la ley de supervivencia, si no habría sido él.

Bebe

Esa noche un ángel con la señal de los caídos todavía sangrando en su frente se presentó ante él, todo su cuerpo estaba lleno de heridas abiertas, en sus brazos un bebe, que se aferraba a la poca ropa que le quedaba con las manos, el ángel lo miró, sus ojos parecían llorar sangre cuando le tendió el pequeño pidiéndole sin palabras que lo cogiese. Dudo un momento pero lo tomo en sus brazos, no muy seguro de cómo debía cogerlo, y en el mismo instante en que lo hizo el ángel cayó a sus pies, no le hizo falta comprobarlo, sabía que estaba muerto.

Sin prestarle más atención al cuerpo del ángel, observó al bebe, no era un ángel, se notaba, tampoco demonio, pero que él supiese los humanos no tenían en la frente una gema incrustada, ni orejas puntiagudas, pidió consejo a un amigo y sus palabras fueron claras.

- Mátalo.

Se quedó solo en la sala, sabedor de que estaba siendo vigilado, en cuanto saliera, querían ver que lo había eliminado. Miró al bebe durmiendo placidamente, toco la piedra de su frente, inequívocamente estaba incrustada, se decía asimismo que tenía que matarlo.

No paso mucho tiempo hasta que indico al vigilante que pasara, este observo la sala, en el lugar donde antes dormía un bebe, ahora sólo habían cenizas, todo había sido carbonizado, apoyo la mano en el hombro del joven y le dijo:

- Has hecho lo que debías.

Abandonó la habitación con aire aburrido, se apartó los cabellos que le tapaban el rostro y girándose dijo:

- No vuelvas a tocarme.

Hay cosas que no pueden notarse si no las ves de cerca, nadie noto como en volvía al bebe en la manta en que se lo entregaron, y le escondía en la bolsa de su cinto, dando gracias de que fuese tan pequeño y delgado, para quemar el lugar donde lo había dejado con su fuego y avisar de que todo había cesado.

Se encontró de nuevo en la superficie, en el mismo bosque en que una vez curo a su ángel y le espero una día con su noche y nunca apareció, bajo el mismo árbol en que lo beso dejo al bebe, y sacando una daga de su cinto le arranco la gema de la frente sin importar cuanto llorase ni la sangré que brotaba de la herida, le vendo la cabeza y dejó que cogiese la piedra entre sus brazos, para decirle:

- Que vivas ahora es cosa tuya.

Apoyado en el árbol, con el pequeño en sus brazos miraba a los cielos recordando al amor que le arrebataron y jamás pudo arrancar de aquello que los húmanos llamaba corazón, cuantas veces le hubiese gustado poder hacer como con aquella piedra y sacar aquellos sentimientos de él.

viernes, septiembre 21, 2007

El monstruo de debajo de la cama

En las noches de luna azul cualquier cosa puede suceder, a manos de la magia, una magia que se ocupara de cumplir tus más profundos deseos incluso aquellos que todavía no sabes que quieres.

El monstruo de debajo de la cama

Después de tanto tiempo, volvía a su casa, la casa en la que se había criado hasta los ocho años, recordaba esa época con cariño y pena.

- Que mayor estas ya. – le dijo su madre al verlo parado al lado de la pared en la que iban marcando su crecimiento.
- Han pasado 10 años, es normal.
- Recuerdas cuando le tuviste miedo al monstruo de debajo de la cama. – preguntó su madre haciendo que se pusiese rojo.
- Sí. – fue su única respuesta. – Voy a ver mi cuarto.

El cuarto seguía pareciendo el de un niño, los juguetes de dinosaurios y coches seguían sobre las estanterías, se tumbo en la cama, mirando el techo y dejo a su mente vagar por los recuerdos de su último día en aquella casa.

Eran los últimos días de colegio y habían dedicado una clase a contarse historias, las persianas estaban bajadas, las luces apagadas, el aula permanecía iluminada por velas.

- Mi hermano me contó, que antes de nacer yo, había tenido otro hermanito, pero este siempre se levantaba de la cama por la noche, y no dejaba dormir a los demás, una noche empezó a gritar, mis papas entraron corriendo al cuarto y le vieron aterrado y encogido en uno de los lados de la cama, estaba tan asustado que se hizo pis encima, les contó que un ser horrible había salido de debajo de la cama y había intentando cogerle, mis papas no le creyeron, pero a la noche siguiente volvió a gritar, y cuando entraron al cuarto solo encontraron la cama completamente desecha y las sabanas debajo de la cama, no había ni rastro del que habría sido mi otro hermano mayor, nunca apareció. Mi hermano si le creyó, porque el también lo había visto, incluso intento cogerle, pero el metió todo su cuerpo dentro de la cama, único lugar en el que monstruo no puede atraparte y lo alumbro con una linterna asustándolo y haciéndolo huir, pero nunca olvidara sus dientes puntiagudos y amarillentos, ni su enorme boca como la de un tiburón que habría y cerraba mientras le señalaba con una de sus largas garras.
Por eso aseguraos de estar completamente dentro de la cama.

Terminada la historia todos se miraron un momento asustados, enseguida se rieron y comentaron con el profesor que realmente eso no era posible, pero muchos de ellos, como él, la creyeron, y llevaron consigo el miedo.

Cuando ya estaba en la cama listo para dormir, se encontró encogiéndose asustado, y mirando hacia el suelo, convencido de en que cualquier momento algo saldría de ahí y se lo llevaría para comérselo o algo peor, salto de la cama y encendió la luz lo más deprisa que pudo, asegurándose así que mientras la luz estuviese encendida nada malo le pasaría, pero entonces su madre apareció y se la apago.

- Es hora de dormir. – le recordó.
- No puedo dejarla encendida, es que si la apago vendrá el monstruo. – dijo en su defensa.

Su madre comprensiva volvió a encenderla y se sentó al borde de la cama.

- ¿Qué monstruo? – le preguntó mirándole.
- El que sale de debajo de la cama, me cojera y me comerá. – le aseguró él.

