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martes, noviembre 13, 2012

Segunda semana

Puh conejoComo no estoy en mi casa y olvide escanear el dibujo le he hecho una foto, no ha quedado precisamente bien, pero así Fj no se puede quejar, un dibujo por semana (este tenía que subirlo el domingo).

 El regreso de la serpiente 


Estaba delante de la casa jugando al escondite con la pequeña cuando lo vio. Se acercaba con una sonrisa, podría engañar a otros con esa pinta de no haber roto un plato en su vida, pero no a él, él sabía demasiado y su cuerpo lo recordaba bien, podía sentir su ojo palpitando y sus músculos tensarse, pero a pesar del miedo recorriéndole el cuerpo, le mantuvo la mirada, deseando con todo su corazón que se aburriese antes de seguir avanzado y se marchara sin ver a la pequeña. Maldijo al destino, a las circunstancias y a todo la familia Rose a la que por desgracia pertenecía en cuanto se dio cuenta de que Irvin miraba a otro lado, siguió la mirada y vio lo que veía, la niña lo miraba fijamente sin saber que se trataba de su abuelo.
Irvin se acercó lentamente a ella para cogerla en brazos, pero en cuanto acercó la mano, ella le pego en la mano y se apartó, pero él insistió en su intento, la levanto del suelo dejando caer el conejo de peluche y recibiendo un mordisco, podía sentir los dientecitos de ella clavándose en su carne a la vez que intentaba clavarle las uñas a través de la ropa. Cuando Connor vio la situación corrió la distancia que los separaba preocupado por lo que pudiese hacer su primo o la serpiente que escondía bajo sus ropas, pero cuando se la quito de los brazos y vio como la miraba dejandole herirle, supo que ese hombre no le haría daño a la pequeña. 
"No se hace.Mira que triste se pone Ma cuando no esta contigo.- la regañó antes de coger el conejo y colocarlo a su lado, con el conejo a su lado la niña se calmo, y él la abrazo con más fuerza sintiendo el calor que desprendía su pequeño cuerpo. -No eres bienvenido." le dijo firmemente a su primo.
El moreno miraba la sangre goteando de su mano, y pudo sentir un picor molesto bajo la ropa, seguramente la pequeña había logrado arañarle, levantó esa misma mano para golpear al rubio molesto porque se la hubiese quitado de los brazos, pero se detuvo en seco al quedarse mirando a la niña, era igual a ella, el pelo, los ojos, la forma en que inflaba los mofletes enfadada, de verdad quería cogerla, no le importaba que volviese a morderle.
"Me mentiste." Dijo a Connor mirándolo con emoción, algo que sólo Kitsuneko lograba provocar  aún así sus palabras no mostraron rastro de emoción, no dijo una más alta que la otra.
"No delante delante de ella.- Contesta sin amedrentarse, aunque fue el primero en girarse e ir hacía la casa.-Vamos a merendar." Dijo en un tonó alegre para la niña en sus brazos.
Directos a la cocina, los dos conocían bien el camino, lo habían hecho juntos en su infancia  y la ultima vez que se habían visto, Irvin lo asalto en ese mismo lugar, hiriéndolo gravemente y dejando que la sangre manchase los pocos buenos recuerdos que quedaban entre ellos. Connor colocó a la pequeña en una silla para niños junto al conejo, le da con un dedo en la nariz y le roba una sonrisa desdentada de dientes de leche por salir.
"Dulces para lo dulce." le dice jugando con ella y sabiéndose vigilado por la persona que más miedo y dolor le provoca.
Evitando demostrar sus emociones para no asustar a su ahijada, puso a calentar agua para hacer y te, y en lo que espera empieza a cortar una manzana en forma de conejitos que coloca delante de la pequeña, los come enseguida sin perder la sonrisa que le hace tener el rubio.
"Creí que habías dicho que nunca volverías aquí." Le recuerda al moreno mientras prepara un gran vaso de leche con chocolate, al que pone una pajita antes de servirlo.
El hombre deja de mirar a la niña para mirarlo a él, espera una respuesta a lo que le dijo antes, y que sea convincente.
"Ella sólo se parece, no tiene nada que ver con Kitsuneko,- Dice Connor entendiéndolo  - ni contigo." asegura sin pestañear, aunque sabe que eso no sera suficiente.
Irvin le acaricia la cabeza a la pequeña, no puede ser que no sea suya, son tan parecidas, es como tener el pasado ante sus ojos, salvo porque la pequeña le mira enfada y le pega en la mano.
"Noo." Le dice la niña haciendo un mohín.
Irvin se aleja de la niña, mirándola con cariño, por un momento piensa en que ella pudo haberlo engañado y seguir viva, así que se acerca a Connor mientras sirve el agua caliente para el te y lo empuja para que esta le queme la mano, el hombre aguanta el grito de dolor y se resiste a dejar caer la tetera, parece haber olvidado lo que puede hacerle, así que le ayuda rompiéndole la muñeca de la misma mano antes de que pueda ponerla bajo el chorro de agua fría.
"Eso te sirve para recordar, ¿quieres que termine lo que empece con tu ojo?"
Connor traga saliva, quisiera gritar de dolor, pero no quiere asustar a la pequeña, ni traicionarla, ni a ella ni a su abuela.
"Te repito lo mismo que aquel día, - tiene que morderse el labio aguantando el dolor -Kitsuneko murió sin dejar descendencia, - Irvin le mueve la muñeca para que le duela más - es cierto que paso un tiempo conmigo cuando desapareció, pero no para traer a luz a tu bastardo, si no para que la curase de las heridas que le causaste. - Connor vuelve a intentar abrir el grifo con su mano sana, pero Irvin le retuerce la otra y tiene que seguir hablando y no pensar en el dolor. - Esa pequeña es sólo la hija de un paciente que me ha pedido el favor de que la cuide mientras esta de viaje. Irvin no puedo mentirte, ni enfrentarme a ti..."
La pequeña se da cuenta de que algo raro pasa, y sin dudar se baja de la silla y arrastra tras ella al enorme conejo de peluche, va directa a donde están los adultos y con sus mofletes inflados le da de patadas a Irvin.
."No malo tito." Dice sin dejar de patearle, la serpiente de Irvin asoma de entre sus ropas siseandole para asustarla, pero para sorpresa de Irvin, no se asusta trata de golpearla con Ma y termina haciéndolo con su manita libre cuando está lo esquiva.
Connor se recompone como puede, la mano le arde, la muñeca le duele y quisiera llorar su dolor, pero en su lugar se ocupa de la situación.
"No se hace, no esta bien." Aunque casi le da la risa, porque de alguna forma esa niña puede con Irvin y su serpiente, y eso de alguna forma le hace olvidarse de su dolor.
Quizás por esa situación tan surrealista, el hombre termina su tortura y hace ver a la niña que ella ha ganado, aunque por la mirada que le dirige al otro esta claro que las cosas no van a terminar ahí. Seguramente busque información, averiguara si su primo el "valiente" se ha atrevido a mentirle y si es así le sacara los ojos y romperá las manos, pero no ha ni una sola persona, ni un sólo papel que le digan y confirmen lo que su corazón le dice, que esa niña es sangre de su sangre y que Kitsuneko se fue del mundo sin decirle que le había dado un hijo, únicamente Connor puede decirlo, pero aunque se deje torturar por él, no se lo dirá aunque le cueste le vida, desde el día en que hizo ese juramento a su prima sabía que no podría respirar tranquilo.

Connor, Siete, Mam e Irvin.

domingo, noviembre 04, 2012

Primera semana

Puh conejoVeamos, en unos días, unos cuantos, como podéis leer en el garabato de un poco más abajo es el cumple de FJ, entonces como de mis amigos es de los pocos con los que sigo en contacto, dado que me estoy haciendo más asocial cada día, decidí hacerle un dibujo a la semana hasta que llegue su cumple, pero siempre termino montando una película en mi cabeza cuando dibujo, me imagino lo que paso entre los personajes y si no garabateo a ningún personaje existente termino con un personaje nuevo y una historia nueva, así que aquí va la historia corta, muy corta que acompaña al dibujo de un poco más abajo.

Sueños


        No había retratos, no había recuerdos de ella a su alrededor, él mismo lo destruyó todo, pero a veces su imagen le visitaba en sueños, recuerdos de su infancia algunos le hacían sentir una calidez que no podía explicar, y otros le hacían sentir punzadas en el pecho, un dolor que echaba a un lado incapaz de comprender porque le dolía cuando ella lloraba, pero todos los sueños acaban siempre igual, con la ultima vez que la vio, cuando tuvo la oportunidad de decidir que camino escoger y eligió el camino de la sangre y la oscuridad para alimentarse.
Estaba frente a ella, sólo tenía que levantar el brazo para acariciar su pelo y no tenía que dar ni un paso para besarla como en el pasado, pero cada vez que sus labios iban a tocarse, ella desaparecía como arena llevada por el viento que a la vez le traía la voz de ese odioso primo lleno de buenas intenciones diciéndole "Aunque mojes tus manos para atrapar la arena, tarde o temprano se secara y el viento se la llevara con él, dejándote pequeños granos molestos de recuerdo."
Al despertar quisiera maldecirla, buscarla y decirle que ella no era nadie, no tenía ningún poder sobre él quien hacía sus propias reglas, pero era imposible, porque esas mismas manos que ansiaban tocarla, acariciarla una vez más eran las responsables de su muerte, así que si a lo largo del día su humor no mejoraba, terminaba haciendo el largo camino para ver a su primo y descargar su rabia en él.
Irvin & Kitsuneko

jueves, noviembre 15, 2007

Taki

Es para la historia esa de FJ, tenia uqe haberme currado más la historia, pero no hubo ganas.

Juego/Historia: Las katanas gemelas.

Nombre: Taki Jersey.
Apellido: Gouhou.
Apodo: Sombra.
Cumpleaños: 1 de noviembre.
Signo del zodiaco: Escorpio.
Edad: 19 años
Estatura: 1,68 m.
Lugar de nacimiento: Japón.

Cabello: Rubio en melena, normalmente sujeto en una coleta para que no le moleste.
Ojos: Almendrados y marrones.
Piel: Clara.
Rasgos: Finos.
Constitución: Delgada.

Ropa que lleva normalmente: Ajustada y negra o de cualquier color oscuro.
Ropa con que duerme: Interior o desnuda.

Bebida favorita: Agua.
Comida favorita: La tradicional.
Día favorito: El que se cumpla su venganza.
Color favorito: Carmesí.
Hobbies: Entrenar.
Serie TV favorito: No la ve mucho, sólo noticias.
Favoritos: Las armas, el entrenamiento, un trabajo bien hecho.
Cosas que odia: Al yonki, a Kirei Katsura, a los que mataron a sus padres.
Vicios: Entrenar.
Habilidades: La lucha y algunos conocimientos de medicina.
Defectos: No sabe ni freír un huevo frito.
Metas: Vengarse por el asesinato de sus padres.
Fobias: Fallar, morir antes de cumplir su venganza.
Otro: Su madre era extranjera, de hay su color de pelo.

Personalidad: Es una mujer atractiva, que atrae la mirada de los demás siendo conciente de ello, con sus ropas ajustadas y su mirada firme y agresiva hará lo que considere necesario para conseguir lo quiere, sin importar los daños que pueda causar al resto del mundo. Le cuesta mucho ver más allá de sus planes, y darse cuenta de que hay todo un mundo fuera de su venganza.
Frases: El fin justifica los medios. Los fuertes siempre ganan, los débiles son los que lloran.
Motivación: La venganza.

