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lunes, septiembre 29, 2008

Nuevo Espíritu

En el cementerio hay un jardín lleno de rosas azules y cada noche hay un niño pequeño que recoge una para cada una de las tumbas, no importa si esta hace tiempo que no recibe visitas o alguien va a cuidarla, él dejara la rosa y limpiara la tumba respetuosamente, ese niño me esta esperando, no puedo dejarlo solo, si tengo que enfrentarme a Muerte o a cualquier otro ser que quiera separarme de él, lo haré.

Estábamos en una habitación grande, llena de niños de distintas edades y una voz monótona hablaba sobre almas y ángeles guardianes, no le hice mucho caso ocupado como estaba en comer una zanahoria, pero entendí que yo no tenía alma ni ángel guardián, no creí que fuese importante hasta que él colgó en mi cuello un amuleto, tenia un sonido muy bonito cuando lo agitabas y sus palabras me llegaron.

– Era de mamá, papá se lo regalo y yo te lo doy a ti, porque diga lo que diga el profe, tú tienes alma, y puedes quedarte mi ángel, porque yo te tengo a ti, así que cada vez que hagas sonar esto estarás llamando a tu ángel.

Era feliz, cuando jugábamos al escondite, o simplemente acompañándole en las noches sin fin, pero un día no pude volver a su lado, me atraparon y simplemente morí, supe que estaba muerto porque Muerte vino por mí, me miró con curiosidad, y aunque me negué a ir con él, me obligo sin hacer nada, lo único que dijo fue:

– Curioso.

Me encontré en un lugar frió… no, no era frío, pero tampoco caliente, era algo que adormecía, simplemente seguías dejándote llevar, siguiendo el rió de almas que se dirigían a la balanza para ser juzgados, algo dentro de mi me gritaba que no fuese, si lo hacía no volvería a verle. Intente pararme y las demás almas me empujaron hacía delante, quise dar la vuelta y fue como si nunca lo hubiese hecho, sentí unos ojos vigilándome desde arriba, pero no podía ver nada.

Llegue volando, justo cuando llego su turno para la balanza, Muerte estaba ahí, observándolo todo con su rostro vació de toda emoción, me habría gustado ver sus ojos al verme, pero los mantenía tapados, creo que ni me miró cuando me habló.

– No deberías estar aquí.
– He venido a devolver un alma a su sitio.
– Regresa con tu protegido.
– No sin ella.
– Su hora ha llegado.
– Te llevaste a sus padres. ¿Es realmente necesario que te lleves a su mascota?, es un alma pequeña y sin importancia. – Alegue intentando convencerle.
– Si tan insignificante es, por qué un ángel custodio ha abandonado a su protegido por ella.

Estaba sin palabras, además sabía que Muerte sólo hacía su trabajo, pero estaba seguro de que él estaría esperándolo, como espero a sus padres.

– ¿Y si me quedo en su lugar? – Fue lo único que se me ocurrió, darle algo a cambio de lo que quería.
– Y si me ofreces algo que quiera. – Había sarcasmo en sus palabras.
– ¿Qué quieres?
– Tu protegido.
– NO, aún no es su momento. – Me enfurecí.

Fue la primera vez que veía un ángel tan claramente, hablaba con Muerte, mientras escuchaba, al fin había logrado pararme, mas seguía sin fuerzas para hacer lo que quería, sin embargo me di cuenta de que no era un ángel cualquiera, era el ángel del niño, de mi niño dulce y pude entender claramente lo que decían, intente atacar a Muerte al escucharle, pero sólo lo traspase inútilmente.

– Eres un alma fuerte. – Sentía su mirada escrutadora.
– No tocaras al niño dulce. – Dije sin notar que nunca antes había hablado tan claramente.

Los dos estábamos de acuerdo en algo, más que en algo, sabíamos que era necesario el regreso, él estaría esperando, aunque el frió helase su cuerpo hasta perder el color y las manos dejasen de responderle, permanecería en el lugar de los reencuentros.

– Eres un custodio novato, apenas has salido del mundo celestial, por lo tanto el alma que proteges es nueva, no te preocupes pasara muchas veces por mis manos. – Muerte me miró al decirlo, ignorando a mi parecer al conejo.

No sé que hizo, pero fue como si mirase dentro de mi, de todo cuanto había sido desde mi creación y aunque un ángel no conoce realmente lo que es el dolor, esa es la única palabra que se me ocurre para describir como me sentí en el proceso, y aún así no llega a acercarse al sufrimiento de ser un espíritu al que arrancan partes para luego devolverlas.

El ángel gritaba y yo no pude ayudarle, no podía tocarles, era realmente un alma pequeña en comparación a muchas de las que había visto, pero eso no importaba si podía volver, pensé en huir mientras Muerte se ocupaba del ángel, pero no lo hice y por ello, me hizo sentir lo mismo que al ángel, mi estancia en la tienda de animales me fue arrebatada y después de vuelta, hizo lo mismo con otros recuerdos, simplemente me arrancó los únicos que importaban, todo el tiempo con el niño dulce, quise recuperarlos, y note que esta vez si lograba arañarle sin mucho éxito.

De rodillas ante Muerte, sujetaba dos esferas que contenían todo lo que nos unía, no sé como sacamos fuerzas para levantarnos, pero si me falto, el ángel me la prestó.

– Habéis despertado mi interés, vosotros y él. No muchos mortales me ven y él es uno de ellos. Pero no puedo dejarte volver. A no ser…
– A no ser… – Dijimos los dos a coro sin perder de vista las esferas, no sabíamos de que nos hablaba realmente, pero una parte de nosotros se negaba a olvidar.
– Que saque algo de todo esto.
– Sé lo que estas pensando y puedes contar conmigo. – Era una voz distinta a la de Muerte, era argentina y logro atraer nuestra atención.
– Estás seguro de donde te metes.
– Sí. – En cuanto respondió le lanzó una de la esferas.


Muerte tenía razón, era un alma fuerte, podía apreciarlo. Era poco usual hallarlas y más en un animal, parecía el alma de un humano.
Sentí miedo, demasiadas emociones humanas para un ángel, pero no todos lo ángeles se encuentran con Muerte y su hermano Tiempo, además ellos planeaban algo con nosotros, y estaba seguro, ya no había vuelta atrás.