Su madre suspiró, pero levantándose miró bajo la cama, hay no había nada, ni una triste pelusa, ya se encargaba ella de que estuviese limpio.

- Escúchame bien señor monstruo, es hora de dormir y las luces se apagan, así que compórtese y váyase a su casa, que no son horas. – dijo con tono autoritario.

Su hijo la miró dejando muy claro que no se creía que el monstruo la fuese a hacer caso y esta tras taparle, darle un beso de buenas noches apago la luz y se fue a dormir, pero él era incapaz de dormirse, y como su madre no le tomaba en serio decidió solucionar él solo el problema, haciendo el menor ruido posible se coló en la cocina armándose con la cuchara de palo de su madre, que como te dolía cuando te daba con ella, también cogió del armario del pasillo la caja de herramientas linterna de su padre, aún por estrenar.

Se sentó en una esquinita de su cama, con los pies en alto completamente decidido a atrapar al monstruo y así no le tendría miedo nunca más. Mientras esperaba que apareciese preparo un plan, en cuanto saliese de debajo de su cama lo alumbraría con la linterna y le pegaría con la cuchara mientras llamaba a sus padres, y estos le ayudarían a detenerle para siempre e iría a la cárcel de los monstruos, incluso seria un héroe…

Las horas pasaban y lo único que se escuchaba eran los ronquidos de su padre acompañados por los de su madre que le hacían los coros, su imaginación le jugaba malas pasadas y se encontraba alumbrando cualquier rincón al mínimo ruido. Para cuando vio que algo salía de debajo de su cama se encontró pegándole en la cabeza con la caja de herramientas y saliendo corriendo a avisar a sus padres que no le hicieron ningún caso y le mandaron de vuelta a su cuarto si no quería ser castigado.

- Pero mamá, es que el monstruo… - empezó a decir en su defensa.
- Esta bien, dile que puede a quedarse a dormir contigo y ahora déjame dormir. – le respondió su madre con ojos vidriosos.

Encendió la luz de cuarto antes de entrar, sorprendiéndose al ver a un niño tirado en el suelo, pensó que lo mismo había huido del monstruo y salido por su cuarto para ser golpeado por él, se sintió algo culpable, le dio un poco con la cuchara para ver si se movía, suspiró al ver que así era, no lo había matado. Una cosa eran los monstruos y otra distinta los niños.

Comprobó que no le había hecho ninguna herida, salvo un chichón que le iba a doler bastante, antes de darle la vuelta y quedarse embobado mirándole, pensó que debía de ser una niña, porque era muchísimo más bonita que ninguna que hubiese visto, era preciosa, le apartó el pelo del rostro, sin poder dejar de mirarle, cuando abrió los ojos se apartó un poco algo avergonzado y bajo la cabeza mirando el suelo.

- Lo siento.
- ¿Por qué? – preguntó sentándose y llevándose una mano a donde le estaba saliendo el chichón.
- Es que, hoy en el colé, un amigo nos dijo que debajo de la cama había monstruos y al verte salir te pegue en la cabeza, y creí que te había matado. - explicaba a trompicones.
- Sé que soy feo pero no tanto como para que quieras matarme. – bromeó.

Al escucharle decir que era feo, se llevó las manos a la cabeza y cogiéndose del pelo empezó a decir:

- La deje tonta, que desgraciadito soy que la he dejado tonta.

El otro chico se hecho a reír.

- Que no, que no es eso, pero en mi casa mi padre siempre dice que el desgraciado es él, que tiene un hijo mayor muy apuesto, muy guapo que todas las mujeres quieren y luego a mí, que voy a terminar de cura, con lo poco que le gustan a él los curas.
- Vale, el tonto es tu padre, y mucho, le damos con la linterna y lo mismo lo arreglamos.

Ambos niños se echaron a reír por la ocurrencia.

- ¿Por qué creías que era un monstruo?
- Bueno es que el colé un compañero nos ha dicho que hay monstruos debajo de la cama, y que si sacas aunque sea un dedo de la cama serás comida de monstruo. En principio no le he creído, pero por si acaso me he preparado, y claro, te he visto salir, y no te iba a dejar comerme. – explicó más relajado.
- Ahh… - dijo con aire comprensivo – Debe ser por eso, que cuando viajamos por debajo de las camas, nos dicen que debemos tener mucho cuidado.
- ¿Viajar? – preguntó sin acabar de entenderlo.
- Sí. – asintió - Debajo de la cama hay un sistema que te permite llegar a donde quieras, yo me he peleado hoy con mi hermano y he terminado vagando por debajo de las camas, quería llegar a casa de mi abuelo, me he perdido y he llegado a tu cuarto.
- Esto, por casualidad no tendrás una foto de tu hermano.- le preguntó pensando en que si él era feo, ¿cómo seria su hermano?

No entendió porque podría querer ver una foto de su hermano, pero le enseño una en la que salía con su abuelo.

- El que no tiene el pelo blanco.

Cuando miró la foto sintió un escalofrió recorriéndole todo el cuerpo, miró al niño, y de nuevo la foto, tenía que reconocer que era más guapo que una niña y que si no hubiese dicho lo de cura, estaría seguro de que era una chica, por su pelo largo y brillante y esos ojos verde que brillaban como esmeraldas, pero el de la foto, era más bien un troll enorme, con muchos músculos y sin cuello; tirándose al suelo empezó a decir:

- Mis ojos, se queman.

Cuando el otro niño se acercó asustado a ver que le pasaba, le miró con una sonrisa picara y le hizo caer junto a él, abrazándolo le dijo:

-Me has curado.
-Eres un mentiroso, no te paso nada. – respondió molesto.
- Si que me paso, no veas que susto al ver la foto de tu hermano, llega a salir él de debajo de mi cama, y de verdad me creo que hay monstruos, vamos seguro que le vieron a él y por eso lo cree la gente.
- Eres muy bueno.- le dijo apoyándose en su pecho- ¡Alá! que rápido suena tu corazón.
- Sí bueno- se puso como un tomate, no necesitaba que se lo dijese - Sabes yo nunca me había fijado en nadie, bueno quiero decir que en mi clase hay niñas muy monas, pero no me gusta ninguna, y las mayores son unas creídas, las de la tele son todas iguales, mismos peinados, tan pintadas, que ninguna me llama la atención.
- A mi me pasa igual, algunas me recuerdan a muñecas, pero en clase las chicas son tontas y gritonas, por suerte para mi nunca me dicen nada.