Historia:
Elegiste el camino de la venganza, en cada una de tus manos sujetas un arma, por las vidas que alejaron de tu lado, mientras te observo entrenarte con ahínco, aprendes a jugar como ellos, me pregunto si conoces todo aquello que te llevo a ello, quisiera decirte muchas cosas, pero si me acerco a ti, pondré una vida en peligro, e igual que tu eliges la venganza por los que ya no están, yo elijo proteger a los que todavía siguen con nosotros.
Recuerdos a medias confunden tu mente, tu verdad no es la verdad, no puedes ver con lo que cargas sin saberlo, lo que representa tu existencia, tu apellido, Gouhou, “Tesoro honorable”, es el nombre que reciben todos los miembros de la familia menor de los Katsura, es aquello que les recuerda que sus vidas no les pertenecen, su deber es ser la sombra de la casa principal y si es necesario morir por ella. Pero todo eso no lo sabes, porque tu familia fue el ultimo vestigio que quedo de ello, ni la sombra de lo que fue, apenas un recuerdo y el resto de unas cenizas que se llevo el viento.
Todos nosotros fuimos traicionados por la persona que debíamos proteger, nos hicieron matarnos entre nosotros por la promesa de una vida mejor, pero sólo eran mentiras que nos llevaron a la locura, pocos eran los niños que había entre nosotros, y ellos también fueron sacrificados a una causa que no era la nuestra.
Y tu la ultima ficha, puedo describir claramente como te convertiste en el peón que faltaba para darle la victoria, a un ser sin corazón.
Tu padre juro fidelidad eterna a Kirei, haría cualquier cosa por el, su rey que le permitió unirse a una extranjera y tener a su preciosa hija, un rey malvado que tenia planes para cada uno de sus súbditos, y el de tu padre, era morir como cabeza de turco para forjar una alianza que le daría más poder en el futuro, hizo creer a todos que éramos traicionados por uno de los nuestros, sin permitirnos ver que era el Rey quien nos daba la espalda, y tu lo creíste, creíste que la muerte de tu padre era culpa de otro hombre, con lagrimas por tu rostro, y ante sus ojos y por la sangre perdida y por tus ultimas lagrimas de niña, juraste venganza.

domingo, marzo 25, 2007

Naru-chan

Esto lo escribi hace muchiiisimo tiempo, pero como lo he vuelto a encontrar me apetecía ponerlo.

Disclaimer:
Naruto y sus personajes son propiedad de su autor...

¡¡QUE TE CALLES!!

Volvían a la aldea tras cumplir su misión, ya era de noche y Naruto estaba retrasado, aquel día le había dado por mirar las estrellas, se sentía triste de regresar, de nuevo volvería a aquella rutina. Cuando fueron atacados sin previo aviso, una emboscada bien preparada como si les estuviesen esperando, Kakashi-sensei desapareció, Sasuke luchaba contra dos de ellos y Sakura se defendía como podía, pero porque aquel circulo se cerraba sobre él, no lograba entenderlo, pero intentaba mantenerlos a raya, Kakashi-sensei apareció de nuevo quitándole a varios de encima, pero dos le sujetaron inmovilizándole los brazos y las piernas en el suelo, mientras que otro le cortaba la sudadera y la camiseta empezando a pintar con sangre extraños símbolos sobre su vientre a la vez que decía extrañas palabras, sólo entendió una cosa “kyubi”. Una energía de color rojo sangre que tomaba el aspecto de un zorro expulso a los hombres que le sujetaban, mientras que Naruto se levantaba para caer de nuevo al sentir que se sumergía en sangre.

Al despertar, todos le miraban como si le pasara algo muy grave, pero él se sentía perfectamente, y se levantó como si nada.

- ¿Qué pasa? - preguntó molesto por como le miraban.
- Tu…tu…- intentó decir Sakura.

No entendía nada, hasta que Kakashi le obligó a mirar su reflejo, tenía que ser una broma, aquello no podía ser posible, pero aunque intentó volver a su aspecto normal no puedo, porqué debía quedarse con su aspecto de sexy no jutsu.

- No debe saberse en la aldea, hasta que sepamos que te paso, quienes eran y que motivos tienen.- ordenó Kakashi.
- No pienso quedarme así.- decía enfadado intentando usar cualquier tipo de jutsu, pero no funcionaban.
- ¡¡Que te calles!!- le gritó Kakashi empezando a pensar como solucionarlo.

Sasuke miraba burlonamente a Naruto, mientras este se desesperaba y Sakura se enfadaba porque Sasuke no le quitaba la vista de encima con ese aspecto a Naruto.

- Decidido, Sakura déjale parte de tu ropa a Naru-chan - enfatizó esa manera de llamarle - a partir de ahora es tu prima lejana que vino de visita.
- ¿Cómo piensa explicárselo a los padres de Sakura? - preguntó Sasuke.
-Que te calles.- le dijo molestó, aunque tenía razón.

Mientras Naru-chan se cambiaba en unos arbustos para salir con cara de pocos amigos.

- ¿No puedo ponerme mi ropa? esto me aprieta.- se quejaba.
- ¿Dónde te aprieta?- preguntó la chica pelirosa al pensar que a ella le quedaba grande.
- Aquí.- contestó señalado el pecho.

Al ver el sitio Sakura golpeo fuertemente a su compañero haciendo que perdiese la conciencia otra vez. Cuando la recupero de nuevo todos estaban mirándole, y Kakashi ya tenía todo su plan pensado.

- ¿Cómo te sientes Naru-chan? - preguntó el maestro al notar algo extrañó en la reacción de Naruto que miraba todo como si lo viese por primera vez.
- ¿Quién es Naru-chan?

En lugar de preocuparse por la pérdida de memoria de su alumno comenzó a explicarle su plan como si fuese su vida.

- Tu eres Naru-chan, y vienes de la aldea de la arena, como estudiante de intercambio, te vas a quedar a vivir con Sasuke-kun - al escuchar su nombre el mencionado le interrumpió.
- Nadie dijo que se pudiese quedar en mi casa.
- ¡¡Que te calles!!- le gritó Kakashi antes de seguir mintiendo a Naruto- Vas a estar unos días, y te tienes que portar bien, si te preguntan, ya sabes vienes de la aldea de la arena, y te llamas Naru.

Naru-chan asistió, mientras Sakura se afilaba las uñas en un árbol y Sasuke refunfuñaba con la idea de vivir con ella.

Al llegar al a aldea se encontraron con Iruka por lo que Kakashi empujó a Naru a los brazos de Sasuke y le susurró al chico al odio.

- Enséñale la aldea y aseguraté de que Iruka no la vea.
- Hola chicos ¿y Naruto?- preguntó el profesor al no ver al joven que era como un hijo para él.
- Esta de intercambio en la aldea de la arena.- mintió descaradamente Kakashi mientras apoyaba un brazo en él y lo alejaba de allí.
- ¿Desde cuando hacemos intercambios? – preguntó extrañado.
- Que te calles- se quedó un momento en silencio- digo, es una nueva idea para que las aldeas se lleven bien entre si, eligieron a Naruto por su buen trabajo.
- ¿Y entonces porque no eligieron a Sasuke- kun?
- Ya sabes Naruto es más sociable y esas cosas.- contesta antes mandarle a callar.

Al día siguiente ya todo el mundo sabía que el chico del clan Uchiha vivía con una chica, la pregunta era ¿Qué chica?


Aullidos 5

~* Capitulo V: Dolor *~

Despierto en mi cuarto, los gritos de Sirius y James llenan la habitación.

- Sirius tienes que entenderlo, él podría haber acabado en Azkaban si llega a pasarle algo peor a Snape.
- No habría dejado que eso pasara. - Lo dice como si tuviese el poder de evitarlo. - Además así ese imbécil nos dejara en paz.. - Como si sus palabras lo arreglasen todo, no sabe lo que me ha quitado.

Sólo de escucharle me dan ganas de golpearle, en su lugar me hecho a llorar mientras cierro tan fuerte las manos que me clavo las uñas hasta que mis palmas sangran, pero ese dolor no es nada, el recordar mi traición duele más, todavía siento el sabor de su sangre en mi boca, su cuerpo bajo el mío, lo extrañó, y no puedo más que desear que todo esto sea una horrible pesadilla, pero es demasiado doloroso como para no ser real.

Nadie se da cuenta de que estoy despierto, demasiado ocupados en discutir entre ellos, no me importa, estoy acostumbrado, así puedo llorar cuanto quiera, no tendré que fingir una alegría que no siento, ni sonreírles, cuando lo que quiero es golpearles.

Peter entra jadeando, su cabello revuelto, tiene algo escondido dentro de la túnica, eso o esta embarazado algo que es imposible, así que será lo primero.

- Dumbledore a dicho que quiere hablar con Remus cuando se encuentre mejor. - Anuncia antes de salir corriendo a algún lugar, le envidio, ahora cualquier sitio me parece mejor que nuestro cuarto de siempre.

Me limpio el rostro con las sabanas, antes de levantarme y vestirme, por costumbre hago que todo va bien, no demuestro que he llorado, me apetece ducharme, siento que apesto a licántropo, no pierdo el tiempo con la ducha, simplemente quiero ir cuanto antes a que me expulsen y acabar con todo de una vez.

- He escuchado a Peter, será mejor que vaya solo. - Les digo, no quiero su compañía, ellos tiene la culpa, grita mi parte de lobo como si fuera un animal encerrado en una jaula.
- Iremos contigo. - Dice James poniendo una mano sobre mi hombro, como si quisiera darme fuerzas con ello.
- Si te expulsan nos iremos contigo. - Sentencia Sirius, me parece algo muy bonito, aunque mi parte de lobo sigue gruñendo porque me dejen, sigue culpándoles porque siente que la han encerrado, alejando a Snape.

Sonrío y les indico que vayamos, las cosas no iban a cambiar porque llorase les golpease o les echase la culpa.

Subimos juntos, sujetándonos de las manos, como si fuésemos de excursión, Dumbledore nos espera, a primera vista parece tener el aspecto de siempre, pero si le conoces bien, puedes ver que tiene un aire abatido.

- ¿Un caramelito? - Ofrece con una de sus sonrisas.

Negamos con la cabeza y esperamos de pie, estoy seguro de que seguirán malas noticias, no me importa mientras sean sólo para mí, necesito saber si el sabor a sangre que siento en la boca es realmente de Snape.

- Lo que ocurrió ayer, no puede volver a pasar, un estudiante podría haber muerto, por ello mejoraremos las medidas de seguridad, tanto por ti, como por el resto de estudiantes. - Su voz suena firme, muy segura de lo que esta diciendo, le escucho sin interrumpir, no entiendo a donde quiere llegar. - A partir de ahora, James y Sirius estarán encargados de tu vigilancia durante las noches de luna llena.

Sus palabras nos sorprenden a todos, pero noto que las manos de mis amigos se relajan y dejan de apretar las mías.

- ¿Qué pasa con Snape?- Pregunta James adelantándose a mi deseo de hacerlo.
- No dirá nada. - Nos hace saber, siento que si no lo dice es porque se lo han prohibido y lo considero injusto.- En estos momentos esta recuperándose en la enfermería, no ha tenido ninguna herida grave. - Termina dándose la vuelta, me da la sensación de que esta mintiendo.
- ¿Le mordí? - Pregunto directamente, necesito confirmar mis sospechas.
- No. - Responde enseguida, sin molestarse en pensarlo. - Debéis iros o llegareis tarde al entrenamiento, además Remus deberías estar vigilando.- Dice guiñándonos un ojo antes de acompañarnos a la puerta.

Aunque se comporta como siempre, me da la sensación de que quiere librarse de nosotros.

Aprovecho que ellos van a entrenar y que se supone que he de vigilar los pasillos para ir a la enfermería, necesito hablar con Snape, no sólo quiero pedirle disculpas, he de aclarar muchas cosas con él, me parece lo más justo.