– ¿Qué estas dispuesto a perder por ella? – Me preguntó la voz argentosa.

Mire el alma, que tenia yo que pudiese perder salvo mi fe, acaso debía entregarla a cambio de la felicidad de mi protegido, era eso lo que mi señor quería, seria mi destino caer. Tenia que serlo, porque si Muerte me había privado de mis recuerdos y yo aún me aferraba a regresar el alma de un conejo, no había otra razón para mí.

– Mi fe.

Los hermanos se rieron, una risa jamás emitida por hombre alguno que hizo temblar a cada una de las almas que ahí había.

– Entendemos con eso que nos entregas cuanto eres. ¿Y tú?

El ángel había entregado todo cuanto era, pero yo sólo era un alma, poco o más bien nada tenia para dar, pero asentí afirmativamente, y supe que habría sido mejor venderme a Mefistófeles que a esos dos.

No dijeron nada, ni hablaron entre ellos únicamente se miraron y cada uno terminó de despojarnos de lo que éramos, extirparon las alas del ángel, lo despojaron de toda divinidad y aún así seguía siendo un ser celestial, en cuanto a mi, fue como si me desmenuzaran, cada parte, por pequeña que fuese. Sin decirnos que seria de nosotros continuaron, mientras otras almas pasaban por la balanza y con suerte veían las puertas del cielo, nosotros fuimos reconstruidos, cosieron cada trozo, uniendo nuestra existencia y recuerdos, ya no éramos un ángel de la guarda, ni el alma de un conejito, todo cuanto fuimos, y todo cuanto fuéramos era nuestro, por separado no volveremos a existir, pero juntos no deberíamos existir.

– Si vuelves con tu protegido, no serás ángel, ni conejo, mientras te reconstruíamos en la Tierra los mortales han hecho lo mismo con tu cuerpo, nada será como era. ¿Volverás? – Las palabras de Muerte iban más allá de lo que yo creía, pero asentí. – Así será, deberás pagar el precio.
– ¿Cuánto? – Mi voz, la voz de mi alma era clara y bien timbrada, casi tanto como la de Tiempo.
– Sabrás lo que tienes que hacer cuando queramos que lo sepas, tú y tu arma nos pertenecéis. – Al decirlo fui conciente de que sostenía una guadaña entre mis manos.
– Como desees. – Respondí sin dudar, observaba el arma imponente, su nombre, no era otra cosa que el nombre de lo que yo era, porque éramos lo mismo, era una parte de mí, que haría lo que yo deseara.
– Tendrás una vida, casi humana, cuánto deseas vivir. – Pensé que esa pregunta habría sido más adecuada en boca de Muerte, pero fue su hermano quien la hizo.
– Sólo un día más que el niño dulce.


viernes, julio 25, 2008

PIAMHS

– Éramos dioses, conseguimos lo que ningún otro científico había logrado, creamos animales capaces de transformarse en humanos, y todo gracias a sus investigaciones, a la sangre que consiguió para el proyecto, sólo teníamos una pequeña muestra, pero la atesorábamos para el momento crucial.
Fallamos tantas veces, pero eso sólo nos alentaba a seguir con más fuerza, porque nos acercaba al resultado, y superaríamos a los anteriores miembros del proyecto, rompiendo la supuesta maldición que hacia desaparecer todo lo que tenia que ver con el.
Cuando al fin lo conseguimos sólo teníamos ojos para él, lo observábamos tomar forma dentro del tanque y tomábamos todos los datos posibles, era perfecto, velocidad, reflejos, fuerza, poder, todo lo que se podía esperar de un humano entrenado para ello y de un animal salvaje como el leopardo en uno, para asegurarnos que nos obedecería siempre le instalamos un chip en el cerebro, si se negaba el dolor que le provocaba era tal que caía de rodillas retorciéndose, pronto entendió que tenia que hacer para que no pasase.
Comprobamos el resto de sujetos, y todos fueron desechados por no ser perfectos, si antes lo hacíamos metiéndoles una bala entre ceja y ceja para después diseccionarles, ahora simplemente se los entregábamos a él para verlo luchar.
Uno de los sujetos era un lindo y pequeño conejito que habíamos encontrado en la calle, no fue hasta después de utilizarlo que descubrimos que un niño lo buscaba, pero qué importaba un niño ante lo que nosotros hacíamos. Dentro del tanque, esperando dormido el momento de despertar, comprobamos que tenia una anomalía sólo con verle, en su forma humana conservaba atributos del animal que era, qué clase de soldado seria con las orejas y el rabo de conejo, sería comida de nuestro leopardo sin dudar, recuerdo que cuando lo pensé abrió los ojos y me miró, me sorprendió tanto que retrocedí nervioso y cogí a uno de los ayudantes de la bata y le hice mirarlo para que me asegurase que tenia los ojos abiertos, unos ojos claros y acusadores, pero cuando miró, estaban cerrados, no sólo eso si no que me recordó que no podía haberme mirado, nosotros como los dioses en que nos habíamos erigido, decidíamos cuando despertaban.
No he vuelto a dormir tranquilo desde entonces, sé que el dueño de esos ojos vendrá por mi vida, no importa donde me esconda, me obsesione tanto con ello que comprobé todos los datos del sujeto, observé las grabaciones de su crecimiento, e incluso eso resulto anómalo, si todos habían tomado directamente la forma de un hombre, él había ido creciendo por fases, había sido bebe y niño, y ahí, en la grabación, me vi y le vi mirándome, no estaba loco, cuando volví a verle, ya era un hombre y le estaban sacando del tanque, intente impedirlo, pero no me hicieron caso, lo mandaron a luchar y rece por que nuestro campeón ganase.
El campeón apenas podía hacer nada, se le escurría de las manos con tanta facilidad que no nos extraño que cambiase de forma, eligió su forma más poderosa ni humano ni leopardo, cuando lo vi así, suspire aliviado, creí que estaba salvado, pero entonces ocurrió algo extraño, el conejo nos señalo a todos y habló, ningún otro había hablado y menos en latín, aún ahora, después de tanto tiempo sus palabras resuenan en mi cabeza, pero no se las diré, porque las temo.
Lo mato, lo mato con tanta facilidad, atrapándolo y abriéndole el cráneo con sus propias manos que todos quedamos en shock por un momento, intentamos pararle, pero él era un deshecho, no tenía chip, ni nada para esas ocasiones, habíamos dado por sentada su muerte, y nos encontrábamos poniendo las puertas de máxima seguridad y viendo por las cámaras como no eran nada para él, era La Muerte, llevaba una guadaña en sus manos que brillaba reclamando beberse nuestra sangre y aunque corrimos intentando huir dispuestos a volar todo aquel edificio con él dentro, todos caímos ante él, sólo quedo yo, y sé que es porque él lo quiere así. – Contó un hombre avejentado con pinta de animal asustado en el salón de su casa a un visitante que decía ser miembro del primer intento maldito.
– ¿Qué fue de los datos?
El hombre se acercó a él, y se lo susurro mirando a los lados con miedo, estaba convencido de que alguien lo espiaba en su propia casa.
– Nadie lo sabe, pero todos, todos están a salvo debajo del suelo de mi casa.
– ¿Y el proyecto?
– Cerrado y en el olvido, no quedaba nada que pudiese ser usado, ningún dato, ni la sangre. – Lo dijo en alto y completamente convencido
– ¿Se perdió?
– Se uso, toda ella, toda se uso por error.
– ¿En quien?
El hombre rió con vehemencia, pero esta estaba en cada una de sus palabras, en sus movimientos furtivos y en su mirada de animal acorralado.
– En el conejito.
Tras escucharlo el visitante se levantó para irse, pero el hombre se sujeto a sus ropas.
– Dígame de quien era la sangre, por favor, dígamelo. – Rogaba sin soltarlo.
Se acercó a él, lo miró y le susurró directamente al oído, las mismas palabras que le había dedicado el conejito, al escucharlas el hombrecillo soltó las ropas intentó apartarse pero no pudo, ahora era a él a quien apresaban, sintió los labios del hombre en su cuello y como clavaba sus colmillos en él, todo el miedo y el terror que tenia se esfumo ante el placer más grande que había sentido y mientras su sangre, su vida y sus recuerdos eran absorbidos por aquel hombre él se sentía en paz por primera vez en mucho tiempo.
Al día siguiente fue encontrado muerto por su asistenta, fue considerada una muerte natural, no se hablo más del tema, ni nadie supo que entraron en la casa y registraron hasta en los cimientos sin encontrar lo que buscaban, de igual forma no se supo nada del extraño visitante, en las grabaciones que se escucharon de ese día, sólo había unas palabras en latín: “Et in Arcadia ego.” Se investigaron creyéndolas la clave para hallar los documentos perdidos, no fue así, sólo les llevo a un cuadro.
"Yo, la muerte, reino incluso en la Arcadia.”