El dueño de la habitación se puso serio y apartando con cuidado a su nuevo amigo se sentó mirándole fijamente le dijo:

- Yo me llamo Yue ¿y tú?
- Aoi – sonrió.
- Aoi puedes ponerte de pie por favor. – le pidió.

Algo extrañado le hizo caso, Yue cambio de posición y se arrodillo cogiéndole de la mano, como había visto en más de una película con su madre.

- Sé que nos acabamos de conocer y es un poco pronto, pero Aoi quieres ser mi esposa, si te casas conmigo no voy a dejar que tu padre se meta contigo, y a las niñas gritonas si te dicen algo las tirare del pelo, pero es que me he enamorado de ti desde que te di la vuelta en el suelo.

Aoi le miraba sin creerse lo que oía, realmente, eso no pasaba todos los días, al fin respondió.

- Pero es que no se que dirán mis padres, además aún tenemos que acabar el colé, y qué pasa si no se como volver a tu cuarto.
- Entonces nos podemos casar al terminar el colegio y puedes quedarte en mi cuarto para siempre, podrías venir a mi colé. – aseguró sin soltarle la mano.
- No, tengo que volver, mi madre se preocuparía por mí.

Le soltó la mano y busco algo entre sus cosas, del colé, cuando lo encontró se lo dio.

- Es mi agenda del colé, tiene todos mis datos, y si me dices que sí, te esperare siempre, lo juro.
- Esta bien, me casare contigo cuando terminemos el colé, yo también lo juro.

Yue sonrió feliz y abrazo a su prometido, pasaron toda la noche hablando y jugando, incluso vieron un amanecer juntos, y no entendieron porque le daban tanta importancia en las películas, era bonito, pero lo ves y ya, cuando se despidieron le dio un beso en la frente y le dijo:

- No lo olvides estamos prometidos, así que cuando vayas por ahí ni se te ocurra dejar que te enamore cualquier troll de esos.

Fue al día siguiente cuando se mudo a vivir al pueblo con sus abuelos, por más que le dijo a su madre que estaba prometido e iban a ir a buscarle esta no le hizo caso, de eso hacia 10 años ya, y no le había olvidado, se quedó dormido pensando que lo mismo él si había sido olvidado, y cuando despertó, una luna azul alumbraba su habitación, como aquella noche.

- Yo ya he terminado el colé. – le dijo una voz desde una esquina.

Al mirar hacia ahí, vio a su prometido, ya no podía decir que era guapo, y hermoso se quedaba corto, salto de la cama y se abrazo a él.

Fragíl

Yo no soy sádica… en fin, otra historia de hace 3 años, sí, sigo sin acabar nada, soy demasiado perezosa…
~*Frágil*~

A pesar de su timidez, de que no le gustara llamar la atención, no podía evitar hacerlo, pues hiciera frío o sol siempre llevaba ropas que apenas dejaban ver una parte de su cuerpo, nunca hacía gimnasia y si lograban verle alguna parte de su piel solía tener algún moratón, por eso corrían varios rumores siendo el más creíble que en su casa le maltrataban, pero incluso ese estaba equivocado, ya que nadie jamás le había puesto la mano encima, ni tan siquiera para hacerle una caricia.

Las clases ya habían llegado a su fin, hacía más de media hora que esperaba sentado a que saliera su amiga, siempre iban juntos a casa, aunque ella siempre se hacía de esperar, a él no le importó a fin de cuentas ella era la única que conocía su secreto.

Un hombre muy musculoso y con ropas militares se le acercó.

- Disculpa ¿tienes hora? - le preguntó.
- Sí, son las…- decía mientras apartaba la manga de la sudadera, dejando ver un muñeca fina y delicada, con una piel blanquísima y sobre esta un reloj de “Doraemon” que marcaba las… - cuatro menos cuarto señor.
- Gracias, perdona que te siga molestando pero podrías decirme donde esta “La presa”. - Sí, esta aquí cerca, justo detrás del instituto, aunque si quiere le acompaño.- dijo el chico amablemente.
- Te lo agradecería mucho si lo hicieras. - respondió sin dejar de mirarle.

El joven aceptó, pero le pidió que esperase un momento, en un instante escribió una nota y la escondió detrás de una piedra en el muro.

No tardaron mucho en llegar, estaba a menos de una calle, pero nada más verla el chico se quedó todo intrigado, “La presa” era un coto de caza abandonado desde a saber cuando, nadie iba por allí ni siquiera los chicos, se decía que era un lugar maldito, por eso no le extrañó ver que estaba completamente cerrado con verjas, pero si le extraño que al intentar ver que había más allá de las verjas y de los arbustos que apenas le dejaban, logró distinguir una figura conocida, una chica disfrazada de conejita que no se dio cuenta de que él decía su nombre:

- ¿Maria?
- ¿Qué has dicho? - preguntó el desconocido.
- Nada. Le diría como entrar pero no lo se.- dijo para cambiar de tema.
- No te preocupes.- respondió sin dejar de mirarle. – Ya me has ayudado mucho.

Al joven le ponía nervioso aquel desconocido, le molestaba que no dejase de mirarle, no sabia como explicarlo pero le incomodaba.

Se marchó a casa intrigado sin saber que al día siguiente recibiría respuestas que no querría conocer.