Antes de que pueda abrir la puerta para entrar alguien sale y casi choca conmigo, me sorprende el ver a Peter, esta sonriendo y tiene la cara colorada, cruzamos miradas que ocultan un acuerdo tácito, ninguno dirá nada sobre este encuentro.

Veo a Snape en la cama, tiene en las manos una bufanda de su casa, a mi mente viene un recuerdo de que llevaba una cuando le ataque, recuerdo que se la arranque.

- Quiero hablar contigo. - Le hago saber mientras me acerco, el ambiente parece más tenso, pero no doy mi brazo a torcer, aun cuando me mira con un rostro frío, como una mascara pétrea, que sólo me permite distinguir una mirada acusadora que se clava en mi como cuchillas, parece que me odie y lo entiendo.
- ¿Cómo te atreves? - Empieza a decirme, sin dejar de mirarme, como si escupiese las palabras. - Después de lo que me has hecho.- Me da la sensación de que va a decir algo más, pero me mira apretando tanto los labios que apenas se ve una fina línea.
- Severus yo... - No sé muy bien que decirle, siento que todo se desvanece a mi alrededor, pero entonces una voz firme hace que todo vuelva su sitio.
- Déjale solo, no es el momento.- Reconozco la voz, es el jefe de casa de Slytherin y el profesor de pociones y defensa contra las artes oscuras, siempre me ha parecido que tiene una voz capaz de engatusar al mismo diablo, coloca una mano sobre mi hombro y me acompaña hasta la puerta.
- Dale tiempo, aún es pronto. - Dice para calmarme, le miro y asiento, mientras me pregunto cuanto años y cuantas cosas deberán pasar para que me perdone.

En el pasillo me cruzo con Malfoy me mira con el mayor de los desprecios, y me dice una palabra que me destroza por dentro.

- Licántropo.

Me vasta oírla para salir corriendo por los pasillos, corro sin rumbo, las lágrimas me ciegan, las lágrimas que desaparecieron cuando conocí a Severus, cuando permaneció a mi lado, y ahora que le he perdido, ellas han vuelto. Me choco con alguien y murmuro una disculpa antes de seguir corriendo, pero me coge del brazo y tira de mí, me encuentro de frente con Sirius.

- Te estaba buscando.- Habla limpiándome la cara con los dedos.
- Deja me ir. - Imploro deseando estar solo.
- No lo haré, no lo haré sin saber porque lloras.
- No tiene importancia.
- No mientas. no quiero que llores más a escondidas - Me abraza contra su pecho - yo te amo.

Su confesión me coge desprevenido, siempre pensé que amaba a James, no a mí, pero el saber que alguien es capaz de amarme sabiendo el monstruo que se oculta en mi, me hace sonreír, dejo que me bese y que me abrace y le correspondo, yo también le quiero, no es el mismo amor que sentía por Severus, no le amo.

Aullidos V

~* Capitulo V: Dolor *~

En mi perdida de conciencia, mis sueños fueron intranquilos, el recuerdo de mi padre borracho, apestando a alcohol mientras grita y golpea a mi madre, que aguanta los golpes mientras me dice que me esconda, y yo lo hago, cobardemente me escondo en el bosque, tapo mis oídos fuertemente no queriendo escuchar, pero escucho el aullido del lobo y al levantar la vista veo a la luna burlona, al lobo que primero parece mi amigo, y al transformares en humano me ataca, grito su nombre, como si con ello pudiese evitarlo, y entonces me despierto en la enfermería, me duele todo el cuerpo y la fiebre me trae el delirio, intento levantarme de la cama, pero unas manos fuertes me retienen, hacen que me acueste de nuevo, y apartan con cuidado el cabello pegado a mi frente sudada, antes de ponerme compresas de agua fría, me vuelvo a dormir, cuando escucho una voz susurrante diciendo:

- Tranquilo, ya paso.

No se cuanto tiempo duermo, pero cuando vuelvo a despertarme, estoy en la enfermería, a mi lado, sosteniendo mi mano firmemente esta Lucius, en su rostro se ven las huellas de la preocupación y el cansancio, me vasta verle, para saber que todo a sido real, alguien como él no se comportaría así por una simple pesadilla, aunque sigue pareciendo un príncipe.

- Despertaste.- Afirma al sentir mi mirada. - Has pasado la noche entera con fiebre, - Se acomoda en la butaca y posando una de sus manos grácil mente sobre mi frente. - me alegra ver que te ha bajado.

Aparto la mano que me sostiene y le doy un manotazo en la que ha puesto en mi frente.

- No me toques.- Digo con firmeza, demostrando el asco que siento en mi voz.

Me siento sucio y maloliente, a pesar de que han limpiado de mi todo rastro de sangre, pero no quiero que me toquen, no ahora que soy un sucio licántropo, intento apartarme de él, no quiero que alguien que ha sido tan bueno se ensucie por mi culpa.

No hace caso de mi deseo, si no que me obliga a mirarle, me sujeta del mentón con firmeza, y me besa, un beso distinto a los que nos habíamos dado hasta ahora, un beso que no tenia nada de juego, aunque no dejaba de ser una provocación, una tentación que deja claro, que yo no era su nuevo capricho, ni el cachorrillo que había pedido para navidad y del que se olvidaría después de vacaciones, o la escoba nueva que hubiese salido y que desecharía en cuanto hubiese algo mejor. Un beso que me hace gemir de placer antes de que me de cuenta, mientras me abrazo a él y acaricio sus cabellos olvidándome de que estamos en la enfermería del colegio. Mientras dejo que sus manos expertas sujeten mi cabeza ya no con fuerza, si no con una delicadeza que nadie a usado nunca jamás conmigo.

- Te tocare cuanto quiera.- Me espeta al romper el beso, con su respiración entremezclándose con la mía.

Sólo con ese detalle logra que me sienta de nuevo como antes, que olvide lo que soy ahora.

- No pienso dejar que escribas mi nombre en tu lista de conquistas.- Bromeo antes de mirarle a esos ojos como océanos de hielo y decirle. - Siento lo de tu bufanda.
- Yo más, era una bufanda exclusiva, tejida por... olvídalo, siempre puedo comprarme otra mejor. - Sonríe cínicamente. - Me gustaría que me contases lo ocurrido la otra noche.

Su voz deja claro que no es una petición, más bien una orden, como todo cuanto dice fríamente, no se lo tengo en cuenta, es más, llevo mi mano a los vendajes que hay alrededor de mi pecho y mi hombro, y los retiro, no hace nada por impedírmelo, me habría gustado que lo hubiese hecho, sobre mi hombro hay una gasa, también la quito y dejo ver la marca que me ha quedado y que cuando desaparezca, no se marchara para siempre, su maldición me perseguiría eternamente. Lucius la observa en silencio y yo contengo la respiración esperando su reacción, estoy seguro de que me despreciaría, un pura sangre como él, no iba a aceptar en su circulo de amistades al monstruo en el que me han convertido en contra de mi voluntad, pasa sus dedos por las marcas de los dientes, deteniéndose en donde la herida es más profunda, los colmillos, sin dudar sale de ahí como alma que lleva el diablo, pega un portazo y me siento el ser más miserable del mundo. No digo nada, siento que me lo merezco.

Madame Ponfrey aparece con una sonrisa compasiva, no me regaña por haberme quitado el vendaje y vuelve a ponerlo con manos expertas, recordándome que no debo quitarlo de nuevo, podría infectarse, no me importa, prefería estar muerto.

Dumbledore entra justo cuando me traen el desayuno, nos dejan a solas, es evidente que quiere hablar conmigo, el tiene su parte de culpa en lo que me ha pasado, sabia lo de Lupin, no necesito preguntárselo, su mirada le delata, además, es el director, cómo no iba a saberlo.

- Severus, lo que te ha pasado, es una gran desgracia. - Me dice algo que no necesito que me recuerden- tu vida va a cambiar para siempre.
- ¿Remus Lupin ira a Azkaban? - Pregunto inquisitivo, se que no va a cambiar mi situación, pero al menos pagara el daño que me ha causado, gracias a él, mi vida no vale nada.

Dumbledore me mira como si todos los años que tiene hubiesen caído sobre él de golpe, es una imagen que se va a repetir mucho en el futuro que nos espera.

- Veras Severus, cuando somos jóvenes cometemos muchos errores, por ejemplo cuando estaba en cuarto año, queme las cortinas de mi habitación porque las odiaba.
- Que te muerda un licántropo no es lo mismo que quemar unas cortinas. - Iinterrumpo de forma cortante.
- Lo sé. - Afirma con tristeza. - Lo que trato de decirte, es que esto quedara en secreto, por el bien de los dos.
- Acaso porque sea un secreto voy a dejar de convertirme la próxima luna llena, que yo sepa el único que se salvara de algo será el.- Dejo clara mi opinión en el asunto, quiero que pague.

Se sienta en la butaca que hace apenas unos minutos ocupo Lucius, parece cansando, no me importa, nunca entenderá lo que siento, continua hablándome.

- No sólo Remus se salvara de ir Azkaban. Además tu no tendrás que informar a las autoridades sobre tu nuevo estado, Popy yo guardaremos tu secreto. - Su voz era solemne, como si estuviese haciéndome un juramento, se que puedo confiar en él.
- Entiendo, pero eso no cambia nada, nunca le perdonare.- Afirmo tumbándome en la cama, haciendo creer que voy a dormir, no quiero hablar más de ello, diga lo que diga, Lupin se salvara.
- Nunca es mucho tiempo, y nadie sabe lo que el tiempo puede cambiar. - Le escucho decir antes de salir de la enfermería.

Mis sueños vuelven ha ser intranquilos, lo vivido se mezcla con mis peores miedos torturándome y haciéndome despertar sudando, intento recuperar la respiración como si acabase de correr hasta el limite de mis fuerzas.

- Será mejor que bebas algo.- Escucho una voz a mi lado, me giro y veo a uno de los amigos de Lupin, su mera presencia me molesta, pero no parece darse cuenta, si no que me ofrece el vaso de zumo que venia con mi desayuno olvidado, me lo tomo de un trago, pero me quedo con sed, le miro esperando que me diga a que ha venido, parece comprender un poco tarde que me molesta, o al menos eso demuestra su cara de golpe sonrojada y su tartamudeo.

- Bue...bue..bueno, y sólo....sólo quería devolverte esto.- Me extiende una bufanda de mi casa, la reconozco enseguida, es la que me dejo Lucius.
- Gracias.- Digo cogiéndola y abrazándola sin darme cuenta.
- Quería disculparme por lo que paso, Sirius se pasó, si no llega a ir James, tu podrías... - Empieza a decir a media voz, le miro antes de que acabe, no quiero ni que diga lo que soy. - ... lo que quiero decir, es que podrías haber muerto. - Termina al fin la frase y siento un gran alivio.
- Gracias por preocuparte Petriweit. - Se lo agradezco de corazón doy gracias también por acordarme de su nombre.

Después de eso, pasamos un tiempo hablando, me doy cuenta de que no es mal tipo, es sólo que vive a la sombra de sus amigos, he quedado de ayudarle con pociones, no quiere sacar mala nota en el TIMO.

Justo cuando se va, aparece Lupin, su mera presencia hace que el ambiente se vuelva tenso.

- Quiero hablar contigo.- Anuncia acercándose sin esperar mi respuesta, que evidentemente es una negativa.
- ¿Cómo te atreves? - Digo al ver que se para a mi lado. - Después de lo que me has hecho. -Por poco le grito que ahora somos iguales, pero me callo, aprieto los labios y me muerdo la lengua, siempre pensé que si hacia algo así seria como probar el veneno de una serpiente.
- Severus yo...- Empieza su disculpa, una disculpa que no quiero, aunque se ve que después de lo que me ha hecho tenemos la suficiente confianza para llamarnos por nuestros nombres, que curioso.
- Déjale solo, no es el momento. - Dice una voz que siempre consigue atraer mí atención, seguramente porque como ahora habla con sensatez, ante mi esta el profesor de pociones y de defensa contra las artes oscuras, no sólo eso, si no que es el jefe de mi casa, acompaña a Lupin hasta la puerta, y cuando escucho que esta se cierra, me echo a llorar abrazado a la bufanda de Lucius, ahora no tengo un futuro, por mucho que sea un secreto, no es algo que me permita hacer todo cuanto había planeado.