viernes, septiembre 23, 2005

~*Nueva imagen*~

El tiempo pasa verdaderamente rápido cuando eres feliz, en su casa no había momento para el aburrimiento ni sitio para la amargura, ni lo habría mientras cada día se llenase con la risa de Ichigo Iichie.

Esa noche habían ido a cenar fuera, y volvían dando un paseo por el parque, estaban rindo ante la insistencia del pequeño sobre que no tenía sueño, cuando no paraba de bostezar y se le cerraban los ojos abrazado al cuello de su madre, la risa ceso en el momento en que notaron el cambio en el aire, el parque que les había parecido acogedor se convirtió en una trampa mortal, Vallari apretó a su hijo en brazos intercambiando miradas con Rui, hasta ahora nunca se habían encontrado con más que algún licano, un cazador o un mestizo pero siempre hacían como si no notasen la presencia del otro, esta vez era distinto, habían sido rodeados, el olor les delataba.

- Ichi. ¿Quieres que te enseñe un juego? - Le preguntó volviendo a dejarlo en el suelo a una señal de Rui, medio dormido su hijo asintió con la cabeza, mientras se esforzaba porque no se le cerrasen los ojos.

Vallari sacó un hilo apenas visible de entre sus ropas sin que nadie lo notase. y otro perfectamente visible de lana azul, que le enseñaba a Ichi, mientras que para el niño todo era un juego en el que se esforzaba para no liar sus manos entre la lana, su madre se ocupaba de crear una telaraña finísima a su alrededor, impidiendo con ella que llegasen hasta él. Pero al ver como se iban poniendo las cosas, prefirió que el juego terminase haciendo que su hijo cayese en un plácido sueño, no permitiría que viese como sus padres se convertían en maquinas de matar.
Rui que en principio había luchado con las manos desnudas, no tardo en arrebatarle un revolver a uno de los licanos, este viéndose en peligro se transformo creyendo que así lo cogería por sorpresa, pero fue al contrario, Vallari le tomó la delantera, fue ella quien le rompió el cuello antes de que pudiese convertirse en bestia, Vallari en su forma de lobo era tan hermosa como en mujer, un pelaje castaño brillante, unos ojos negros con la profundidad del océano, ese fue el lobo que todos vieron colocarse detrás del cazador de demonios, uniéndose a su lucha, una escena única, que seguramente se vería mucho cuando la guerra estallase y tuviesen que hacerse alianzas con los que alguna vez fueron enemigos.

Mientras se encargaban de ocultar los cadáveres, Rui pensó en lo cómodo que resultaba matar vampiros que se convertían en polvo y no te daban tanto trabajo como los licanos que únicamente recuperaban su aspecto humano, convirtiéndole a los ojos de la gente en un asesino cruel y sanguinario, evidentemente nadie iba a creer que fue en defensa propia que aquellos hombres de piel oscura, venidos de tierras extranjeras se convertían en lobos, como mucho le tacharían de loco y acabaría encerrado en un psiquiátrico disfrutando de poder golpearse contra las paredes sin hacerse mucho daño porque serian acolchadas, así que como esa idea no era de su agrado, decidió mandar a su esposa a casa con el niño, para así poder moverse por las redes de los cazadores, ocupándose de que desapareciera todo rastro de aquellos cadáveres.

- Mañana nos iremos de aquí.- Anuncio Rui nada más entrar en casa.
- Me parece bien, pero ellos ya conocen de la existencia de Ichi, mi padre lo sabe, ya no me busca a mi, quiere a su nieto, estoy segura de que quiere convertirlo en alguien como él, no podemos dejar que le encuentren, si nos vamos será fácilmente reconocible, nunca he visto a una persona que tenga los cabellos tan claros, la piel tostada y un ojo de cada color.- Hablaba mientras con manos nerviosas le acariciaba el cabello a su hijo, mirándole con preocupación, deseando que nada malo le pasase.
- En ese caso, todo eso se puede cambiar, ahora vuelvo.- Había seguridad en sus palabras, en su mirada, confianza mutua, un beso en la frente de su hijo y otro en los labios a su esposa antes de partir.