Ya había anochecido cuando salio a comprar, solía ir siempre a esas horas porque eran en las que menos gente había, pero a la salida del supermercado, cuando todavía le daba vueltas a lo sucedido después de las clases se choco contra un chico joven y cayó al suelo, de la impresión se quedó en el sitio, normalmente no le pasaba, siempre tenía mucho cuidado, pues el más mínimo roce era para él la cosa más dolorosa, automáticamente su piel empezaba a enrojecer donde le habían tocado y al poco tiempo aparecía el moratón, pero no sintió nada, nada en absoluto donde aquel chico le había dado, y para demostrarlo tampoco le dolió cuando el chico le levantó del suelo sin previo aviso y le dio sus cosas sin dejar de disculparse y preguntar si estaba bien, se limitó a asentir y se marchó a su casa como un autómata, era la primera vez que le pasaba algo así. ¿Quería decir eso que ya no le iba a doler más cuando le tocasen?, que equivocado estaba nada más entrar en casa lo supo, pues al darle dos besos a su madre y que esta se los de volviera sin pensar, el dolor volvió, intentó ocultar la mueca de sufrimiento para que ella no lo notase, pero no sirvió de nada, se dio cuenta igualmente y se sintió fatal, por no poder tocar a su hijo, porque ella lo necesitaba casi tanto como él.

No podía dormir, por un momento se había creado falsas ilusiones en las que al fin sabía lo que era una caricia, un beso, sin que le hiciera daño, sin que le dejaran marcas que tardarían días en quitársele, su madre entró en el cuarto y le tapo bien antes de decirle:

- Un día encontraras a alguien especial, que podrá tocarte sin hacerte ningún daño.

Le hubiese gustado preguntarle cuando, pero sabía que era una pregunta sin respuesta, por lo que prefirió hacerse el dormido, aunque la realidad fue que tardó mucho en dormirse y cuando al fin lo hizo estaba abrazado así mismo con lágrimas en los ojos.

- Pronto Ai, muy pronto… - dijo en un susurro su madre cuando volvió a entrar a comprobar que no se había destapado.

Si hubiese sabido lo que le esperaba aquel día en el instituto se habría pensado lo de ir. Nada más llegar su profesora le dijo:

- El director quiere que vayas a su despacho, ahora.

Miro a su profesora esperando alguna explicación, pero ella le empujó hacía el despacho del director, al contrario de lo que pensaba le trató muy bien, fue muy amable en todo momento, le invitó a tomar algo y le habló de que no tenían ninguna queja de él.

- Disculpe, pero si acaba de decir que no tiene quejas sobre mi ¿Por qué me ha hecho llamar? - se atrevió a preguntar.
- Me alegra que me hagas esa pregunta, veras resulta que aparte de mi trabajo de director del instituto, también me encargo de un negocio un poco, como lo diría, fraudulento. Y aquí es donde entras tu, normalmente las presas lo son por decisión propia, pero me han pagado 50 millones a cambio de poder cazarte, y me pagaran el doble si lo consiguen, pero como me recuerdas a mi cuando tenía tu edad y no conocía la realidad de la vida te daré un consejo, se muy rápido, porque si te cogen podrán hacer contigo lo que quieran. Dulces sueños.

La última frase era muy adecuada, si había escuchado todo eso sin protestar era porque se sentía aturdido, todo daba vueltas a su alrededor y las cosas empezaban a nublarse, algo muy normal cuando te mezclan un sedante en la bebida. Al despertar le dolía todo el cuerpo, y no tenía idea de donde estaba, intentó aclarar sus ideas cuando se escucho la voz del director:

- El juego ha empezado, las presas ya están sueltas, les deseo una gran cacería.

Las ideas se le aclararon, recordó todo lo que había dicho el director y decidió seguir su consejo, hecho a correr como nunca antes, con la única idea de salir de ahí, no tardó en reconocer el sitio como “La presa”, por lo que seguramente si seguía todo recto no tardaría en llegar a las verjas, cuando por fin llego apenas podía con su alma, nunca pensó que fuese un sitio tan grande, sabía que no tenía tiempo de recuperar el aliento ya lo haría cuando saliese de allí, se disponía a saltar la verja cuando una voz conocía le gritó:

- ¡No lo hagas!

No necesitó girarse para saber quien era, pero en cuanto lo hizo se encontró con María, vestida como cuando le pareció verla.

- ¿Por qué? - preguntó sin entenderla.

María se quedó muda, le apartó la mirada avergonzada, nunca pensó que él la vería así, tragó saliva y recogiendo una piedra la tiró contra la verja haciendo que saltasen chispas.

- Están electrificadas. – dijo sorprendido - Da igual, tenemos que encontrar otro modo de salir de aquí.
-Yo no puedo…- susurró en respuesta.

Pero antes de que pudiese preguntarle el motivo, de que ella pudiese explicarle más cosas fueron interrumpidos por una voz ronca.

- Cuanto tiempo sin vernos conejita, aunque esta vez es a tu amigo al que busco.- dijo relamiéndose los labios el mismo hombre al que Ai había ayudado.

María se puso delante de su amigo para protegerle, el hombre se río ante ese acto y de un rápido golpe la tiró al suelo, Ai intento ir hacía ella para ayudarla, pero el hombre le cogió del brazo, a pesar de toda la ropa que llevaba sintió el contacto en su piel como si le quemaran, su sensibilidad era tal que casi se desmaya del dolor, se dijo así mismo que no podía abandonar a su amiga en esa situación y comenzó a forcejear.

- Espera a que le haga efecto la droga, entonces veras lo que es en realidad.- le decía el hombre entre carcajadas.

Pero no le hizo caso, por lo que acabó inmovilizado en el suelo, en principio estaba de cara al suelo, pero le dio la vuelta porque quería ver su cara en todo momento, quería ver como pasaba del terror al placer, placer que él se encargaría de darle. Con un machete comenzó a cortarle las ropas, el simple roce de este contra la blanquecina piel hizo que empezara a sangrar, haciendo que el hombre le mirase estupefacto por unos segundos, pera luego continuar su trabajo, en cuanto acabo con sus ropas empezó a lamer la sangre, Ai no soportaba el dolor que le producía se retorcía entre los brazos de aquel hombre mientras gritaba pidiendo ayuda desesperado.
María no se movió, se quedo allí observándolo todo en silencio, habían sido amigos desde la infancia , ya no era capaza de recordar hacía cuanto tiempo se había enamorado de él, sólo sabía que era la primera vez que lo veía desnudo, y que quería ser ella quien le estuviese acariciando, el cazador se dio cuenta y la ordenó que se acercara sin soltar a la presa que de verdad le interesaba.