Siento que alguien me abraza y al mirar quien es, me encuentro en los brazos mi maestro, me dejo abrazar y lloro desconsolado.

- Llora, es mejor que no te quedes nada dentro. - Me dice acariciándome la espalda y dándome un beso en la cabeza.

No me doy cuenta de que no estamos solos, hasta que me encuentro entre esos dos hombres, Lucius me besa en los labios igual que antes y al separarnos dice:

- No te aproveches, es mío.

El profesor se ríe y me besa también, su forma de besar es más profunda que la de Lucius, no sé porque no me resisto, seguramente sea porque necesito saber que alguien me quiere.

- Severus, no te sientas mal por lo que eres, disfrútalo, porque pienso enseñarte como ser un autentico licano, además, así podrás perfeccionar tu poción. - Habla el maestro mientras las manos ágiles y diestras de Lucius se encargan de quitarme el pijama que me ha puesto madame Ponfrey y llena de besos mi piel, el maestro sonríe, una sonrisa que me hace entender que no soy el único licano ahí, y me dejo llevar, creo que a su lado me convertiré en una autentica fiera, ellos ya lo son.

No me importa si devoran mi cuerpo entre los dos, mi alma ya fue devorada por Remus Lupin.

Aullidos IV

~* Capitulo IV: Traición *~

Quien me iba a decir que este día cambiaría mi vida de golpe, el futuro que yo soñé nunca podrá ser.

Estoy haciendo un trabajo de pociones, como siempre me encuentro solo en la clase, cuando aparece Sirius Black a molestar para que variar, no tiene ninguna cosa mejor que hacer, por lo que se ve. Decido pasar de él, pero no me deja, empieza a ser bastante molestó por como me tira del pelo, para ayudar a la situación llega el prefecto de Griffindor, doy por hecho que se hará el ciego, me sorprende, no lo hace.

- Sirius para.- Parece estar enfadado. - Vamos, James nos esta esperando.

Miro de reojo a ambos, y me doy cuenta de que no soy el único sorprendido por su forma de actuar, salvo que en la cara de Black también se puede ver que le fastidia que le interrumpan, me da un fuerte tirón de pelo, que casi me hace gritar y se va. Apenas desaparecen, puedo escuchar sus pisadas por el pasillo, cuando Lucius entra por la puerta.

- ¿Qué querían esos? - Pregunta viéndome despeinado.

No le contesto, sabe de sobra que sólo me molestan, así que para que molestarse.

- El profesor dijo que salieses un poco, que es bueno que te de el aire.

No quiero salir, estoy bien aquí, estoy bien con mis pociones, haciendo lo que me gusta, lejos de los demás, no quiero que me vuelvan a traicionar, no quiero que nadie me de la espalda de nuevo.

Hoy debe ser el día de las sorpresas, porque Lucius Malfoy se quita su bufanda y me la pone con una delicadeza y unas maneras dignas de un rey, me hace sentir especial, sobretodo cuando me arregla el cabello y me besa en la frente abrazándome después, me dejo llevar por sus caricias, aunque sé que no soy el único y que nunca pasamos de esas caricias, me hace sentir vivo y especial por unos instantes. Yo mismo le separó y le grito por hacerlo, no dice nada, sólo me sonríe y me repite que un día yo le buscare a él, realmente su seguridad, me saca de quicio.

- Más quisieras.- Digo saliendo con aire ofendido, aunque ambos sabemos que no es así, esto se ha repetido desde que me encontró en el bosque, y sé que seguirá siendo así.

Salgo con un libro al patio, al menos haré algo que me guste, la primera persona con la que me podía encontrar no podía ser alguien al que yo le importase bien poco, no, tenia que ser Black, algo me dice que tiene el celo o algo parecido, me esta molestando más de lo normal, quiero seguir pasando de él, pero no me deja, así que le digo:

- Vete con tus amigos a donde quiera que vayáis y olvídame.

Se ríe estúpidamente y me contesta:

- Al menos yo tengo amigos, no como tú.

Le miro sin verle, yo tuve un amigo, o al menos eso creí y me traiciono, dudo que sus amigos le sean tan leales, cualquier día le darán la espalda y sabrá lo que yo sentí.

- Algún día te tragaras tus palabras.- Siseo movido por la rabia más que otra cosa.

No se exactamente como, acaba rebelándome a donde va con sus amigos, algo me dice que no me fíe, pero esta noche es luna llena y sé que no podré dormir, prefiero hacer algo en vez de pensar en el lobo que tanto creí mi amigo.

Cuando llego al lugar, me vuelvo a sorprender, delante de mi esta Remus Lupin desnudo, en principio no entiendo la situación, pero me vasta ver sus ojos para comprenderlo, él es el lobo que me traiciono, me grita que me vaya, pero no le escucho, estoy mirándole, quiero una explicación, pero no va a ser eso lo que me lleve, es la primera vez que lo veo transformarse, me huele y le dejo, pero no actúa como antes, me tira al suelo y desgarra parte de mis ropas, me llena de arañazos y yo no me molesto en luchar, no encuentro motivo por el que hacerlo, hasta que la bufanda de Lucius cae desgarrada y manchada de mi sangre, entones reacciono, forcejeo, pero es tarde, grito, pero se que no vendrá nadie, y siento sus dientes clavándose en mi carne, y cuando creo que todo es el fin alguien le lanza un hechizo y me coge en brazos, me sacan de ahí, cuando deseo morir, acabo de perderlo todo, pero no parece importarle, creo que no se ha dado cuenta del mordisco de mi hombro, al menos eso me parece antes de perder la conciencia.

Aullidos III

~* Capitulo III: Separados *~

He pasado tantas noches en vela que ya he perdido la cuenta, pero todas ellas merecen la pena, sólo por lo que estoy preparando, con esta poción estaremos siempre juntos, da igual la luna o el sol, no importara el tiempo.

Corro por el bosque para que la pruebes, aún no es perfecta, pero pronto lo será, no te encuentro donde siempre, me meto por otros sitios, cada vez más oscuros y peligrosos, no tengo miedo, se que si estoy en peligro, tu vas a venir por mí, tu me salvaras, confío en ti.

Al fin te encuentro, te veo en la distancia, te llamo, corro hacia a ti, y entonces los veo, a tu lado hay más animales, un ciervo y un perro inmenso, negro como la noche, te giras y me ves, estoy ahí de pie, mirando sin entender, más bien sin querer entender, te veo darme la espalda por ellos, te llamo, y me niegas.

Tras perderte vago por el bosque, vago sin ver por donde voy, me siento vacío, todo cuanto hice por ti, parece perder sentido, no logro entender que ha pasado, no creo que hiciera nada para que me dieses la espalda, no le dije a nadie sobre ti, guarde el secreto y lo guardare, pero no te perdonare esto, me has dado la espalda y quiero descubrir el motivo, saber porque me niegas de este modo.

Por pensar en ello no me doy cuenta de la trampa en que caigo, la tela de araña pegajosa apenas me deja moverme mientras sus dueñas se acercan a mi con evidentes intenciones de comerme, intento coger mi varita del bolsillo, pero sigo sin poder despegarme, grito llamando a mi único amigo, lo llamo con desesperación, y algo se rompe en mi cuando siento que una de las arañas se abalanza sin que aparezca, por suerte muerde donde llevaba la probeta y se aparta por los cristales que nos hemos clavado ambos, siento como empieza a salir sangre de la herida, pero ya no grito, si no que las miro desafiante, no pienso dejar que me coman así de fácil, sigo forcejeando para soltarme, cuando escucho pronunciar un hechizo.

- Lacarnum Inflamare. - Una voz firme, que pronuncia perfectamente cada letra en latín. Ante mis ojos veo arder varias arañas y como ese mismo fuego alumbra el rostro de mi salvador, por un momento pienso que puede ser mi lobo, pero sé que es imposible, ante mi veo el rostro aristocrático, los ojos grises y fríos, el cabello rubio perfectamente peinado sin dejar escapar un sólo pelo de la coleta que lo sujeta hacia atrás, me mira como si pudiese leer en mi, saber los motivos que me han llevado a esa situación, pero no dice nada más que otro hechizo.

- Accio Severus. - Al momento soy arrastrado por la magia ante él, mientras me sorprendo porque usase mi nombre en lugar de mi apellido, me coge en brazos, y no me deja bajarme, me carga hasta su cuarto donde me deja sobre su cama y me empieza a quitar la ropa, conozco su fama y me resisto, pero él me empuja y se ríe, dejando una mano sobre mi vientre descubierto apunta sobre la herida y vuelve a hacer uso de la magia.

- Asclepio. - La herida desaparece al momento - Severus si hubiese querido tu cuerpo hace tiempo que lo habría tenido. - Dice con una sonrisa viperina sin apartar los dedos de mi vientre y recorriéndolo con ellos.

Aparto su mano de un manotazo.

- Si quieres reírte de alguien, buscaste a otro.- Hago saber levantándome y acomodando mi ropa.
- Me parece más interesante saber que hacías en el bosque prohibido.- Señala su insignia de prefecto, aunque eso no explica que hacia él ahí.
-No es asunto tuyo.- Contesto fríamente, sé que me puede salir caro.

Voy hacia la puerta, pero se interpone cerrándola con magia, aprieto los dientes y busco mi varita, por suerte aún la tengo, pero antes de que pueda hacer uso de ella, él se ha ocupado de usar uno que me deje en ropa interior, me giro y le apunto con ella, mi ceño fruncido, estoy lo suficientemente enfadado como para hacer uso de un hechizo que no debería ni mencionar, pero lo hago de mis labios sale un crucio, nunca antes lo he usado con un ser vivo, pero siempre hay una primera vez, Malfoy lo repele con facilidad usando un escudo, nos miramos desafiantes sabiendo que ambos somos capaces de llevar eso hasta el final, para mi sorpresa baja la varita y dice:

- Ya me buscaras tú a mí. - Cuan ciertas son sus palabras sin que yo pueda saberlo en ese momento, en el que me marcho de ahí lleno de rencor hacia todos, sobretodo hacia a ti, que fuiste mi amigo y me dejaste solo.

Aullidos 4

~* Capitulo IV: Traición *~

Hoy será luna llena, James quiere hablar con nosotros, quiere decirle a Lilit que soy un licántropo, por eso quiere que nos reunamos todos para saber nuestra opinión, no sé porque nos la pide, sé que ya se lo ha dicho, lo noto, ella me trata casi como siempre, ahora hay cierta lastima en su mirada, no lo soporto, odio que me miren de esa forma. me toca buscar a Sirius, primero pienso que estará ligando con alguna chica, pero para mi sorpresa esta en el aula de pociones molestando a Snape, aprieto lo puños, y le digo que venga conmigo que James nos espera, mientras me reprocho el haber dejado que lo molestasen por tanto tiempo, y el haberle dado la espalda, extraño la sensación de dormirme con él acurrucado sobre mi pelaje, no sé como explicarlo, pero puedo recordar más cosas de las que hice con él, que las que hago con mis amigos.

Nos cruzamos con Malfoy al irnos, me molesta, sé porque va con Snape, más de una vez le he visto enrollarse con distintos chicos y chicas, no hace diferencia ese Don. Juan, para luego correr a él, para estrujarlo y tratarlo como si fuese un cachorrito del que se ha encaprichado, no lo soporto, pero no puedo decir nada, a fin de cuentas yo le abandone.