Por primera vez, Rui Nishikado se encontró pidiendo un favor, tragándose todo su orgullo.

- Soujiro vengo a suplicar tu ayuda.- Hablaba de rodillas ante el altar del viejo templo.
- No me lo creo, creí que habíamos quedado en que estabas muerto.- Cierto sarcasmo en sus palabras.
- Los licanos nos encontraron, mataran a mi mujer y a mi hijo.
- Eso no tiene nada que ver conmigo.- Dijo como dando por terminada aquella conversación, sabiendo que se refería a la familia de su mujer, que los hermanos la dejasen libre no quería decir lo mismo del padre y el prometido al que abandono.
- Por el amor de los cielos Soujiro, mi hijo, mi hijo es un niño inocente, ha tenido la vida que me pediste que tuviese, no le des la espalda ahora, déjame llevarlo lejos de aquí, a algún lugar seguro.
- Ya no hay lugares seguros en el mundo para nadie, la guerra entre razas estallara pronto, no creo que puedas hacer nada.- Sentenció.
- Ichigo Iichie
- ¿Por qué me vienes ahora con eso? Te di tu oportunidad hace tiempo, la tomaste, no me involucres más en esto. Me juego mi vida por hablar contigo.
- Mi hijo se llama así, él sonríe y llora cuando se cae, a veces ríe tanto que se le sale la leche por la nariz, e intenta huir cada vez que tiene que comer verduras, dibuja en las paredes con los dedos y después pide perdón con una sonrisa dejando claro que no se arrepiente, es todo cuanto nosotros deseábamos ser.

Se hizo un silencio incomodo alrededor de ambos, el joven de cabellos blanquecinos tenía que tomar una decisión, una decisión importante que afectaría más a la persona que le miraba con ojos suplicantes, a la familia de aquel hombre, lo que quería decir que podría truncar el futuro de la persona a la que protegía en las sombras, mientras que probablemente, él seguiría igual.

- Antes de tomar una decisión, llévame con él.

Esa noche, por primera vez en mucho tiempo ambos hermanos caminaron juntos, realmente no recordaban haberlo hecho antes, caminaron cada uno al lado del otro lucharon juntos contra los demonios que se atrevieron a atacarles, y cuando llegaron al pequeño piso en el que vivían, le dejo pasar primero.

- Vallari, este es mi hermano pequeño Soujiro. Soujiro ella es mi esposa Vallari.- Los presentó intentado no ver la mirada inquisitiva de su esposa.
- Encantado.- Habló con una sonrisa en los labios, notando como la mujer se sorprendía al ver el parecido físico con su hijo, como se llevaba una mano a la boca sin saber que decir.
- Me gustaría que viese a Ichi antes de que nos vayamos.- Pidió Rui seguro de que les ayudaría, nada más lo viese.
- Claro, sígueme Soujiro.- Pidió con una sonrisa, sin por ello poder ocultar su sorpresa.

La siguió en silencio, realmente nadie habría notado su ceguera, pero cuando estaba entrando al cuarto del niño casi cae por pisar un tren de madera, si no es por los reflejos de Vallari lo habría hecho al instante, pero ella le cogió enseguida, fuertemente, demasiado fuerte, para la apariencia delicada que tenía.

- Lo siento, será mejor que te sientes, le suelo decir a mi cachorro que recoja los juguetes, pero parece que nunca me escucha.- Se disculpó a la vez que le guiaba a una mecedora al lado de la cama. Con cuidado de no despertarlo saco a su hijo de la cama y lo coloco en los brazos de aquel hombre tan parecido y a la vez tan distinto. - Os dejare solos un momento, tengo que seguir haciendo maletas.

Por un momento tuvo la tentación de huir con aquel niño, nadie podría decir que no era su hijo, eran tan iguales, sujetaba sus manitas, tan pequeñas, sentía la respiración relajada ajena del mal que se cernía sobre él y su familia, y cuando vio como su hermano se asomaba por la puerta sonriendo para después alejarse de aquel momento que parecía privado, decidió no hacerlo, por un recuerdo lejano en el que por primera vez sintió que alguien le quería.

- Rui, tenemos que llegar al aeropuerto, allí os espera un avión privado, iréis al sitio donde todo empezó y todo terminara, el lugar que esta regido por los hermanos Corvinus.- Habló mirando hacía la puerta entre abierta, no necesitaba ver para saber que su hermano estaba ahí.
- ¿No sera peligroso? - Preguntó entrando en el cuarto y abriendo un cajón, no le sorprendió ver que apenas había ropa en el, cogió algo que abrigase y lo cerró con pena.
- Ya te lo dije, no hay lugares seguros, sólo el no saber nada es seguro, lo mejor es que vayáis ahí, es el lugar más peligroso y más seguro, uniros a los rebeldes, los dirige Alexander Corvinus, aunque sea difícil de creer, es licano y vampiro, quiere la unificación, es decir desea la paz, pero por desgracia a la paz sólo se llegara a través de la guerra.

Mientras ellos hablaban Vallari terminaba de guardar todo lo imprescindible, ropa y poco más, aunque no pudo evitar guardar todo lo que dejaban atrás como si fuesen a volver al día siguiente a seguir sus vidas allí, en esa casa que había visto crecer a su hijo o como se transformaba en un hermoso lobito blanco.

- Val déjalo todo, por el camino que vamos a hacer no creo que podamos llevar maletas, será mejor que metas algo de ropa tuya y de Ichi en una mochila yo la llevare.- le dijo cogiendo un portafotos de uno de los muebles para sacar la foto que allí había y guardársela en un bolsillo del pantalón.

Como vulgares ladrones, se escudaron en las sombras para huir, caminaron entre las catacumbas, sin dejar de fingir que todo aquello era un juego para no asustar a su hijo, el motivo de que se fueran así, realmente él les creía y sonreía sin dejar de correr a su lado por aquellas malolientes alcantarillas, el pequeño tropezó y tres pares de brazos se extendieron hacía él antes de que llegase a caer a las malolientes aguas, fue su tío quien lo cogió en brazos, y le cargo el resto del camino.