- Te dejare jugar un rato con él, pero que te quede claro que es mío y tú también así que sólo harás lo que yo te diga, desnúdate.

María obedeció en silencio, ante los ojos llorosos de su amigo, que la miraba con reproche, pero a ella ya no le importaba, la droga había hecho efecto y sólo haría lo que se le ordenara, y esta vez las cosas eran diferentes porque a ella no le importaba que fuese contar de poder tocar a su amor.

Ai continuo gritando, forcejeando hasta quedarse sin fuerzas, el dolor era tan grande que muchas veces había estado a punto de desmayarse, pero aquel hombre no lo había permitido, lo quería despierto para cuando llegase el momento.

No supo cuanto tiempo paso, hasta que apareció alguien.

- Estos son míos, caza los tuyos propios.- había dicho el hombre sin apartar la vista de Ai.

Y antes de que pudiese darse cuenta había sido golpeado hasta caer inconsciente, habían apartado a María haciendo que se quedase de pie, como si no hubiese pasado nada, mientras que Ai se abraza a sus rodillas tiritando convulsivamente, su salvador se acercó, viendo como la piel blanquecina se había teñido con la sangre de su dueño, sangre que salía de las heridas que le habían provocado al tocarle, la que no estaba manchada, estaba morada. Se acerco con más cuidado a él y le tapó con su abrigo, sólo entonces Ai levantó la mirada para encontrare con el mismo joven con el había chocado la noche pasada, este le reconoció en seguida y esta vez le ofreció su mano para ayudarle a levantarse, al intentarlo se tambaleo y estuvo a punto de volver a caer, pero en un momento el otro le cogió en brazos y lo llevo así hasta la ambulancia.

- Buena redada ¿Verdad Tai? - le dijo uno de los policías.

Este miró al chico que acaba de dejar para que curaran y examinaran en la ambulancia y contestó:
- Podíamos haber llegado antes.

Ante aquella respuesta, el policía miró lo mismo que veía su compañero, las chicas que se llevaban para desintoxicar y lo que a sus ojos le pareció un niño lleno de golpes, pensó que seguramente a él le habían forzado, y apartó la mirada ante la dureza de la vida y de parte de su trabajo.

- ¿Cómo está? - preguntó Tai al medico que había atendido a Ai.
- Está intacto, debió de luchar como un valiente, asido el más difícil de tratar.
- ¿Qué quiere decir?
- Ese chico es un caso muy especial, ya había oído hablar de él en el hospital, pero nunca le había visto, tiene una enfermedad que hace que una caricia para él sea un golpe, por eso al curarle teníamos que tener cuidado de no hacerle más daño. ¿Quiere verlo?

Tai se limitó a asentir y en pocos segundos se encontró delante del chico al que había salvado que continuaba tapándose con su abrigo.

- ¿Cómo estas?- le preguntó más por decir algo que otra cosa.
- ¿Y María? - respondió sin querer responder a una pregunta que no sabía como contestar en ese momento.
- Hmmm… la chica que estaba contigo esta bien, sólo tiene que desintoxicarse, en cuanto se le vaya toda la mierda que le metieron volverá a ser la chica de siempre.
Hemos llamado a tu casa, pero no contesto nadie.
- Mi madre se iba hoy a Alemania, es azafata, y mi padre no quiere saber de mi porque según él soy un monstruo, quizá tenga razón.- respondió.
- No creo que alguien como tu sea un monstruo y si quieres puedes venir conmigo hasta que vuelva tu madre. - le dijo sin mirarle y sin pensar en lo que estaba diciendo.

Ai le miro y le dijo:
- Todavía no me has dicho tu nombre.
- Taichi, Tai para los amigos y tu ¿eres sólo Ai?
- Si mi madre pensó que era una manera de demostrarme que me quería, con eso de que no puede tocarme.

Tai pensó que debió ser muy duro, pero se guardo el comentario.

- Vamos tu carruaje espera.

Y antes de que Ai pudiese decir algo más le metió en el coche y le puso el cinturón de seguridad, se sorprendió de que no se quejara, acaso no había dicho que no podían tocarle.

En el coche Ai se quedó dormido, apoyado contra la ventanilla, no fue hasta Tai le volvió acoger que abrió los ojos, y sin pensarlo, como si fuese algo natural para él paso sus brazos al rededor de su cuello y volvió a quedarse dormido. Tai no entendía nada, no podía explicar por que se había llevado al chico a su casa, por que actuaba así con él y por que no lo había olvidado desde que chocaron.

Para cuando Ai volvió a despertarse llevaba un pijama inmenso, y su salvador permanecía dormido en una silla a su lado, no sabría decir porque lo hizo, pero se levantó de la cama e hizo que este se metiera para después acostarse a su lado y volver a dormirse abrazado a él, Tai se quedó sin saber como reaccionar, intentaba contenerse porque no quería hacerle daño, aunque al ponerle el pijama había comprobado que no le aparecían nuevas heridas, y decidió que a partir de ese momento viviría para protegerle.

jueves, septiembre 13, 2007

Tinte para el corazón

Bueno esto si que trae recuerdos, he encontrado esta historia que escribí hará unos 3 años, se dice pronto, es de un rpg en que el que jugué basado en “Ai no Kusabi”, esto si que es en memoria de “Tanagura”. Además como últimamente pongo pocas cosas, porque no he terminado ninguna historia corta, ni larga ni nada, pues pongo esta y eso que me ahorro.

Tinte para el corazón

Debía haber estado en la incubadora hasta adquirir el aspecto de un adolescente apuesto, pero el blondie que lo había comprado decidió criarlo como si fuese un niño normal, le enseño que todos eran iguales y le dejo elegir por si mismo.