Ya es la hora, me quito la ropa para no romperla, y espero a mi transformación, escucho unos pasos que se acercan por el túnel, me extraña que Sirius o James vengan antes de tiempo, pero entonces le veo, lleva los colores de Slytherin, y sus ojos me observan primero incrédulos y después conocedores de la verdad, me exigen una explicación. en cierto modo quiero dársela, pero entonces siento que me transformo, es distinto a cuando lo hago siempre, siento una agresividad y un deseo que antes no tenía, aunque quizás sí, y he estado negándolo hasta ahora.

Como lobo me acerco a él, le huelo, huele como siempre, y voy a lamerle el rostro cuando huelo otro aroma en él, es el olor de Malfoy, esta por todo su ser, quiero quitarle ese olor, quiero que sea de nuevo sólo mío, le araño la túnica, y casi toda la ropa, sin importarme que también araño su piel cetrina, una piel suave y que antes nunca me había atrevido a tocar por miedo a romper, pero quiero quitarle ese olor, me deja hacer, pero entonces le arranco de un zarpazo la bufanda dejando mis garras marcadas en su cuello, y en su torso, no me importa, no le voy a dejar salir de ahí, no dejare que se vaya con nadie. No sé que le pasa, de golpe empieza a forcejear, intenta huir pero no le dejo, ahora es mío y salto sobre él como si fuese un simple conejito, un gatito atrapado en mis garras, le muerdo, no se porque lo hago, pero le muerdo, como si con ello entendiese que es mío, se queda quietó, casi inerte, por un momento creo que lo he matado, pero siento su respiración, incluso cuando le lamo la herida, pruebo las lágrimas que esta derramando, alguien se acerca, me giro para atacarle, no dejare que se lo lleve, es mío, pero entonces un destello, me golpeo contra la pared y pierdo la conciencia unos segundos, cuando despierto, sólo quedan sus ropas y salgo al bosque enloquecido, aullando a la luna, y enfrentándome a todo cuanto encuentro, le quiero de vuelta.

Aullidos 3

~* Capitulo III: Separados *~

Tras mucho estudiar mis amigos han logrado transformarse en animagos, he temido este momento cada vez que lo decían, me alegra a la vez que me entristece, pues se que ellos no aceptaran tu compañía, no entenderán que lo que me ha calmado hasta ahora eras tu, quien me a cuidado y protegido, no quiero tener que elegir, pues sé que terminare perdiendo de todas todas.

La noche ha llegado y mientras yo me transformo dolorosamente ellos esperan fuera, haciéndolo a través de la magia, su forma es distinta, no hay dolor en ella, me alegro por ellos.

Esta anoche es la primera que no te espero, ellos me han venido a buscar, corro por el bosque a su lado, mientras una parte de mi ser no deja de pensar en ti, pido a los cielos que no aparezcas, que no me vea en el momento de elegir, no me escuchan y tu apareces, siento tu aroma en la distancia, por eso corro lo más lejos de ti, aun así tu me encuentras, te veo, veo tu decepción, tu desilusión cuando niego de ti, pero es que te quiero sólo para mi, quiero mis lunas contigo no con ellos, pero ya no hay vuelta atrás, mi parte humana se empeña en estar con ellos, mientras que el animal que hay en mi termina rugiendo desesperado al no tenerte, estas tan cerca y tan lejos, que cuando me alejo de ti, no tienen más remedio que contenerme, rujo desesperado, quiero volver junto a ti, además siento que algo se rompe en mi, siento que tu eras lo que me contenía hasta ahora, tu simple presencia, y te he alejado de mi injustamente.

No ayuda el que escuche tu llamada en la distancia, reconozco tu voz y que estas en peligro, por eso lucho contra ellos queriendo ir hacia a ti, tengo que ayudarte, tu confías en mí, no quiero fallarte otra vez, pero entonces ellos hacen que pierda el conocimiento, creyendo que puedo hacer daño a alguien, y en mi caída a la oscuridad tu te lajas de mí, mire a donde mire eres tu en la distancia, sé que cuando vuelva a ser humano, no recordare nada de esto, sólo sentiré el vacío que me ha quedado dentro.

Aullidos II

~* Capitulo II: Extrañando *~

Desde la primera vez que nos encontramos, se convirtió en algo normal que siguiésemos haciéndolo, siempre espero con gran ilusión cada luna llena, el momento de estar a tu lado, pero esta vez, la luna ha llegado y no puedo correr por el bosque para encontrarte.

Quiero estar junto a ti, alejarme de los gritos del desprecio hacia mi mera presencia del dolor que me causa estar entre los que se supone mi propia familia, pero mi madre ha muerto y he de guardar luto por ella, la mujer que me dio la vida, la mujer que se ponía en medio para ser golpeada en mi lugar, y ese hombre se atreve a venir a su funeral, cuando él la ha matado, la ha matado él, todos lo sabemos, pero lo que nadie sabe, es que yo le matare a él, puede que no hoy, ni mañana, pero caerá en mis manos, vengare a mi madre, y sabrá que fui yo quien le arrebato la vida justo antes de soltar su ultimo suspiro, me vera, vera mi sonrisa triunfante, burlona.

Sin embargo ahora me asomo por la ventana de mi celda, esta celda que llaman mi cuarto, y veo la luna y me siento triste por no estar a tu lado por no poder curar las heridas que te puedes llegar a hacer, amo esa luna que te trajo a mi y a la vez la odio porque te hace sufrir, por eso estoy haciendo algo sólo para ti, ten paciencia, pronto volveremos a estar juntos, por favor no me dejes, si te pierdo a ti, me quedare solo, por eso confío en que sepas, que si no estoy ahora, no es porque no quiera, si no porque no puedo, confío en que te hayas enterado de lo que todos suponen una pena muy grande, cuando yo creo que era algo inevitable, y no es más que un alivio, pues ella se a librado ya de su verdugo.

Aullidos 2

~* Capitulo II: Extrañando *~

Esta noche se que no vendrás, todo el mundo sabe que tú madre ha muerto y por eso te sacaron de clase, por eso te marchaste sin mirar a atrás, sin embargo sé que me extrañas o al menos eso quiero pensar.

Esta transformación duele más que ninguna otra, no estas aquí, no estas junto a mí, y te quiero aquí, quiero jugar a buscarte, quiero que me abraces y te subas a mi lomo, que me muerdas las orejas como si fuese un cachorrillo y juegues conmigo hasta caer rendido, pero hoy no vas a estar, y al faltarme tú, me descontrolo, golpeo y araño las paredes de la casa, ni me molesto en salir, no merece la pena. Me muerdo a mi mismo clavo mis garras sobre mi propia carne, rujo sin sentido, te llamo ebrio del olor que aunque no esta aún huelo en la distancia, es como si me hubieses impregnado de el, para que no te olvide nunca, recuerdo tus sonrisas, recuerdo el sonido de tu risa, lo habrá escuchado alguien aparte de mi, espero que no, quiero que sea algo sólo mío, no quiero compartirte, porque tu eres el único que de verdad me entiende.

El amanecer ha llegado, salgo a rastras del árbol boxeador, nunca he estado en peor estado, y no hago más que pensar en como estarás tú, en que quizás necesites que alguien te abrace y te diga que no estas solo, en vez de enfrentarlo todo solo.

Seguramente por estar pensando en ti me descuide, y así fue como al salir de mi escondite me encuentro de frente con mis amigos, no sé que hacer, creo que voy a caer en una profunda oscuridad, que todo esta perdido, que yo me he perdido, pero ellos sonríen y entre abrazos y miradas de preocupación por mi estado me llevan a la enfermería, mientras yo dejo mi cuerpo caer, mi mente desaparece entre sombras, escuchaba sus gritos, pero no los entendía, en mi mente aparecía tu imagen sonriente, tu mirada preocupada, vendando mi cuerpo de lobo, cuidando mis heridas en ese estado, realmente, eres tu al que debería contarle mi secreto, pues has estado conmigo, sin saber quien soy realmente, pero temo que si lo hago, te perderé.

martes, enero 30, 2007

Kondou Katsura

Recuerdos en el aire

Las palabras de su padre resonaban en su cabeza desgarrándolo por dentro, el dolor que sentía por la traición, por saber que había perdido a la mujer a la que amaba, le quemaba, hasta el punto, que sentía que las lágrimas que luchaban por salir eran de fuego, pero no las dejo brotar, ya había derramado suficientes.

Su padre le había dado una orden clara, no acercarse a la casa de los Noade, si faltaba a ella, por muy heredero que fuese, sería deshonrado, acusado de alta traición al clan y si tenía suerte simplemente desterrado hasta la eternidad, se rió al escucharlo, una risa amarga como sus sentimientos en aquel momento; sabía que antes de eso lo matarían, su propio padre le había arrebatado el ninjato, no se lo devolvería hasta que tuviese claras las cosas y pensase correctamente, es decir pensase como pensaba su padre. Cierto era que podía haber llamado a su ninjato, pero eso sólo empeoraría la situación. Que irónico resultaba todo, el único traicionado había sido él, pero ya no se podía cambiar, sólo quedaba esperar el momento apropiado…

Con todo aquello sólo pudo subirse a su moto y simplemente perderse en la velocidad y las carreras contra un rival invisible que ahora tenía un rostro y un nombre en su mente. Los coches tocaban el claxon cuando se acercaba de frente a ellos peligrosamente, pero aunque él no sentía nada, el resto de personas temían por su vida y le gritaban “Loco. ¿Quieres morir?”, palabras que no le llegaban, perdido en sus pensamientos y en la distancia.

Cuánto tiempo estuvo haciendo eso, es difícil de decir, pero por primera vez, su corazón dio un vuelco al encontrarse frente a un antiguo templo ya olvidado, un templo que traía recuerdos pasados.

Bajo de la moto con paso firme, sus ojos fijos en la tenue luz que veía en el interior del templo, era imposible que ahí viviese alguien, porque todos murieron, él se encargo de ello o acaso habían vuelto los fantasmas del pasado.

Sus pasos resonaban en el viejo suelo, como no hicieron la primera vez que entró, pero ahora ni siquiera se molestaba en ocultar su presencia. Según el olor a incienso le llegaba, regresaban los recuerdos de aquella noche, su primera misión, sus primeras muertes.

Por aquel entonces aún era un estudiante de instituto, y nada más regresar de este, su padre mando llamarlo, al entrar al despacho, dejó de ser un simple estudiante, para ser un ninja y tras rendir las pleitesías pertinentes, le fue encomendada su primera misión.


“Antes de que la luna se muestre, el clan de visionarios debe desaparecer, la
traición no es perdonada, la muerte antes que el deshonor, que tu mano traiga la
justicia, los dioses están de nuestra parte.”

Que claras resultaron entonces las palabras de su padre, mientras le tendía un sobre con toda la información necesaria, que claro el castigo concedido. Él y unos cuantos hombres se colaron en aquel templo, sólo quedaban ancianos. Apagaron la llama de sus vidas de forma rápida, y cuando creían que no quedaba nadie, marcharon en una retirada tan silenciosa como cuando llegaron. Pero él sintió una corazonada que le hizo regresar sobre sus pasos. Los cuerpos sin vida permanecían en el suelo con expresiones de sorpresa dibujadas en sus rostros marchitos, prueba de que no se esperaban lo sucedido, pero en uno de los pasillos vio un rastro de sangre, como él de alguien arrastrándose y dejándola tras de si, lo siguió para encontrarse con un probé anciano moribundo intentando abrir una puerta corredera, le ahorro el esfuerzo de un único corte termino su sufrimiento y después abrió aquella puerta movido por la curiosidad, habían matado a todos los monjes, qué podía haber tan importante ahí.