- Asias tío Sou.- Dijo abrazándolo por el cuello.
- ¿Como me llamaste?
- Tío Sou. - Repitió como si fuese normal, aunque esa era la única vez que lo había visto, le habían dicho que era su tío y eso bastaba, además se sentía bien estar con él, y le gustaba ver que se parecían tanto.
- Dilo otra vez.- Pidió encantado con la idea.
- Tío Sou.- Volvió a decirlo sin saber lo importantes que eran esas palabras para su tío.

Sus padres les observaron en silencio sujetándose las manos para darse fuerzas mutuamente, en lo que el pequeño dormía habían tenido una conversación muy importante, la misma que les había llevado a decidir meterse en aquel maloliente sitio, para dirigirse a un aeropuerto privado donde les esperaba un avión que les llevaría a Corvinolandia como lo había llamado Soujiro, según él, era el sitio más peligroso y a la vez más seguro, pues ahí la guerra era dirigida por los hermanos Corvinus, cada uno dirigiendo un bando, ellos debían buscar a un tal Alxander el pequeño de los tres y el líder de los rebeldes, por lo que sé sabía de él, era vampiro a la vez que lobo, no sabían cómo eso había llegado a ser posible, sólo sabían que una vez allí deberían unírsele para estar seguros de que su hijo estaría protegido.

Al salir de las alcantarillas, entraron en un sótano, de allí subieron en un ascensor a un piso privado, realmente como siempre Soujiro lo tenía todo preparado, ahí estaban sus maletas, las cosas que habían preparado para después dejar atrás. Mientras Vallari se limpiaba y quitaba el maloliente olor, Rui aprovechaba para pasar un momento a solas con ella, Soujiro se ocupaba de jugar con Ichi, aunque más bien era al revés, pues Ichi le estaba enseñando a jugar al hilo, algo muy difícil cuando no puedes ver, pero fue en ese momento cuando Soujiro confirmó la duda que había tenido desde que aquel niño nació.

- Tio Sou. ¿Quién es el hombre que esta a tu lado todo el tiempo?
- ¿Perdón? - Dijo incrédulo, sabiendo a que se refería, pero también que no podía verlo cualquiera.
- Shí, el hombre alto se parece a papá, pero no es igual, los ojos de este hombre son marrones, además él sólo está para ti.
- ¿Ichi cómo sabes eso? - Lo cogió por los hombros mirándolo con sus ojos sin vida, unos ojos que no le mostraban el aspecto físico de las personas, pero si sus almas, y el color del aura de las personas le decía su estado de ánimo.
- No sé, algo que sé.- Explicaba algo asustado por la reacción. - Me haces daño.- Dijo intentando no llorar.
- Lo siento.- Lo abrazo - ese hombre es algo así, como mi ángel guardián, a que va vestido como un abogado de la tele, y lleva una katana en una de sus manos.
- Shí.- Asintió.
- Ves, es para protegerme, igual que hacen tus padres contigo.
- Pero mis padres no tienen a nadie así a su lado ¿No tienen ángel guardián?
-Claro que sí, pero, es distinto al mío, a que si estas solo con tu padre, sientes que está tu madre con él - Ichi asintió. - y te pasa lo mismo con tu madre - volvió a asentir - pues eso es porque uno es el guardián del otro- le decía eso por no decirle la verdad, por no decirle que lo que veía no era precisamente normal, que aquel hombre no era ni mucho menos un ángel guardian, si no su tío Akira, un hombre vivo al que estaría atado de por vida, no era amor como en el caso de su hermano y la mujer hindú, era el deseo que tenían el uno del otro, sabía que su tío no era capaz de amar a nadie, además, nunca le había dicho "te amo", si no "me perteneces".
- Vallari ellos le quieren a él ¿verdad?- Le preguntó cuando la vio aparecer secándose el largo cabello castaño con una toalla.
-Sí.- Contestó sorprendida de que él lo supiera. - Supongo que ya han corrido la voz de como es.
- Eso vendrá bien, porque él no va a ser así por más tiempo.
Ichi no prestaba atención a la conversación le habían dado papel y colores así que pintaba a su tío al hombre que había detrás de él y a sus padres unidos el uno al otro por un hilo rojo.
- Ahora cuando le bañes le pones esto en el pelo, y se lo cortas. Enséñale a usar eso otro, al principio le molestaran, le van a picar algo los ojos y se le saldrán las lagrimas, pero lo ojos no tardaran en acostumbrarse, mientras haga esto no tendrá más el aspecto que buscan.
Vallari asintió con una sonrisa y acercándose a Ichi con las cosas que le había dado en brazos le pidió que fuese con ella que era la hora del baño.
- Si te portas bien, en el cuarto de al lado te espera un regalo.- Dijo Soujiro sabiendo que no iba ser precisamente fácil enseñarle a usar lentillas y teñirle el pelo.
A solas en la habitación con su hermano, el aire parecía cambiar, la habitación parecía más pequeña y Rui se encontró abriendo la ventana para poder respirar mejor.
- Rui tengo que hablar contigo seriamente.
Este sólo se giró para mirarle, dejando claro que le escuchaba con una especie de gruñido.
- Quiero dejarte una cosa clara.- Empezó - No te delatare, pero tambien has de saber, que una vez estés lejos no podre ayudarte, ya no te podre proteger como he hecho hasta ahora.
- Lo sé, y te lo agradezco, si no fuera por ti, es probable que hubiésemos muerto hace tiempo, no sé a cuantos licanos habrás matado, pero no me importa, porque yo también he matado muchos y lo seguiré haciendo para proteger a mi familia.
- No es sólo de eso de lo que quería hablarte. - Hizo una pausa que tuvo la reacción deseada, el acercamiento de su hermano.- Has de saber que Ichi está sobre una fina línea, una línea que separa el mundo de los muertos de los vivos, la locura de la cordura, una línea que si desaparece puede costarle la vida o la cordura.
- ¿Qué quieres decir?- Preguntó a pesar de que temía la respuesta.
- Quiero decir que tu hijo está entre tú y yo, yo vivo viendo el mundo de los muertos con mis ojos ciegos al mundo de los vivos, y tu vives ves el mundo de los vivos, el mundo en el que vives, Ichi puede ver ambos, pero no se da cuenta, el sonríe y saluda a personas que son fantasmas, por eso te digo que tengas cuidado, para que no vea nada que pueda llevarlo al punto de la locura, para que esa locura no le lleve a la muerte.
- Séllalo.
- ¿Como me pides eso?
- No te lo pido, te lo exijo, sella esa parte de él, elimínala si puedes.- Su voz empezaba a subir de tono, sus manos se aferraron a la ropa de su hermano encarándolo, como si con ello pudiese obligarle a hacerlo.- Séllale, si de verdad te importa séllalo, el no lo sabrá nunca y tu eres bueno con eso.
- Jamás haría lo que me pides.- Apartó las manos de su hermano con brusquedad.- Un sello mal hecho puede dañarlo por completo, si hubiese un fallo podría encerrar hasta su alma.
- Por favor te lo ruego.- De rodillas ante él, tapándose el rostro para que no se viesen las lagrimas que empezaban a salir- No quiero perderlo, no quiero que llegue el día en que no le vea sonreír. Tengo miedo, por primera vez en mucho tiempo tengo miedo.
- Rui, para ya con esto, no le pasara como a mí, no le van a atacar, no intentaran llevarlo a su lado.- Le contestó acariciándole el pelo en un intento de consolarlo, algo que no le pegaba nada, pero tampoco pegaba ver a la leyenda viva de los Nishikado llorando como un niño.
- ¿Cómo lo sabes? Crees que no recuerdo que casi mueres siendo un niño por culpa de ver lo que ves.
- Yo también lo recuerdo, no he olvidado la frialdad de su contacto contra mi piel, las terroríficas sonrisas que me dirigían mientras me reclamaban como suyo, el aliento helado que parecía meterse en los huesos, pero fue el precio que tuve que pagar por ayudar al tío Akira a entrar a esa mansión, por apropiarnos de la morada de esos fantasmas, lo volvería a pagar si hiciera falta, pero ahora escúchame bien, porque como he dicho no tenemos mucho tiempo, a Ichi no le va a pasar, el alma de Ichi es de un blanco inmaculado, la mía no lo era, la mía estaba llena de odio, aún lo está. Ichi es luz y yo oscuridad, los espíritus buenos le protegerán, no dejaran que la oscuridad le toque estoy seguro, puedo verlos a su alrededor, él estará bien, y además, el regalo que le he dado también lo protegerá.