Estaba solo en la mansión, y se aburría, mucho sitio para jugar, pero nadie con quien hacerlo, eso sin contar a Laury el perro que había encontrado en su primera escapada de la mansión hasta Ceres, lo miró y con una sonrisa picara le indico que fuesen por el hueco de la valla irían al Memorial a jugar, con suerte encontraban a más chicos de su edad, si hubiese sabido las consecuencias que aquello tendría se habría quedado en casa, pero en ella sólo quedó una nota que rezaba.

“Nii-chan me fui a jugar, volveré pronto, seguro que antes de que llegues tu para leer esta nota.
Te quiere Yu-chan”

No fue más niños lo que encontró, ni mucho menos, si no hombres que le miraban de un modo extraño y él no entendía el motivo , sólo sabía que no debía confiar en ellos, porque Laury se había puesto a su lado en una posición que indicaba que les atacaría si era necesario, y así fue, en el momento en que uno de los hombres lo cogió del brazo el perro le mordió y no lo soltó hasta que noto que los otros en lugar de ayudar a su compañero se acercaban a su amo, no había lugar al que huir, ni nadie cerca al que pedir ayuda, por eso cuando se le acercaron la emprendió a patadas con ellos, si su perro no los quería, por algo seria. Un hombre logro cogerle, tapándole la boca con el brazo por si gritaba, por eso le mordió.

- Maldito crió. – dijo soltándolo – Tendrá que ser a las malas.

Dicho eso fue disparado con una pistola de descargas eléctricas que le hizo perder la conciencia, lo ultimo que vio, a su perro tendido en un charco de sangre.

Despertó por un golpe en su rostro que le partió el labio, le dolía la cabeza y los brazos, tenía la sensación de que el peso de todo su ser estaba en ellos y así era, lo habían colgado por las muñecas, no dejaban de preguntarle por Shiro, donde estaba que ordenes le había dado Tachibana-san, no les dijo nada, a su mente sólo volvía la imagen de Laury entre sangre, deseo que estuviese bien, llevaban juntos desde hacía tanto tiempo, que no podía imaginarse dormir sin él, jugar sin él, no, no podía imaginarse hacer nada sin él, porque llenaba aquella vacía mansión en la que quedaba cada vez que su hermano debía trabajar y desaparecía por tantas horas, incluso días, pero no se lo reprochaba, porque cuando estaba, estaba sólo para él, llenando las estancias de ruido, tirándose por él suelo para jugar con él, no lo traicionaría, por el amor que sentía por él.

Las preguntas sobre Shiro seguían, y él callaba, callaba y sufría los golpes con terquedad, no hablaría, no traicionaría a su familia.

- Si hablas las cosas serán más fáciles para todos, y saldrás mejor parado. – le dijo uno de los hombres sujetándole el rostro con algo de delicadeza.

Se apartó del contacto del hombre con brusquedad, mirándole con asco, molesto por la reacción, el adorno que mandaba, indicó que las torturas podían empezar.

- Recuerda que no han de notarse las marcas, y preferiblemente no ha de tocarse esa cara bonita. – habló con un hombre de cabellos castaños que abrió un maletín y comenzó a sacar diferentes cosas, desde clavos hasta material quirúrgico, para terminar por elegir un bisturí.
- Desnudarle. - un tono frió calculador, de alguien que no se dejaba llevar por sentimentalismos.


Llego a casa con una sensación extraña que no había podido quitarse en todo el día, al no encontrarlo, cobro nombre, miedo, la nota cayó arrugada al suelo tras leerla y salir corriendo. Estaba subiendo a la moto para ir más rapido, cuando algo le hizo pensar que necesitaría el coche.

Al llegar al Memorial, supo que su decisión había sido acertada, rodeado por algunos curiosos estaba el cuerpo de Laury, cerca de él se encontraba una zapatilla, una de las preferidas de su hermano. Apartó a la gente y recogió al perro manchando su ropa con sangre reseca, metió el cuerpo frió e inerte en el maletero junto a la zapatilla perdida, y marcho en una búsqueda desesperada, por cada sitio que pasaba la incertidumbre, la ira y el deseo de venganza era más fuerte, pero sobre todo la culpa... culpa por no haber estado con él, por dejarle siempre solo, por no darle lo que más necesitaba, su presencia.


Sus gritos de dolor hacían eco por la habitación, sus muñecas sangraban mientras se retorcía, los cortes de su cuerpo, pequeños y precisos apenas sangraban pero el dolor que provocaban le hacían creer que se volvería loco, su voz ya no daba más de si, apenas podía seguir gritando, pero ni por esas habló, no dijo donde podía estar Shiro, no describió al misterioso Tachibana-san, el blondie que nadie veía jamás, y aunque hubiese querido tampoco podría, ni él, que vivía en su mansión lo había visto.

- Se suponía que apenas tardaríamos unas horas, pero llevamos aquí encerrados toda la tarde, es un niño, es que no podéis hacerle hablar. – se quejaba uno de los hombres que seguía las ordenes del adorno.
- Su espíritu es fuerte como el de un buen pura sangre, no es fácil doblegarlo, necesitaría más tiempo, y sería un buen cachorro, dócil, haría cuanto su amo le ordenase. - explicaba el hombre mientras le hacía otra pequeña incisión arrancándole otro grito –Soy el mejor en mi trabajo, no sólo conozco los sitios donde un mínimo corte te hace retorcerte de dolor, sino que también conozco los puntos que te hacen hacerlo de placer. – su mirada se torno lasciva cuando toco en uno de ellos a su victima, que no tardo en reaccionar soltando una mezcla entre un gemido y un grito.

Yukio se mordió el labio hasta hacerse sangrar, los tenía morados de tantas veces que lo había hecho para evitar perder el conocimiento, pero ahora era distinto, el simple roce de los dedos de aquel hombre había hecho que su cuerpo se estremeciera y no de dolor precisamente, de un modo que no sabría explicar, sólo estaba seguro de que no quería que volviese a tocarle así...


Tras ir de sitio a otro reuniendo información, le habían dicho de un lugar en Eos, cerca de los Galpones, pisando el acelerador fue todo lo rápido que pudo al sitio. Intentaba mantener la cordura, deseaba que no le hubiesen hecho nada, era sólo un niño, su niño, hermano, amigo, y más que eso un hijo, si un hijo por que él le había criado, había cambiado pañales, dado biberones, bajado fiebres y espantado monstruos invisibles, ahora acabaría con los reales.