Sus ojos se abrieron un poco más, el suelo estaba cubierto por dibujos infantiles y frente a él su profesora del instituto acunaba a una niña que no llegaría los 10 años mientras le cantaba suavemente una nana. ¿Cómo podía habérseles pasado a sus hombres?

- Estábamos escondidas en el armario, hemos salido ahora que el silencio mortal y el olor a sangre lo llena todo, Kondou.- respondió la mujer como si supiese que pensaba.

Guardó la compostura y se trago la exclamación que iba a soltar, al ser reconocido incluso con su rostro cubierto, y sobretodo al encontrar frente a él a esa mujer.

- Sensei ¿qué hace aquí? – preguntó intentando entender aquella extraña situación mientras veía a una mujer que siempre le pareció fuerte, como si fuese una muñeca de porcelana, frágil y rompible, y aquella extraña niña vestida con kimono y con una venda sobe sus ojos.
- Hoshimi Yuu, quizás lo olvidaste porque siempre os he pedido que me llaméis Yuu, pero soy una Hoshimi, aunque nunca tuve el poder de videncia de estos, lo único que he sabido adivinar en mi vida, es como voy a morir. – hablaba lentamente y con calma, como cuando lo hacía en clase, y en ningún momento apartó su mirada de la de él mientras sus dedos acariciaban con suavidad el negro cabello de la niña.

Kondou se sintió aludido, acaso siempre había sabido que la mataría él, y si era así cómo podía haberle tratado todo aquel tiempo con amabilidad, además el nunca había pensando que tendría que matar a una niña, si aún no había vivido nada.

- Katsura nii chan - habló la niña con una suave voz – por favor dile a la abuela que no podré ir a jugar más con ella.

Kondou la miró un momento, observó la habitación con los dibujos por el suelo, no había ni un sólo muñeco en ella, la única prueba de que ahí había una niña eran esos dibujos, y sin saber porque les dijo:

- Si os marcháis, lejos, muy lejos, renunciáis a vuestro nombre, podréis seguir viviendo.

Su profesora hizo una reverencia ante él y saco una mochila del armario.

- Nos espera un taxi fuera, nos iremos en barco a China, gracias por todo. No olvides nunca quien eres. – Le dijo saliendo de ahí como si ya supiese que iba a pasar aquello.

De nuevo Kondou abrió la puerta corredera, viendo los viejos dibujos infantiles por el suelo y aún hombre sentado mirándolos, este no se sorprendió de su presencia y simplemente le saludo con una leve inclinación de cabeza.

- Hay una carta para ti en el armario. – habló sin mirarlo.
- ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? – preguntó desafiante.
- Hoshimi Makoto, yo traje deshonor a mi familia, por ello los Katsura nos eliminaron, he venido a devolver el honor que robe, y con ello dejar un buen sitio a mi hija. – dijo tranquilamente.
- Creía que había muerto. – respondió reconociendo el nombre del hombre.
- Muerto en vida.- explicó - Hoy mi hija regresa a recuperar lo que le pertenece, he esperado este día hace mucho, tú perdonaste su vida y la de mi amada, hace tiempo. Sin saber que con eso la condenabas a ser una flor y mi niña se convirtió en una flor artificial, ahora yo cumpliré mi deber como padre.

Tras sus palabras se levantó y abrió el mismo armario donde había una carta para Kondou junto a un juego de espadas, cogió la más corta y poniéndose de rodillas se preparó para recuperar el honor como en las antiguas tradiciones, Kondou quedó estupefacto un instante, tras eso decidió respetar la decisión del hombre y cuando este clavo el filo en su estomago, cogió la katana y con un movimiento rápido rebanó la cabeza de esté, viéndola rodar por el suelo con una expresión de paz dibujada.

Tomo la carta, el papel estaba amarillento y al abrirla supo que estaba esperándole desde el primer día que estuvo ahí. Con una caligrafía infantil unas palabras sólo para él, una predicción cierta.


“Cuando la traición rompa tu corazón, las lágrimas alimentaran la oscuridad y tu
serás una con ella.” H.S

Sintió en ese momento que el olor a sangre le inundaba, y que la luz de la habitación se apagaba, todo era oscuridad entonces, una oscuridad opresora que le devoraba y tiraba de él como si quisiera llevarlo al mismo infierno, y las palabras resonaban susurrantes en sus oídos como caricias de amante, y entonces su mano se estiró como hiendo a coger algo y sintió la empuñadura en su mano y supo que era su ninjato, lo desenvaino y el negro filo alumbro esa oscuridad de forma fantasmagórica.

“No temas a la oscuridad, acéptala y únete a ella” escuchó con la misma voz que antes, y al cerrar los ojos dejando de buscar la luz y una salida y relajar sus sentidos, supo que la oscuridad no podía dañarle.

Al recuperar la visión del mundo real dio órdenes de hacer desaparecer el cuerpo a la nada o mejor dicho a los hombres de su padre que le observaban y no lograban entender nada, volvió a su moto y mientras regresaba a casa recordó.

Tras el trabajo del templo, sabiendo que ese día no tendría tutoría, busco a la abuela que le pidió la niña, camino por las calles cercanas al templo hasta que la vio, una mujer mayor sentada en una mecedora terminaba un jersey.

- Disculpe señora, es usted la abuela de la niña de los Hoshimi. – pregunto mirándola hacía abajo.

La mujer paro de moverse y dejo un momento de tejer, para responderle.

- Le estoy haciendo un jersey a mi nieta, es del color de sus ojos. –sonrio afablemente y al ver la lana morada Kondou creyó que la mujer estaba enferma – es muy especial, ayer vino y me abrazo, me dijo que iba a ir a China, pero que volvería con el tiempo, me pidió perdón por no poder estar conmigo – la mujer iba derramando lagrimas pero había vuelto a su tarea, Kondou no sabía que hacer – Es una niña muy buena, pero tiene un camino marcado por la oscuridad – se limpio con un pañuelo que saco de una de sus mangas – Me dijo que un buen mozo vendría a decirme que no vendría más.
- Pero…- comenzó a decir, ya eran demasiadas cosas sabidas sin que él dijese nada igual que en la noche pasada.
- Hay cosas que es mejor no saber. – interrumpió la mujer sin dejarle hablar - Espera un poco, terminare el jersey y podrás guardarlo hasta que la veas, a cambio te daré un regalo.
- No hace falta, muchas gracias señora.
- Calla y escucha a está vieja. – dijo antes de cortar la lana y empezar a unir las piezas. – Las palabras tienen fuerte significado, pero pocos son los que las respetan ahora, vengo de una época honorable y se muchas cosas, esta es la palabra que te regalo “Compasión: cuando te colocas en el pellejo del otro y sientes su dolor”. Es una gran palabra que no mata, no hiere y no tortura, porque no puedes desvirtuarla, porque con ella te acercas al otro y sabes el daño que causas o al menos imaginas una parte. Recuérdala siempre, te hará más honorable y cuando lo hagas piensa en la abuela Jin. – tras eso le entregó el jersey doblado.
- Muchas gracias abuela Jin.

Se rió al recordar aquel incidente, porque todas esas personas tenían nombres tan especiales, cómo no darse cuenta antes.


[Los nombres están sacados del Bushidō, y lo de la palabra viene del libro “Historia del Rey transparente” de Rosa Montero, en definitiva, no soy nada original…
Kondou Katsura es un personaje de FJ, le dije que escribiría un fic para cada uno de los protagonistas el otro fue “El canto de una flor artificial”]

miércoles, enero 03, 2007

Peng Miade

Está historia la escribí para FJ, el personaje de Peng Miade es de una historia suya.

La canción de la flor artificial.


Todo empezó en uno de los suburbios de china, y todo termino ahí.

El clan Miade había sido llamado por la familia principal del “Hung Moon”, y les fue encomendada una misión, una venganza para aquellos que atentaban contra ellos. Les habló de ella, debían ir a los suburbios de la ciudad, ahí se había abierto un nuevo lugar de encuentro para ricos, un sitio donde podían dar rienda suelta a sus perversiones sin que nadie se lo tuviese en cuenta, lejos de ley alguna, o eso creían ellos…

En la memoria de la gente aún queda esa noche silenciosa, sólo rota por el sonido de la música y de los cuerpos al caer sobre el suelo bañado en su propia sangre.

Las pisadas del joven sonaban silenciosamente a cada paso que se acercaba al lugar indicado, sus ojos observaron la guardia que vigilaba la entrada de un lugar que se convertiría en una tumba para todo el que estuviese dentro. Los hombres le miraron sorprendidos al ver que llevaba una katana a la espalda, se prepararon para dispararle, pero antes si quiera de que amartillasen sus revólveres, cayeron muertos por dos cuchillos arrojadizos, que fueron arrancados sin ningún sentimiento de sus cuerpos dejando brotar la sangre de ellos. No sé molesto ni en mover los cadáveres, así dejaba claro a los que fuesen a entrar lo que les esperaba dentro si tenían el valor de hacerlo.

Nada más entrar, la música de su “ipod” se mezclo con los sonidos estridentes a todo volumen de lo que ellos llamaban música, y las los focos iban alumbrándolo todo con sus colores chillones al ritmo de ella. Al principio apartaba a la gente con movimientos rápidos y fuertes que los tiraban al suelo dejándole paso, hasta llegar al centro de la pista.

Las luces le cegaron un momento, alguien choco con él haciendo caer “ipod”, y al buscar con la mirada, sus ojos encontraron algo para lo que no había estado preparado, encima de un pequeño escenario, esperaban un grupo de jóvenes, algunas debían tener su edad y otras debían ser más jóvenes, todas tenían la mirada de animales atrapados, vestían con un camisón blanco, e iban encadenadas de pies y manos; varios hombres las custodiaban y al verlo, saltaron a atacarle, desenvaino la espada, la hoja era negra y su brillo bajo las luces hizo temblar los corazones de cuantos la vieron.

La gente gritaba, corriendo despavorida de un lado a otro intentando huir de un destino inevitable, mientras cuerpos caían inertes al suelo, algunos sobres personas todavía vivas, a pesar de que el dueño de todo aquello había dado ordenes de de pagar lo que fuese necesario a los “Hung Moon”, cuando supo de donde había salido aquel asesino sin miramientos, no importo; Miade no parecía él, sus movimientos iban completamente unidos a los de la música, la katana era una extensión de su propio cuerpo, sus ojos no diferenciaban entre la gente, todos debían morir, las mujeres que vio encadenadas habían salido corriendo en cuanto tuvieron oportunidad, pero la masa las había empujado hasta él, y cayeron ante la hoja de su espada, ninguna gritó, vieron en ella la salvación, la muerte era mejor que el destino que les habría esperado, y sus cabezas decapitadas cayeron al suelo con una sonrisa en los labios, Peng piso una de ellas cuando avanzo hasta otra de sus presas con una sonrisa sádica en el rostro.
Uno de los guardias que quedaba llego hasta donde estaba, el joven Miaede, reconoció el cuerpo desangrándose de su jefe, pero no le importó, en cambio si vertió una lágrima por las jóvenes que había ayudado a mantener cautivas, y al ver al asesino moverse al ritmo de la música y eliminar a todo cuanto se moviese a su alcance, como si valiesen menos que la basura, se dio cuenta de lo que pasaba. A duras penas logro subir al escenario, donde permanecía de pie, escuchando todo cuanto pasaba, una niña, no veía nada de aquello, pero si lo escuchaba, sin embargo no se inmutó, el hombre saltó sobre ella apartándola de una ráfaga de balas que había disparado alguien contra Peng. Costosamente se levantó tenía heridas en la cara y en un brazo pero comprobó que la niña estaba intacta, busco un lugar para esconderse esconderse, pero no había donde.