La conversación termino así, no pudieron hablar más sobre eso, pues Vallari salió con una sonrisa de oreja a oreja a pesar de que en su mirada se veía que no estaba contenta y les dijo como si fuese el presentador de un circo.

- Estar atentos caballeros, pues ante todos ustedes, saldrá el increíble el inigualable Ichigo Iichie con su nuevo look.

Por la puerta asomo una cabecita de cabellos negros que preguntó tímidamente.

- ¿Salgo ya?

La sorpresa de Rui se notaba claramente, si no hubiese sido por la voz, por los gestos habría creído que era otro niño.

- Sí, sal ya así le das las gracias al tío por su regalo.

La última palabra hizo que Rui aguzara la vista y los sentidos, seguro de que debía ser un poderos amuleto o algo así, pero lo que su hijo llevaba en brazos era un carrusel.
- Asias tío Sou- Dijo abrazándole y dándole dos besos.- Me gusta mucho, de verdad.

La mirada de Rui era claramente de estar enfadado, pero no dijo nada.

- ¿Has escuchado la canción que suena?
-¿Suena?- Preguntó maravilladlo con la idea.


Al momento los caballos bailaban al son de una hermosa melodía, mientras el pequeño lo miraba embelesado con una sonrisa.

Poco después cogieron el avión rumbo a Corvinolandia, nunca más volverían Japón, y si Ichi llegaba a hacerlo, seguramente nada sería igual más que él.

Soujiro les había despedido en el aeropuerto, no volvió a su piso si no a la casa en la que habían vivido todo ese tiempo, una pequeña casa japonesa, tan distinta de en la que iban a vivir de ahora en adelante, en toda ella se podía sentir la presencia de la alegría, le gustaba ese sitio, pero también pudo sentir otra presencia.
- Tío Akira, qué haces aquí.
- Vaya, pensé que lo mismo no te dabas cuenta de mi presencia, como estabas tan ocupado abrazando ese peluche maloliente.
- Lo que abrace o deje de abrazar es cosa mía, además si lo vienes a decirme alguna estupidez mejor déjalo, no estoy de humor.
-Esa no es manera de hablarle al nuevo líder.- Respondió sujetándole por el mentón acercando su rostro.
- Vaya no me di cuenta de que el viejo había muerto, ¿cómo fue?- Lo preguntó por pregunta, poco le importaba la muerte de su padre.
- No creo que te importe, pero literalmente se le rompió el corazón cuando le dije que hijo favorito había muerto.- Apenas dejo unos milímetros de separación entre sus rostros.
- La realidad puede resultar muy dura.
- A mi no me puedes mentir- Dijo esas palabras casi en su boca antes de robarle un beso, frio como eran ellos.

No hubo respuesta, dejo que lo tirase al suelo que el despojase de las ropas con gran maestría mientras le reclamaba como suyo.

- Tú me perteneces.- Le susurro al oído antes de morderle el lóbulo.
- Siempre.- esa fue la primera vez que le respondió algo.

Las manos de Soujiro buscaron el rostro de su tío, lo cogieron, separándolo de él con cuidado, como si pudiese verle.

- Quiero ver el mundo que tú ves, quiero verte a ti reinando en él- Igual que has acabado reinando en el mío, pensó para si.
- Si eso es lo que quieres, lo tendrás- Respondió antes de quemarle con el frio hielo, antes de poseerlo pues sabía que siempre seria suyo.
- Soujiro ¿Quieres verme a mí o aquel que es como tú?
-Ambos.- Respondió sin vacilar.

Nada más escuchar aquella respuesta su ira pareció arder, y lanzo un golpe que dio justo al lado de la cabeza de su amante.