Las lágrimas recorrían su rostro, en su mente sólo un nombre “Shiro”, una suplica, que estuviese bien, que por favor alguien le ayudase, se estaba volviendo loco. El dolor era indescriptible, recorría todo su ser, su corazón se estaba rompiendo, la idea de que le importase tan poco a la persona que era todo cuanto tenía, su única familia, como para permitir que le torturasen de aquel modo le aterraba, estaba seguro de que no sabía nada, ni tan siquiera habría leído la nota, porque a esas horas él estaba trabajando, pero ¿qué hora era ya?, ¿en que momento había perdido la noción del tiempo?

Unas manos sobre su cuerpo, provocando que todo su ser se estremeciera, que se mordiese los labios para evitar soltar cualquier sonido y cerrase los ojos alejando la visión de aquel hombre que lo miraba como si fuese menos que un cacho de carne.

- No te aguantes, se buen perro y déjame escucharte. – Le lamió la mejilla - Déjame escuchar los sonidos que te provoca mi contacto. - le susurraba al oído sin dejar de usar le mismo tono frío que cuando llego.

El adorno se acerco a él y recordándole las órdenes le espetó:

- No deben quedar marcas en él. Y tampoco ser poseído por ti, no esta entre los planes, vale más así que si tú te atreves a desobedecer.
- Conozco muy bien las órdenes, no necesito que me las repita. Se de sobra lo que me hará tu amo si le traiciono. No necesito poseerlo para disfrutar, me basta con ver como se retuerce ante mi contacto, con escuchar sus gemidos, como se doblega ante mí y acaba suplicando más. – respondió sin dejar de tocarlo.

Quedó sorprendido cuando el cuerpo dejo de moverse, apartó la vista del adorno, para mirar al chico, creyendo que se había desmayado, y en ese momento Yukio le escupió la sangre que se había agolpado en su boca.

- No me toques. – dijo con la poca voz que le quedaba, haciéndola sonar como una amenaza.

Los mogrels contratados para vigilar observaron como llegaba una figura vestida de blanco, de cabellos largos de un rubio claro, que ondeaban sueltos como una bandera, mientras se acercaba hacía ellos con un paso firme y seguro. Su belleza era tal que los dejo boca abiertos, recordaba a un adonis, un dios enviado para darles su recompensa, que equivocados estaban, era el mismo diablo, sus ojos refulgían como el fuego, no dudo en arrebatarles la vida dejando caer al suelo sus cuerpos inertes, permitiendo que la sangre tiñese sus ropajes, mientras una sonrisa diabólica aprecia en sus labios.

- No me toques.- volvió a decir Yukio intentando apartarse de aquel hombre.

El adorno observaba en silencio, no podía negarlo, disfrutaba la ver el rostro del joven, al escuchar sus gemidos mezcla de placer y dolor, se sobresalto al oír gritos que provenían de fuera y cuando se levanto molestó para ver que pasaba, la figura de blanco apareció ante ellos.

- No te molestes, ellos están muertos.- se escucho la voz del demonio, antes de que su risa inundase la habitación.
- ¿Quién eres?- preguntó el adorno a pesar de que ya lo sabía.
- Tu me buscaste, me retaste, eres tu el culpable de la muerte de tus compañeros, acaso no sabes que soy aquel que siempre deja un rastro de muerte a su paso. – reía al ver la expresión de terror de los hombres.
- No puedes hacerme nada, mi amo querrá saber...
- Y a mi que me importa tu amo, él también pagara por sus pecados, yo seré su verdugo y su juez.
- Atrévete a hacer algo y mato al chico.- dijo el torturador sujetando el cuerpo de Yukio.

El demonio paro en seco, su mirada se dirigió al único motivo por el que acaba de matar a tantos hombres con sus manos desnudas, no quería que le hicieran más daño, vio su piel pálida llena de cortes y moretones, manchas de sangre, el sudor que recorría aquel cuerpo desnudo que tantas veces había abrazado y acunado, bajo la cabeza, para levantarla con los ojos aún más brillantes por el odio, odio hacía si mismo por no haber podido impedirlo.

- Si es a mí al que queréis cogerme, no torturéis más al inocente por haber caído en las redes del diablo Tachibana.
- Todavía nos queda tu adorno, mi amo quiere venganza contra ambos.- hablaba el pelirrojo socarronamente.

Nadie se esperaba que Yukio cayese al suelo por su propio peso, porque en todo ese tiempo había estado forzando las cuerdas que le sujetaban y levantándose con las pocas fuerzas que le quedaban dijo

- No os atreváis a tocar a mi hermano, no os lo permitiré.

Aquello los dejo tan sorprendidos que no tuvieron tiempo de reaccionar, el blondie sujeto al que había torturado al pequeño con una mano evitando con eso cualquier tipo de movimiento por su parte, y mientras forcejeaba lo soltó para sujetar con las dos manos su cabeza y aplastársela como si fuese una naranja, la sangre lo salpico todo, mientras el adorno gritaba y salía corriendo en un vano intento de huida pues fue atrapado y cazado como si fuese una presa mediocre a la que elimino abriéndole el cráneo contra el suelo.

De pie en aquel edificio donde le habían torturado permanecía Yukio, lágrimas cayendo por su rostro, su cuerpo temblando por el contacto del aire, por rabia, por la impotencia de no haber podido hacer nada. Notó como era cubierto por un abrigo, y cogido en brazos.

- Ya paso, ya paso todo... te pondrás bien...- decía Tachibana-san en su oído, apenas un susurro antes de permitirse perder la conciencia.

En sus sueños veía a Laury, todo estaba bien, se acurrucaba en la cama buscándole, buscando su calor su cercanía, siempre tenía frió, y aquella noche se estaba helando necesitaba sentir a Laury, saber que estaba allí, pero no estaba, no estaría más. Abrió los ojos y junto a la ventana con la mirada perdida estaba el blondie, sus ropas y cabellos seguían cubiertos por la sangre, mientras que a él le habían limpiado y vendado.