En aquel mismo escenario, había varios instrumentos, se acerco a una de las guitarras y la tomo entre sus manso, no sabía si funcionaria lo que pensaba, pero no se le ocurría nada más. Las cuerdas de la guitarra se mancharon con su sangre, mientras el le robaba unas notas que no lograron hacerse oír sobre los gritos de los pocos que quedaban vivos, los ruidos de pelea y la estridente música que aún sonaba. Pero hubo alguien que si la escucho, no la persona que él esperaba, y no con el efecto que deseaba, pero si con uno mágico.

La voz de la niña se escuchó por encima de todo, bañando la sala con ella, liberando al joven del influjo de aquella música infernal, los ojos de este se fijaron apenas unos segundos en la pequeña figura vestida de blanco que cantaba sobre el escenario, pudo ver las manchas de sangre que la cubrían, sus pies caminaron inconscientemente hasta ella, pero no llegaron muy lejos, porque de nuevo fue atacado por los pocos hombres que todavía quedaron, decidió terminar con todo aquello, había que terminar el trabajo.

Pudo ver pasar a un hombre corriendo con la niña en brazos, escuchó como la canción se alejaba de él, una canción que se grabaría para siempre en su memoria, era cruelmente hermosa.

Tras ese trabajo, la familia Miade se convirtió en una de las más temidas, y aunque Peng busco información sobre el dueño de aquella terrible canción que le había devuelto la cordura, solo descubrió, que eran flores artificiales, jóvenes sin familia o con ellas, que eran convertidas en flores para quien se las pudiera permitir, nunca más sabría de ella, pero en su “ipod” por casualidades del destino había quedado grabado toda aquella noche, gritos, dolor, muerte, el sonido de la sangre goteando, y aquella terrible canción.

martes, octubre 04, 2005

Aullidos 1

~* Capitulo I: Encuentro *~

Soy escoltado a la casa de los gritos, no me importa, no quiero herir a nadie, pero allí, la transformación comienza, el dolor es inaguantable, unas ganas intensas de pelear me llenan y de algún modo logro salir hasta el bosque, veo la luna, es hermosa, y aúllo, aúllo a algo tan hermoso que me trae esta condena, que me llena de dolor, araño los árboles hago saber a todos los seres del bosque que estoy ahí, quien quiera que venga, les esperare, quiero pelear, quiero probar el sabor de la sangre, escuchar el ruido de la carne al desgarrarse bajo mis garras, a pesar de que otra parte de mi se niega a ello, mi lado humano lucha por recuperar la cordura, el lado del monstruo me controla.

Escucho que alguien se acerca, no miro quien es, estoy más atento de un olor que me relaja, me gusta, al fin miro de quien se trata, sé que lo conozco y no logro recordar de que, se acerca a mí, aunque le enseño los dientes, él sigue avanzando lentamente, le dejo que lo haga, pero se para, sólo unos centímetros y estará tan pegado a mi, que cualquiera diría que le he atacado.

Le huelo entre las ropas, es él, quien trae ese olor que me relaja, acerco el hocico a su rostro, y le lamo para saber si sabe tan bien como huele, se ríe, me gusta escucharle, me aparta con cuidado y le dejo, me acaricia, es agradable y me dan ganas de dormir, él lo hace antes, y no puedo parar de mirarle, lo quiero sólo para mí, lo quiero cada noche en la que siento que la soledad que me auto impongo me va a matar y acabo huyendo por el bosque en cuanto tengo oportunidad, el amanecer llega y quiero gritar mientras recupero mi forma, pero me contengo al verlo dormido, con mi forma humana le reconozco, no me lo creo, pero realmente es él, le aparto los mechones del rostro para asegurarme, me gusta la expresión que tiene, nunca le he visto sonreír de esa manera y decido guardar el recuerdo como un tesoro.

Cojo la manta que lleva encima y me cubro mientras pienso en despertarle y contarle que era yo, rectifico, me da miedo que me rechace después de todo lo que ha pasado, aún así le cojo en brazos y lo llevo a la clase de pociones, me voy a ir sin decir nada, haré que no ha pasado y no ha sido más que un sueño, pero no lo resisto y le dejo un mensaje en la pizarra.

miércoles, abril 06, 2005

Aullidos I

~* Capitulo I: Encuentro *~

Otra noche más me he quedado en clase practicando por mi cuenta, el profesor me ha dado permiso, mientras no vaya tarde a dormir, sonrió, ambos sabemos que seguro que caigo dormido aquí, miro la manta doblada sobre la mesa del profesor, cada día la deja ahí por si al caer la noche tengo frío, no entiendo porque me trata siempre tan bien, pocas personas lo hacen.

Me pongo a practicar sin pensar en nada más, hasta que el sonido de un aullido a lo lejos llama mi atención, en principio no quiero hacer mucho caso, pero sigue sonando y termino buscando el lugar del que proviene.

El aullido vuelve a sonar, parece un lamento. Salgo de la clase siguiendo el sonido, siento que entiendo lo que siente, tristeza, miedo, miedo a la soledad, al rechazo...

El aullido sigue sonando, mis pasos se aceleran, estoy en la entrada del “Bosque prohibido”, no debería entrar, pero lo hago.

Allí esta, bajo la luna de plata, un hombre lobo en todo su esplendor.

Nos miramos fijamente, veo mi reflejo en sus ojos pardos. No tengo miedo, continuo acercándome sin vacilar, sigue quietó, mirándome. Tan sólo queda un paso entre nosotros, me paro una vez más, y le miro. Esta vez es él quien lo da. Empieza a olfatear el aire a mi alrededor, no me muevo, ni siquiera cuando mete el hocico entre los pliegues de mi túnica, quiero que confié en mi. Sigue dando vueltas a mi alrededor sin dejar de olerme, al fin se para a mi lado, escucho perfectamente como coge aire y lo suelta, como separa las mandíbulas, siento su aliento sobre mi piel... por un momento pienso que es demasiado tarde para huir, que yo me lo he buscado, todo el mundo sabe que los hombres lobo no son capaces de controlarse... siento sobre mi rostro algo húmedo, me hace cosquillas y rió mientras le pido que pare de lamerme. Cuando lo hace para agradecérselo le acaricio el pelaje, es castaño oscuro, y muy suave, me duermo mientras lo acaricio, se esta a gusto así, es agradable.

Despierto en la misma clase donde todo empezó, por un momento creo que todo fue un sueño, pero mis ropas están llenas de pelos, y cuando miro en la pizarra hay un mensaje para mi, algo que quiero guardar como el mayor de los tesoros, “Amigos” acompañado del dibujo de una pata, además, mi manta no esta. Sonrío y salgo corriendo a mi casa común, debo cambiarme antes de que alguien me descubra, aunque si me castigan, habrá valido la pena.

miércoles, enero 26, 2005

Rosa azul II

PuhEstaba en Hogsmade ya había anochecido, sabía que debía volver con los demás, pero al mirar al cielo y ver la luna brillar, su expresión cambio de golpe, busco entre los grupos de compañeros pero allí no estaba, ni rastro de él, sólo chicos que le miraban extrañados por su comportamiento y cuchicheaban entre ellos.
Su expresión se torno a una de preocupación y escapo entre la maraña de gente dejado que su bufanda se perdiera por el viento, pero aquello no importaba, no importaba nada hasta que le encontrase a él...
Tras haber recorrido cada parte del pueblo sólo quedaba uno, sería posible que estubise allí, se preguntaba. Así fue, escondido en aquella casa en ruinas a la que la gente preferia no acercarse estaba su rosa azul, tenía lágrimas en la cara, y sus labios estaban cortados por el frió.

- No llores. - le dijo limpiandole las lágrimas con la yema de los dedos.
- No estabas, y había mucha gente... - le decía con voz entrecortada como un niño cuando se pierde.
- Shh... - le abrazo y levantó en brazos - ya paso, ya paso, estoy aquí. Yo tambien me asuste cuando no te vi.- le decía acariciandole la espalda para calmarlo.
Le separó un poco para mirarle a la cara y no pudo más que sonreir cuando este hizo lo mismo.
- Mi pequeña flor.- pensaba para él.
Volvieron al colegio en silencio, entre ellos no hacía falta palabras, pero cuando lo dejo sobre el suelo y le dijo costosazamente, pero firmemente:
- Ve a tu habitación.
El chico se abrazo a él y escondió su rostro en el pecho de este diciendole:
- No quiero, yo sólo quiero estar contigo.

Con cierto aire de resignacion lo tomo en brazos otra vez y lo llevo a su habitación, durmieron juntos abrazados el uno al otro, pero antes del amanecer,de que nadie despertase Nott cargo a su amigo en brazos y lo llevo hasta su cuarto en silencio dejandolo con cuidado sobre la cama para darle un beso en la frente y marcharse de allí, sin saber que alguien le había visto aunque solo la espalda, pero eso bastaba para despertar la curiosidad del joven, porque a sus ojos Nott era el amante de su amigo.

jueves, enero 20, 2005

Rosa azul I

PuhLa luna alumbraba la noche con tonos azulados, el mar parecía en calma; Nott paseaba descalzo por la orilla dejando que sus pisadas fuesen borradas por la marea que acariciaba sus pies haciéndole cosquillas. Cuando vio una imagen a lo lejos que le dejo sorprendido apenas unos segundos antes de correr hacia ella y verla claramente, podría haber sido un naufrago pero sabía que no era así, ante sus ojos estaba el cuerpo de un chico de su edad, un niño, los ojos cerrados, las manos juntas como si rezase, encogido en posición fetal, su cuerpo estaba cubierto por un camisón azul que había quedado pegado a él, dejando marcada su figura delgada, su piel estaba de un blanco tan pálido que parecía nieve virgen al igual que sus cabellos mojados que se habían quedado pegados en aquel rostro de aspecto dulce, enmarcándolo. Quiso llamar a su padre para pedirle ayuda pero una parte de si mismo se opuso por lo que se agacho al lado de la pequeña figura y comprobó que todavia respiraba, con algo de esfuerzo lo cargo en brazos hasta su casa, donde lo escondió en su dormitorio como un niño que recoge un perro. Lo seco y cuido pasando la noche en vela a su lado esperando que despertase, o al menos intentándolo pues cayo rendido cuando estuvo seguro de que estaba bien, para despertarse con el sol alumbrando su habitación a través de las pesadas cortinas azules, encontrándose con unos ojos vivaces, grises con una sombra azul casi violeta que le observaban con curiosidad, sonrió al niño comprobando a la vez que no tenía fiebre, y supo sólo con verse reflejado en sus ojos que lo protegería siempre, la mar le había traído un amigo de verdad, una rosa azul las más difíciles de hallar.

Rosa azul

domingo, enero 09, 2005

Violinista

PuhPor favor ten en cuenta que era un trabajo de clase, que lo hice en una noche porque para variar lo olvide, he modificado algunas cosas, como que a mi profesora no le podía dar un fic de Harry Potter ^^U, las palabras subrayadas son las que debían aparecer porque sí en el trabajo.

El violinista nocturno

Oculto en una obscuridad que ni la luna alumbraba, bajo el árbol que los mundos, una figura despechada da rienda suelta a su dolor a través de las cuerdas del violín, creando una melodía que ni el canto de los ángeles podría igualar. Mas cuando sus sentimientos iban a desbordarse por completo una ráfaga de aire le hizo tambalearse, rápidamente recuperó el equilibrio, para sentir como le tiraban de las ropas, al girarse para ver de que se trataba se encontró con unos ojos vivaces como el fuego mirándole fijamente y una vocecilla que le preguntaba:

- ¿Has visto a Tigre?

El violinista le contestó con su desprecio, marchándose de allí como si no hubiese nadie más que su sombra, dejando al poseedor de esos ojos vivaces con una expresión de malestar.