-Ya te lo dije una vez, no compartiré ni una parte de ti, y matare a cualquiera que ocupe una parte de ese corazón que me pertenece.
- Akira-sama, aunque lo matases no matarías el sentimiento que tengo, él es la luz en mi oscuridad y tu a pesar de ser tan frio como yo, eres el fuego que me calienta.
- No quiero compartirte.- Dijo abrazándolo fuertemente.
- Eres como un crio, el sentimiento de amor que tengo hacia la luz es el de protegerla para que no la devore la oscuridad, y el que tengo por ti, es el de ser uno contigo. Sólo vosotros ocupáis mi corazón, si es que realmente lo tengo.
- Si es así, no entiendo porque dejas que se lo lleven, yo no puedo vivir sin saber donde estas a cada momento, la simple idea de perderte, hace que me den ganas de matar a todo el mundo para que nadie te separe de mi lado.

Cogiendo el colgante que llevaba al cuello le contesto:
- Igual que yo llevo esto para que tú puedas saber siempre donde estoy, le he dado algo a él, para saber siempre donde esta.- Con una sonrisa que sólo le mostraba a él le preguntó con falsa voz infantil - ¿Ouji-san juegas otra vez conmigo?

lunes, agosto 29, 2005

~*Nombre*~

En la vida hay oportunidades que se presentan sólo una vez, una única vez, ese fue el caso de esta historia de amor, mezcla de momento felices y amargos, como casi todo en la vida.

La India era el único lugar que había conocido, y realmente ni siquiera eso, pues sólo lo había visto a través de las ventanas del palacio en que vivía, como única hija estaba tan sobre protegida, que a su alrededor todo parecía estar llenó de pétalos de flores, pero su mirada veía más allá, más allá de aquélla ilusión creada para su felicidad a base de ignorancia. Era la noche antes de su boda, una boda que no deseaba, como iba a casarse con un hombre al que no había visto nunca, por eso cuando vio que tenía una oportunidad de escapar lo hizo, el mundo que vio fuera, no era como se lo habían pintado. La gente pasaba hambre y no se preocupaban por el resto, algo normal cuando estas demasiado ocupado por sobrevivir. Se encontró sola en ese mundo y no le importo decidió fundirse en el, vago entre las personas, olió su aroma y supo que nunca serian iguales por más que lo desease con toda su alma.

Una noche bailaba en la calle el único modo que se le había ocurrido para ganar dinero, muchos eran los que se paraban a verla, era realmente como si no supiesen la verdad que ocultaba tras su sonrisa, tras sus pasos gráciles que hacían parecer que sus pies flotasen, en una de las veces que su mirada se perdía entre el publico por si existía la posibilidad de que su familia la hubiese encontrado lo vio. Al otro lado de la calle se erguía un hombre de mirada fría a la vez que cálida, que la examinaba como si pudiese ver más allá de la fachada que había creado, como si realmente supiese lo que era, decidió centrarse sólo en él, se olvido de la gente que le gritaba de los hombres que le ofrecían grandes sumas de dinero por una noche con ella y nunca la tendrían, bailo sólo para ese desconocido que parecía entender sus sentimientos sin tan sólo una palabra. Cuando termino de bailar no se dijeron nada, simplemente recogió el dinero conseguido y se fue, caminando entre las callejuelas, buscando la protección que hay entre las sombras, aunque también hay peligros escondidos en ella.

Ante sus ojos parecieron dos de las mujeres que la habían criado, sus rostros severos, sus miradas vacías de sentimientos.

- Princesa debe volver con nosotros, su padre y su prometido la esperan, sus hermanos están preocupados por vos.- Habló la más mayor de las mujeres la misma que le había cambiado los pañales en su infancia.
- No voy a volver, dejarme en paz, yo ya no soy una princesa, soy bailarina y se acabo.
- No digáis eso, vos sois mejor que eso. Sois la futura regente de uno de los mejores clanes que hay en la India y lo queréis tirar todo por la borda.
- Déjalo, no volveré, díselo a mis hermanos, diles que les quiero pero que he elegido mi camino.
- Tengo ordenes de llevarla conmigo por las buenas o por las malas, la elección es vuestra.

La mirada que le dirigió, la manera en que aparto los cabellos de su rostro con orgullo y desgana dejaron claros la elección tomada, se preparo para luchar por su libertad, primero fue un combate entre humanos, pero pronto sus adversarios notaron que así no habría manera de llevársela, la habilidad que tenía para bailar, mezclada con la manera en que creaba telarañas a su alrededor con un hilo casi invisible pero cortante como la cuchilla más afilada les hacía casi imposible atraparla, por ello eligieron transformarse, eligieron convertirse y llevar por lo menos su cadáver para no ser deshonradas, pero ella también se transformo, lo hizo porque no le quedaba otra, sabia que a pesar de tener más de 500 años, no era capaz de una vez transformada mantener la cordura, y decidió dejarlo todo al instinto animal que el reglaría la libertad deseada.

Ante sus garras cayeron las dos mujeres, ante sus mandíbulas sus cuellos se rompieron, de ellas no quedo nada más que sus cuerpos, y el ultimo suspiro que exhalaron una vez recuperaron su autentica forma, y ella aún con la locura del lobo, el descontrol recorriendo su sangre, cayó dormida ante un sedante, para despertar perfectamente con la cordura del ser humano, conciente de lo que había hecho, sus lágrimas recorrieron su rostro, su cuerpo se convulsionaba, y un hombre le acaricio el cabello a su lado con una sonrisa dulce para relajarla.

- Duérmete, descansa, todo fue una pesadilla.- le hablaba con una voz suave, que la relajo, que le dio confianza antes de volver a cerrar los ojos pero esta vez, se durmió enterrando la cabeza en el pecho de aquel hombre.

Al despertar, estaba aun en sus brazos, se sintió avergonzada y segura a la vez, apenas le dijo una palabra en un leve susurro que supo que había sido escuchado cuando beso su frente en respuesta.

- Gracias.

No había necesidad de hablar entre ellos, con sólo mirarse a los ojos parecían entender lo que quería el otro, y esa noche sus almas se unieron en una completamente, yacieron juntos en la cama, competieron caricias y besos a la vez que se hacían promesas silenciosas de amor, no fue hasta el día siguiente que volvió a salir palabras de sus labios.