- Niichan – llamo la atención del hombre que se giro con la sorpresa y la pena entremezclada en su mirada – ya paso todo, tu mismo lo dijiste, nos pondremos bien, las heridas curan.
- ¿Hace cuanto que lo sabes?
- Ya no lo recuerdo, pero un día vi que mi hermano cambiaba el color de su pelo en la noche, el rojo carmesí se volvió oro y saliste vestido de blanco como si fueses un ángel.- respondió con calma.
- Siempre pones las cosas como si fuesen hermosas, como lo eres tu, no soy un ángel, soy un demonio, que devuelve el bien con mal, mira lo que te han hecho a ti por mi culpa.- dijo dejando que las lágrimas recorriesen su rostro, dejando salir aquel dolor que se había apoderado de su corazón.

Tomó el rostro de su hermano entre sus manos y le miró a los ojos.

- Tranquilo, yo no te culpo, no te culpes tu.- le pidió
- Yukio, Yu-chan, mi pequeño diablillo siempre haciendo de las tuyas.- sonrió al decirlo
- Niichan dime por favor que los hace superiores, que les permite abusar de los demás y quedar impunes, dímelo tu que eres un dios en este mundo sin sentido.
- Nada, nada más que los deseos de una maquina. No sólo tienes una voz preciosa y eres hermosos por dentro y por fuera, si no que eres inteligente, capaz de ayudarme siempre con los cálculos e inventarios, podrías cumplir perfectamente el papel de un adorno, el color del pelo, la piel, los ojos todo eso da igual, lo importante es lo de dentro.

Shiro Tachibana hizo que volviese a acostarse, debía descansar para curar sus heridas lo antes posibles, permaneció un tiempo de pie observándolo, antes de tomar una decisión, se puso su abrigo y salio de allí, un fantasma en la noche, un fantasma atormentado que no deseaba curar sus heridas, si no las de aquel al que llamaba hermano.


Al despertar busco a s hermano por todo aquel piso, pero no lo encontró, no encontró nada más que una nota en la mesa.

“Yu-chan es el momento de que elijas tu propio camino.
Como veras hay dos botes en la mesa:
El azul te permitirá seguir tu vida como hasta ahora si te lo bebes olvidaras lo que paso y volverás a la mansión.
El rojo, el rojo es un camino nuevo y duro, no habrá vuelta atrás, si te lavas el pelo con eso, jamás volverá a ser negro, es un producto químico que hará que tu pelo sea siempre rojo, bajo el hay una tarjeta de un blondie que necesita a un adorno, ese serias tu, la decisión es tuya.
Quédate en el piso hasta que sanes, la nevera esta llena y si necesitas algo, hay una tarjeta en ella de un restaurante que te servirá lo que necesites.
Te quiere, siempre tuyo, tu hermano
Shiro”

Ahora si que lloro, desconsolado, perdido y solo, la persona en la que más confiaba le había dejado solo, le había abandonado después de todo, lloro porque ya no tenía nada, y no sabía que era lo que quería, en su cabeza la conversación de la noche anterior, los acontecimientos, todo estaba allí, no quería nada más que a su hermano, sólo eso, Laury no iba a volver y a él le daba igual recordar mientras estuviese con su hermano, pero sabía que el bote azul no era la solución, le haría olvidar y estar solo en una mansión inmensa, su hermano no iba a estar, y el rojo... el rojo como el pelo de los adornos, ser uno de ellos, tenerlos a sus pies, si, cogería el rojo, demostraría que los mogrels también podían ser adornos, que era capaz de trabajar como ellos, de mover inmensas cantidades de dinero y hacer que su jefe ganase mucho más, y entonces algún día su camino se cruzaría con el de su hermano y le diría que todo eso era gracias a lo que aprendió de niño y que le perdonaba por dejarle solo, porque así sería más fuerte y porque sabía que era él quien no podía verle, quien llevaba la carga de todo.

Cicatrices que no terminan de cerrarse, la promesa de no mencionar el tiempo pasado, aquella noche en la que lo perdió todo cuanto amo.

- Sakano- san me está esperando. - hizo saber un adorno alto y de espaldas anchas con la expresión seria.
- ¿A quien debo anunciar? – preguntó la vocecilla del chico intimidado por aquel hombre, cuando sintió que una mano se posaba en su hombro y se giró para ver a un chico de cabellos rojizos y unos vivos ojos verdes.
- Yo me encargo Ai-chan – sonrió al muchacho, antes de volver a mirar al adorno - debes de ser de las empresas Gravenizts.

El hombre no contestó, se limitó a mirarle con cierto aire de superioridad.

- Si quieres ver al jefe, sigue este culito. - dijo sonriendo con picardía y dándose la vuelta.

El adorno lo miró molestó por semejante comportamiento, pero no podía apartar los ojos de aquel cuerpo que se movía de un modo sensual, insinuante como una serpiente, sus piernas enfundadas en unos pantalones ajustados rojos, que se pegaban más por las correas negras que llevaba cruzadas, la camiseta sin mangas que llevaba de color negro y una torerilla roja, no sabía decir que tenía aquel chico que no podía apartar la mirada.

- Jefe el adorno de los Gravenizts está aquí, le hago pasar.- anunció.
- Yu no podrías encargarte tu.- se escucho que pedía el hombre con tono cansado, sin preocuparse de que el otro adorno lo escuchara e hiciera un bufido de desaprobación.
- Sería un placer, pero el no tiene pinta de querer tratar con una belleza como yo. Pero no se preocupe le deje todo preparado en la mesa, es la carpeta verde que tienes al lado del teléfono. – se giró y miró al adorno con una sonrisa picara - Puedes pasar encanto, no me lo aburras mucho.

El hombre prefirió hacer que no había escuchado el comentario y se dispuso a entrar una vez había salido el otro chico, el cual aprovecho para pellizcarle el culo e irse cantando como si cualquier cosa. Una voz que durante varios días se quedo en la mente del adorno junto a aquel cuerpo insinuante.