Al día siguiente todo el mundo comentaba por los pasillos de Hogwarts sobre la melodía que se había escuchado por la noche.

- ¡Fue tan bonita! - exclamó una chica en el pasillo.
- Seguro que tiene que tocarla un chico guapísimo.- decía otra.

Esos eran algunos de los comentarios que podían escucharse por los pasillos, hasta que pasaron los Marauders, creando un gran revuelo a su paso por los murmullos de los demás diciendo lo maravillosos que eran con admiración o sarcasmo. Quiso la diosa fortuna, que justamente pasasen por ese mismo pasillo y en el mismo momento con sus antagonistas, los Serpentard, prácticamente iguales a ellos, salvo por el hecho que de estos sabias que podías esperar cualquier cosa, pues no les importaba usar a los demás como simples peones para conseguir sus fines.

- ¡Anda, mira!, el barón de las lagartijas.- dijo el Marauders de ojos azules.
- No te equivoques Black, no soy barón, ni conde, ni duque, soy el príncipe de Slytherin. Aunque dudo que alguien con tu capacidad mental lo entienda.- respondió a la provocación apartando sus rubios cabellos en un gesto lleno de elegancia felina.

Estaba a punto de llegar a algo más que las palabras, cuando un muchacho que parecía mayor, de mirada cansada y algo atormentada, señalo detrás de ellos el lugar donde se encontraba la gata del bedel, también conocida como las espía, pues por donde pasaba algo parecía ella, y en poco tiempo su amo, por lo que al momento todo el mundo desalojo el pasillo y sus alrededores.

En el patio Black pateaba una piedra aburrido, se había quedado con ganas de pelear, por eso cuando vio pasar a uno de los Serpentard cargado de libros, recogió la piedra y se la lanzó con todas sus fuerzas; el impacto hizo que cayese y con él todos los libros. Los presentes se rieron, pero el chico aguanto la provocación, no quería líos, así que sacudió sus ropas y comenzó a recoger sus libros, encontrándose que uno de ellos estaba bajo un pie, al mirar a quien pertenecía el pie, algo que se imaginaba de sobra sin necesidad de ver la mirada burlona de Black ni su sonrisa socarrona mientras le decía maliciosamente:

- Siempre supe que acabarías a mis pies.

Al decir aquello consiguió lo que quería terminar en una pelea para la que no faltaban observadores, estaban tirados en el suelo, Black encima del otro chico iba a darle un puñetazo cuando un grito lo detuvo.

- ¡Padffot!

Antes de que pudiesen hacer algo más ya habían sido separados por los otros miembros de los Marauders, el que parecía más mayor y un muchacho con gafas que ayudaba a ponerse en pie a su compañero.

- Te pido perdón en nombre de mi amigo - dijo dejando a todos sorprendidos - Moony, ayúdale a recoger sus cosas, por favor. Termino marchándose y llevándose al otro chico con él.
- No tienes porque disculparte en mi nombre - se quejaba - además será mejor que vaya a la enfermería, no vaya ha ser que me haya pegado algún virus y me muera.- seguía gritando mientras se alejaban, a lo que el de gafas respondió riéndose.

El joven Serpentard recogió sus libros en silencio, sin prestar atención al chico que le ayudaba, no quería levantarla cabeza, porque entonces se verían las lágrimas que surcaban su rostro, prueba de su dolor. Durante mucho tiempo había mantenido una relación secreta con el chico de gafas de los Marauders, pero le había dejado harto de un segundo plato, de aguantar que cuando sus amigos se metiesen con él, les siguiese el juego o incluso lo empezara él, había terminado con aquello pensando que intentaría recuperarlo, en vez de eso se comportaba como si nada de aquello hubiese pasado y ahora reaccionaba de aquella manera, no podía más que pensar emporqué aquel cambio, por qué no antes. Cuando no quedaba ni un libro en el suelo se encontró con unos ojos miel, que le miraban con preocupación, como si quisieran decirle algo pero no se atreviesen, correspondió la mirada sin entender porque aquellos sentimientos, ni por qué se sentía a gusto con ese chico, pero cuando el otro chico le paso los libros y sus manos se rozaron, Moony salio corriendo como alma que lleva al diablo.

Al caer la noche, pudo escucharse de nuevo una melodía, era incluso más triste que la de la noche pasada y al escucharla parecía que se te desgarrase el corazón, el joven de negros ropajes no se daba cuenta de lo que pasaba a su alrededor, estaba siendo observado. Esa noche no debería haber luna, pero allí estaba la luna azul brillando sólo para él.

- ¿Has visto a Tigre? - le preguntó la misma voz de la noche anterior, en cuanto bajó el arco del violín.

Suspiro molestó y pensando en que así se marcharía y lo dejaría en paz le contestó:

- No he visto ningún tigre.
- Yo no te pregunté por un tigre, si no por Tigre. Tiene la mitad del cuerpo gris y la otra naranja atigrada, como no es hembra es macho y lo que los húmanos llamáis gatos. - se explicó complicando las cosas más de lo necesario.

El violinista se quedó mirándolo por primera vez, sin salir de su asombro. Por mucho que hubiese querido creer que era humano, no habría podido. No con esa piel verdosa, los ojos rojos como el fuego, el largo cabello que parecía una túnica sobre su cuerpo era como del color del mar, y a la espalda dos pequeñas alas que podrías haber sido del color de la tierra de no ser porque eran traslucidas, todo ello en menos de un metro de estatura; seguramente por eso se encontró preguntándole:

- ¿Qué eres?
- Soy paquistaní. - respondió con una gran sonrisa.
- No mientas.- le reprochó.
- ¿Por qué nadie me cree cuando digo eso? - decía haciendo que iba a llorar.

El joven se limitó a mirarlo, dando a entender que la respuesta era evidente.

- Te lo diré, si me dices por qué estás triste.- dijo seriamente.
- No estoy triste. - negó quitándole importancia al asunto.
- Ahora eres tú el que mientes. Sé que estás triste, he escuchado la canción de tu corazón.
- Ah ¿sí? - respondió con escepticismo.
- “El hilo que me ataba a ti parece que se ha roto, me siento a la deriva en el inmenso océano del mundo.” - cantó como si aún sonase la música del violín.

Se hizo el silencio cuando escucho la canción, las palabras que decía era su melodía, la misma que estaba escrita en su corazón.

- Pero te equivocas, tu hilo del destino no esta roto, es sólo que te ata a otra persona.

El ruido del violín al caer al suelo fue como un susurro en comparación al que hizo su dueño al caer de rodillas, las lágrimas volvían a brotar y él sólo cubría su rostro con las manos mientras pensaba que la persona a la que amaba no le correspondía, si n oque estaba destinada a otra persona, acaso estaba equivocado por amarle, es que ese amor no valía nada.

- No estés triste Sese. - le llamó como si aquel fuese su nombre - Ven conmigo, te mostraré un lugar tan bonito y alegre que te devolverá la sonrisa.
- No puedo ir, mañana tengo un examen importante.- contestó a la vez que limpiaba sus lágrimas con la manga de su túnica.

- Yo se lo explicare a Dumdum.- dijo volviéndose a comportar como un niño.
- ¿Dumdum? - preguntó sin saber de quien hablaba.
- Sí, el abad - respondió como si aquello fuese evidente.
- ¿Qué abad? - dijo aun más extrañado.
- Para ser un monje eres muy bromista.
- ¿Abad? ¿Monje? Creo que te estás equivocando, en cualquier caso sería un lego.
- Qué más da. Me gusta tu pelo - dijo pasando su mano por el, algo para lo que se vio obligado a volar - ¡Que suave! ¿Qué champú usas?

Sese le miró como si fuese un bicho raro, algo que realmente era.

- Dímelo, dímelo - le pedía insistentemente cuando se le ocurrió una cosa - si me lo dices, te diré que mi nombre. - terminó poniendo cara de perrito abandonado.
- ¿Es un trato? - le preguntó esperando una respuesta, que fue un asentimiento de cabeza - “Baby jhonsons”.

Sin decir nada más le cogió del brazo y hecho a volar hacía el árbol, a pesar de su tamaño volaba tan rápido y alto que Sese no pudo más que resignarse a chocar contra el árbol, pero en su lugar pasaron a través de él. Cuando vio donde estaba no podía creer que existiera un lugar tan hermoso.

- ¿Te gusta?

La respuesta fue una leve afirmación de cabeza, maravillado por la belleza del lugar y por el cambio que había dado su amigo, perfectamente podría haber sido una sílfide, del aspecto de antes sólo quedaban los mismos colores, ahora media unos centímetros más que él, de figura estilizada y belleza delicada... aunque su personalidad no había cambiado.

- Vamos te lo enseñare todo. - decía tirando de él.

No podría decir cuanto tiempo estuvieron juntos, viviendo cada segundo con intensidad disfrutando de una infancia que realmente no pudieron tener, hasta que...

- ¿Por qué?
- ¿Por qué qué? - preguntó sin entender.
- ¿Por qué aunque lo estamos pasando bien sigue habiendo tristeza en tu corazón?
- Perdóname no es mi deseo que te sientas mal. Esa tristeza es un vació, la sensación de que me falta algo. Pero de verdad lo estoy pasando bien, mejor que nunca.
- Entiendo. El corazón humano es muy complicado. Te haré un regalo.
- No hace falta- negó con la cabeza - me has dado mucho mas de lo que crees.
- No digas tonterías. - le regaño- Este regalo es único. Sé lo que es estar solo, las demás ninfas no quieren jugar conmigo, ellas que representan a cada elemento me miran con desprecio, porque yo soy todo y no soy nada, tengo poderes que no pueden comprender, por eso se alejan de mi. Eres el segundo ser, después de tigre que me trata bien, por eso te haré este regalo y si te niegas haré que te salga una caries tan fea, tan fea que se llenara de pus y te tendrás que pasar un mes a purés. ¿Qué dices?

Sese sonrió y le dijo:

- Lo que te haga más feliz a ti, mi buen amigo.

En ningún momento aquel ser se esperaba se le llamase amigo, era la primera vez que alguien lo hacía por eso controló las lágrimas que amenazaban con salir y le hizo su regalo.

- Antes te hablé del hilo del destino. Pues lo que más necesitáis los humanos y todos los seres es encontrar a la persona que está al otro extremo. Por eso te voy a profetizar algo. Te encontraras con esa persona y podréis estar juntos, porque aunque tú no lo sabes, siempre a estado cerca de ti, observándote, admirándote con sus ojos miel.

Cuando termino de hablar, todo cuanto estaba alrededor de Sese comenzó a de desaparecer.

- No puedes irte. Aun no me has dicho tu nombre. - gritó intentando retenerle.
- Puck, me llamo Puck, y ya no me recordarás.- le contestó cuando ya le era imposible aguantar las lágrimas.
- Sí lo haré. Te lo demostrare en el aniversario de esta noche vendré a tocar alegres melodías para ti.- hizo saber antes de volver al patio, donde sólo quedaban los ruidos de la noche.

Han pasado varios años desde aquello, el violinista ya no es un muchacho si no un hombre que cumple con la palabra dada a un amigo, tiene la costumbre de dormirse a la sombra del árbol donde le conoció, peor siempre esta la persona de ojos miel, para despertarle.

- Un día te vera un alumno y pensara que tiene visiones.- dijo acariciándole los cabellos - Siempre te lo dejas al natural en este día y vienes a tocar como cuando eras un estudiante.
- Soy un hombre de palabra.- respondió a sabiendas de que no le entendía, antes de robarle un beso.
- ¿Lo ves ahora? ¿Ves el hilo del destino? ¿Ves la sonrisa de tu corazón amigo mío?- susurraba el viento entre las ramas del árbol.