- ¿Cómo te llamas?- La pregunta le pareció tonta después de pasar una noche como aquella.
- Rui Nishikado, futuro líder del clan caza demonios de Edo, y un simple aprendiz a la hora de hacer un buen te.- Hablaba de manera clamada, como si aquella situación fuese algo común.
- Entonces deberías haberme matado. - Había veneno en aquellas palabras, se sentía dolida, que pasa que el no quería saber su nombre, no quería saber más de ella, no había sentido lo mismo que ella. Por primera vez desde que escapo de su hogar, se sentía pequeña e indefensa.
- Vallari, eres una licana pura, tu padre es el líder del clan más poderoso de toda la india, princesa de tu clan y ahora también la reina de mi corazón.

Todo aquello la cogió por sorpresa, no esperaba que le dijese eso, pero su respuesta fue sincera lo abrazo con fuerza y le susurro que lo amaba al oído.

Esa misma noche se marcharon de la India, irían al país de Rui, Vallari se despidió de una tierra que nunca volvería ver y en el aeropuerto vio a tres hombres, ataviados con los trajes tradicionales, se despidieron de ella en la distancia mandándole sus bendiciones, los reconoció enseguida incluso cuando las lágrimas bañaron sus ojos, sus hermanos habían respetado su decisión, el pájaro ahora era libre y sabia que aún en la distancia los suyos la querían sin importar la traición cometida.

Las cosas en Japón no parecieron mejorar, algo normal una familia que caza demonios no suele aceptar que su primogénito se case con alguien al que consideran uno.

- Es una deshonra para el clan, has machado el nombre de la familia, sólo hay una forma de limpiarlo.
- Padre te aseguro que soy demasiado fuerte como para permitir que mates a mi esposa y a mi por tus estúpidas tradiciones, si no la quieres en tu familia tampoco me tendrás a mí, no te he pedido nada, y no te lo pediré, olvídate de que alguna vez existí y, yo que tu, si no quieres perder hombres me dejaría ir en paz, sabes que siempre he sido el mejor del clan, nunca he resultado gravemente herido en combate, esos hombres que me esperan fuera no sólo tendrán que enfrentarse al miedo de luchar contra una leyenda viva, si no al poder de un hombre que por primera vez lucha por algo que quiere.

El hombre no dijo nada, observo como marchaba su hijo con dolor en su alma y rencor, rencor hacía la criatura que se lo había arrebatado y más que nunca decidió que mataría todos y cada uno de los que habitaban en al tierra.

Apenas pasaron unos meses antes de que naciera su único hijo, era hermoso pero nada más verlo Rui que jamás había derramado lágrimas lo hizo, se sintió impotente viendo lo cruel que podía ser el destino, pero mintió diciendo que era la felicidad que escapaba de su cuerpo.

Esa noche recibió la visita de su hermano pequeño, no le sorprendió le estaba esperando.
- Volvemos a vernos niisan.- No había amor en sus palabras.
- Hacia mucho tiempo ¿sabe padre que estas aquí?- Si la respuesta era afirmativa, quería decir que aquella noche morirían todos cuanto amaba.
- No, sabes de sobra que él no puede ver lo que yo veo, él no sabe que has sido padre, ni que tu hijo es como yo. Es ese amor de padre que compartís el motivo de que aún sigas vivo. - Al decir eso retiro la capucha que cubría su cabeza, largos cabellos blancos como la nieve enmarcando un rostro igual de pálido, un ojo azul y otro dorado.- Tu hijo me pertenece.
- Jamás.- Dijo poniendo un brazo delante de la puerta indicándole que no le dejaría pasar, mientras su otra mano se iba la empuñadura de la katana que descansaba en su cinto.
- Son las leyes del clan, cada vez que nace alguien como yo, se le entrega alguien como yo, por eso yo me quede con el abuelo y tu con papá, no había nacido nadie así en mucho tiempo, y te diré un pequeño secreto, él será el ultimo, lo pone en las antiguas escrituras, los castigadores desaparecerán, cuando el ultimo sea capaz de ver ambos mundos a la vez, y tu hijo no es ciego como yo ¿cierto?
- No me importa, no te lo daré, es mi hijo, y nosotros ya no somos del clan, él no le pertenece a nadie, es libre y no dejare que acabe como tu, no permitiré que le convirtáis en una marioneta asesina. No me importan, las antiguas escrituras, no me importa lo que digan las leyes del clan, mi familia, es mi clan y vosotros no formáis parte de él.
- Deja de perder el tiempo, siempre supe que tu hijo seria como yo, y he disfrutado a cada momento, pensando en como seria arrebatarte algo a ti que los has tenido todo.- En sus ojos vacíos de vida, se podía ver reflejada la locura de sus palabras, los deseos de venganza de un niño al que no se le había permitido serlo.
- Luchemos.- Respondió al ver que no lograría que su hermano entrase en razón, que seria capaz de entrar en su casa y arrebatar de los brazos de la mujer a la que amaba a su hijo, y sabia que eso sólo tendría un final, la muerte de ella.

Sus palabras murieron en la fría noche mientras ambos desenvainaban sus espadas para romper el silencio que se había creado a su alrededor, espadas chocando, sangre derramada, la sangre de ambos, hermanos que pelean, movidos por distintos motivos, uno salvar la vida que tiene, otro el rencor de la vida que le negaron, ninguno quiere perder, y sólo algo en común, el recién nacido que duerme en los brazos de su madre desconocedor de todo, las espadas se entrecruzan y de nuevo como tantas veces en el pasado todo queda en tablas, ninguno de los dos cede, ambos desean en su poder a ese niño.

- He visto el futuro en mis sueños, y será como yo.
- El futuro lo creamos nosotros.
- Entonces crea uno para que ese niño sea feliz, no quiero que llore en las noches como yo, si juras por tu vida que no acabara siendo como nosotros, que sus ojos no serán los de un demonio, me retirare de esto y guardare silencio
- Eso es lo que más deseo.- Sus palabras eran sinceras, su espada bajo como prueba de ello, y permaneció tirada en el suelo.
- En ese caso esta es tu oportunidad de una vez en la vida.

Tras decir eso se retiro para siempre, se oculto en las sombras, pero permanecería vigilante, para saber si la promesa seria cumplida.

Esa noche el nombre de su hijo fue decidido y decidió guardar el secreto de cómo había sido elegido, no le diría a su mujer, el destino que les esperaba a las personas que nacían así en su familia, porque para él, ese destino había cambiado por algo mejor.